De cuento: dos castillos bonaerenses cargados de historias

Dos opciones para disfrutar de estos palacios, próximos a CABA, para que puedas visitar y formar parte de la historia.

Estas construcciones imponentes tenían la función primordial de proteger los centros de poder, dificultando así los asedios, ataques e invasiones bárbaras. Si bien en un principio se construían con barro, lentamente se fueron sumando otros materiales, como piedra o adobe.

Los romanos impusieron la creación de las torres redondas y, durante la Edad Media, el castillo comenzó a cumplir con una doble función: militar y residencial. De esta manera, no sólo era un refugio de protección sino también un hogar para los individuos más encumbrados de la sociedad. Como los nobles y feudales, caballeros o miembros de la realeza.

Sea cual fuere su origen, estos lugares son espacios atrapados en el tiempo; abrazados por el misterio, el encanto y una vibración paranormal que nos conecta con otros planos. Te dejamos dos opciones para disfrutar de estos palacios, próximos a CABA, para que puedas visitar y formar parte de la historia.

Castillo de San Francisco

A menos de 300 kilómetros desde Capital, en el partido de Rauch, en la provincia de Buenos Aires, se encuentra este casco de estancia también conocido como Castillo de Egaña. Fue construido bajo el mando de una de las familias patricias de la época, el estanciero y arquitecto Eugenio Díaz Vélez, nieto del prócer Eustoquio Díaz Vélez, quien luchó en las Invasiones Inglesas y Guerra de la Independencia y participó en la Revolución de Mayo.

El palacio demoró unos 12 años en terminarse, entre 1918 y 1930, y algunos de los materiales de la obra fueron traídos directamente desde Europa. Más de 70 habitaciones, 14 baños y 2 cocinas formaban parte de la magnificencia y lujos que decoran este lugar. Una de sus particularidades es que no tiene un frente puntual dado que todos sus lados cumplen esa función.

Sin embargo, pareciera ser que nunca pudo ser inaugurado puesto que Eugenio Díaz Vélez aparentemente aquella tarde y luego, su viuda, abandonó la mansión. En 1958, a causa de la reforma agraria, el Castillo San Francisco fue expropiado. Y en 1965, fue transferido al Consejo Provincial del Menor y acabó siendo un reformatorio.

Durante los 70, el administrador del orfanato Eduardo Burg, fue asesinado por uno de los internos, obligando a todos los menores a ser reubicados. El espacio quedó abandonado una vez más y hasta el día de hoy sigue en esa instancia.

Castillo Guerrero de Domselaar

Este palacio, de estilo francés, data del 1880 y fue construido en honor a Felicitas Guerrero, una mujer de alta sociedad, considerada una de las más bellas de aquél entonces y heredera de una de las fortunas más grandes del país.

Este majestuoso casco, que se encuentra en el kilómetro 58 de la Ruta 210, en San Vicente, posee techos a la mansarda, columnas, un sótano en altura, 24 habitaciones, una escalera aérea, una biblioteca, un sillón del 1800 del antiguo teatro Colón y grabados de Giovanni Piranesi. Aquí se han filmado varias películas populares tales como “El cuento de las comadrejas” y “Crónica de una fuga”.

La historia de Felicitas se remonta a su casamiento, a una edad muy temprana, con Martín Gregorio de Álzaga. Tuvieron dos hijos que murieron por la epidemia de la fiebre amarilla y, a mediados de sus 20, Felicitas queda viuda.

Al poco tiempo, comienza a simpatizar con Samuel Sáenz Valiente pero es inmediatamente asesinada por Enrique Ocampo. Su historia se puede oír durante la visita a esta mansión construida por los padres de Felicitas tras su muerte que conserva en su interior las reliquias y objetos de la familia de ese período.

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