La Argentina desierta: 5 paisajes inhóspitos para recorrer en silencio

Sin bares, hoteles, ni multitudes, pero rodeados de un horizonte completamente extenso, te invitamos a recorrer estos maravillosos lugares donde la naturaleza es la verdadera y única protagonista.

A lo largo de nuestro territorio, existen sitios completamente inhóspitos, de clima árido y superficies inmensas. Sin bares, hoteles, ni multitudes, pero rodeados de un horizonte completamente extenso que nos regala una panorámica del más acaudalado impacto visual.

En primeras instancias, podría parecer que las tierras con características de desierto suelen poseer poca vida. Sin embargo, al adentrarnos en este mundo, podemos afirmar que estos biomas resguardan una variedad de fauna y flora vitales para nuestro planeta. Los suelos de los desiertos varían según los procesos de erosión que afectan la zona en la que se encuentren y pueden diferenciarse en su composición ya que los hay de arenas o piedras.

A continuación, 5 lugares de nuestro país que nos deleitan con estas características y nos llevan a descubrir la riqueza que abunda en lo que aparenta ser un espacio solitario y vacío.

1- Desierto del Diablo, Salta

Por el altiplano salteño, cerca de una pequeña localidad argentina llamada Tolar Grande, se encuentra esta gran extensión de terreno que muchos lo bautizaron como al planeta rojo de nuestro sistema solar. Y es que este paisaje de llanura ocre e infinita que simula ser Marte, tiene una extensión de 1.3 kilómetros y forma parte de la continuación del Desierto de Atacama. Si bien uno puede llegar por sus propios medios, se recomienda hacerlo a través de una excursión con guías.

Entre la soledad, el silencio y las montañas, este sitio y sus majestuosas formas cautivan nuestro ser, jugando a un viaje interplanetario, sin movernos del país.

2- Tiu Punco, Tucumán

A poco más de 150 kilómetros de la capital de Tucumán y unos 2000 metros de altura sobre el nivel del mar, se encuentra Amaicha del Valle, un lugar soleado de clima semiárido donde habita una comunidad indígena que lleva el mismo nombre. A pocos kilómetros de aquí se encuentra Tiu Punco, que en quechua quiere decir “puerta del desierto” o “puerta del arenal”.

Desde Amaicha hay excursiones hacia la zona, con propuestas de turismo comunitario con guías locales. Algunos recomiendan hacerlas al atardecer para apreciar los colores que nos regala la puesta del sol y también, para evitar el calor abrasador. Además de los barrancos y formaciones sedimentarias que hay en este lugar, existen cuevas donde algunos animales descansan o llevan a sus presas.

3- Reserva provincial Los Colorados, La Rioja

Foto: El Nudo Molesto.

Con el objetivo de conservar y proteger el patrimonio arqueológico y cultural existente en la zona, se buscó el amparo de esta área de gran importancia paleontológica. Ubicada entre los departamentos de Independencia y Chilecito, aquí se llevaron a cabo grandes hallazgos de fósiles en las últimas décadas. El circuito puede hacerse con el vehículo o bien, caminando. De elegir ir a pie, recordar llevar protector solar, sombrero o pañuelo (para cubrirse la cabeza) y mucha agua.

Visitar la cueva del Chacho Peñaloza y el arte rupestre que datan de los grupos indígenas pertenecientes a los Capayanes, es una hermosa forma de conectar con los testimonios de una vida en otro tiempo.

4- Altos Limpios de Lavalle, Mendoza

Foto: Vamos Mendoza.

Casi como una imitación del desierto africano, esta postal de inmensidad abismal no tiene nada que envidiarle al Sahara. En las afueras de la ciudad de Mendoza, por la Ruta 142, se llega a estos médanos que forman parte de la reserva Faunística y Florística Telteca, que en la lengua de los aborígenes significa “fruto maduro”, posiblemente el del algarrobo ya que constituía un alimento para las tribus.

Esta área fue creada en 1985, comprende 20.400 hectáreas y protege el sector de bosques nativos más importante de la provincia. Los médanos superan los 15 metros de altura y son denominados “Altos Limpios” dado que no presentan cobertura vegetal. En este lugar funciona el Centro de Interpretación El Pichón y se pueden realizar excursiones a pie por la Reserva Natural. Como un oasis en pleno desierto, también se puede apreciar el Bosque Telteca, con varios ejemplares de algarrobos centenarios.

5- Salar de Antofalla, Catamarca

Este desierto de sal se encuentra en el Departamento de Antofagasta de la Sierra, en la Puna de Atacama, y alberga un salar de 163 kilómetros que lo convierte en el más largo del mundo. Rodeado por diversas montañas y volcanes, este sitio tiene tres lagunas que, en realidad, son fuentes hidrotermales que se interconectan entre sí. Conocidas como Ojos del Campo, cada espejo de agua lleva un color diferente: una es roja, la otra es azul y la otra negra. La belleza que presentan es sin igual, de hecho, suele circular una leyenda que dice que quien se acerca demasiado a estos ojos, suele quedar atrapado.

Dadas las condiciones del terreno y el espacio inhóspito, es recomendable realizar un recorrido del área con un guía.

Fuente: Revista Un Camino

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