París era una fiesta: cómo fue la Semana de la Alta Costura en la capital francesa
En el esperado evento, la Ciudad Luz se convirtió en el escenario de un cuento de hadas y las grandes casas de lujo arriesgaron su creatividad al máximo. Aquí, el repaso de cuatro días signados por el glamor, las tendencias, la imaginación y el brillo.
Asomarse al mundo de la alta costura simplemente es ver caminar años de historia y conflictos. Desde verla copiada por los grandes almacenes pret a porter estadounidenses hasta admirar su tránsito entre dos guerras mundiales, con sus continuas estrategias para poder seguir viva, estableciendo a Francia como su única capital mundial.
El acceso a ese mundo de privilegio es casi imposible para la mayoría de los mortales, así que solo queda consumir el sueño a distancia. Aquí, una oportunidad: qué sucedió en cuatro días signados por el frenesí y donde se pudo conocer todo lo nuevo.

CIUDAD LUZ Y TRENDY
El surrealismo de Schiaparelli nunca descansa. La firma abrió la semana con diseños sacados del mundo de la fantasía y los sueños. Brillo, dorado y estructuras fueron las principales características. Por su parte Iris van Harpen deslumbró con sus formas orgánicas, que buscan fusionar el universo terrestre con el de las criaturas acuáticas. La diseñadora propone una mirada hacia la emergencia climática del futuro y se pregunta, vía Vogue: “Vengo de los Países Bajos y estamos bajo el nivel del mar, ¿cómo sería nuestro nuevo mundo? ¿cómo nos adaptamos?”
Para la misma jornada, Dior propuso la simplicidad del blanco; Saab presentó prendas con una oda romántica y vestidos con pedrería en diferentes tonalidades; Valentino finalizó el desfile con Pierpaolo Piccioli saliendo a saludar con sus costureras. Su propuesta: simplicidad, estampados y formas orgánicas, en una paleta de azul, rojo y verde.

Thom Browne, por su parte, propuso un dramatismo cargado con una intención autobiográfica. Mas de tres mil ilustraciones en blanco y negro del propio diseñador inundaron la presentación. Abrigos grises inflados, sombreros con cascabeles y maquillaje de payaso fue lo que más impacto en el desfile.
Cerró el día la extravagancia de Giambattista Valli, donde el tul se robó la escena en diferentes diseños fluidos. Cada vestido representó una personalidad en particular. Valli explicó: “Eso se debe a que la idea de la alta costura flota en el tiempo; en realidad no pertenece a una era específica”.

NO HUBO DOS SIN TRES NI CUATRO
Para la segunda jornada, Chanel, Alexandre Vauthier y Giorgio Armani presentaron sus propuestas. La primera logró mantener su costado más clásico: abrigos y trajecitos de tweed se combinaron con estampados y transparencias. Los años 60 y 80 fueron su gran inspiración.
Vauthier género diseños que buscan lograr que la formalidad y la extravagancia hagan un constante juego de equilibrio. Las formas simples mezcladas con negro, dorado y plata inundaron la pasarela. Armani, a su turno, deslumbró con su coleccion Privé, donde ofreció rosas por doquier. Con una gran influencia en el viejo Hollywood, la firma presentó vestidos, blazers y mucho rojo con negro.

El tercer día, Demma Vsaglia, director creativo de Balenciaga, exclamó: “Hacer ropa es mi armadura”, y presentó al final del desfile un exponente de esa vestidura. Durante la pasada jugó también con la simplicidad, presentando un pantalón que simulaba ser de textura denim pero simplemente estaba pintado para dar esa ilusión. Así, la casa hizo un ida y vuelta por su tradición e innovación.
El último día dio lugar a Fendi, con un show memorable. Fueron 36 los looks que caminaron por la pasarela parisina. Vestidos clásicos junto con accesorios brillosos fueron la propuesta de la firma italiana.

