Hilos de Twitter: de qué se trata esta nueva forma de comunicar

Desencadenar una secuencia narrativa de 280 caracteres por vez para esbozar cuentos, datos, fábulas y consignas.

Abrir un hilo como síntoma de los tiempos. Si la urgencia es lo que pesa, el hilo se yergue suave, amigable y liviano. “Abro hilo”, invita un usuario de Twitter para desencadenar una secuencia narrativa de 280 caracteres por vez. Y desde ahí, con apenas un movimiento concreto (el “scrolleo” que, a la sazón, proviene de “rollo”, antecesor histórico del libro), emergen cuentos, datos, fábulas, consignas, contextos, opiniones y devenires. 

El hilo de Twitter constituye formalmente una serie de tuits conectados. Uno debajo del otro. Y así. Hay un encastre casi de rompecabezas donde cada una de esas secuencias se articula con la siguiente. Sumidos en los caireles de una sociedad impaciente y ansiosa, los hilos pueden convertirse en un consumo exprés, en la posibilidad de inmiscuirse en problemáticas o narrativas durante cinco minutos o menos. Y soltar rápido. Menos que una película, menos que un capítulo de alguna serie de Netflix. A veces un jugoso fast food tuitero, a veces un tentempié petitero y hasta sofisticado. 

“Me gusta pensar que Twitter, más allá de un espacio para la opinión y la información, también puede ser un medio para contar historias”, dispara rápido el escritor español Manuel Bartual, que en 2017 abrió un hilo que se volvió viral. Impacto inmediato, fenómeno pop: Bartual describió unas vacaciones en tiempo real aprovechando la instantaneidad de la red. Un tiempo ocioso que terminó enrareciéndose y llamando la atención de todo el planeta. Creepypasta, relato de horror o experimento social. Gracias a aquel hilo de Twitter, Bartual sumó más de 300 mil seguidores de un saque y hasta obtuvo el bautismo del “Stephen King de Twitter”. 

“Valoro mucho que Twitter permita interactuar con la audiencia mientras desarrollas una historia, algo que no es posible cuando lo que escribes es una película o un libro. En esos casos, la audiencia recibe la obra terminada. Acá puedes crear la historia permitiendo que la audiencia participe en ella.”
(Manuel Bartual, escritor español)

“Valoro mucho que permita interactuar con la audiencia mientras desarrollas una historia, algo que no es posible cuando lo que escribes es una película o un libro. En esos casos, la audiencia recibe la obra terminada. En Twitter puedes crear la historia permitiendo que la audiencia participe en ella”, continúa Bartual. De esta manera, el escritor utilizó a su favor las herramientas de la red social para escribir una historia adaptada. Un año después, en 2018, volvió a hacerlo pero con la ayuda del novelista Modesto García y puede leerse en #RedMonkey. 

“Las demás redes son autocontenidas y permiten la edición, pero no la adición. La adición funciona de dos maneras: cuando la escritura espontánea permite continuar por un camino impensado o agregar un nuevo matiz; cuando la escritura es previa, aunque pensada para Twitter, permite crear expectativas y mantener el pulso del lector”, revuelve el escritor Martín Felipe Castagnet. Por estos días, el platense se desempeña como editor del sello Orsai que, hace nada de nada, publicó Hilo, papel y tijera, un libro que reúne diversos contenidos digitales. 

Fascinado por el formato y entusiasta por naturaleza, el escritor y editor Hernán Casciari, figura central de Orsai y personaje de la web en sí mismo, tiró la bomba y las redes de su editorial explotaron enseguida: buscaban hilos, obtuvieron una madeja. “Hay todo un ecosistema literario en las redes y creo que una convocatoria como esta lo demuestra: en el poco tiempo que estuvo abierta tuvimos casi dos mil postulaciones de todo el mundo hispanoparlante”, cuenta Castagnet.

Sin embargo, los hilos de Twitter no siempre terminan convertidos en literatura. Lo interesante del formato es que también puede utilizarse con versatilidad. Se estira para cada usuario. El asset está ahí, presto para cualquiera. Por eso, cuando las tecnologías promovían coordenadas de comunicaciones ligadas a los vlogs, las historias audiovisuales y los podcasts, volver a las herramientas primarias (texto e imagen) significó también hacerse oír entre el bullicio. Back to basics.

“Para comunicar ideas, texto e imagen, el hilo es la mejor muletilla. Hacer hilos en Twitter fue la versión más rápida, sencilla, efectiva y, más que nada, accesible para que una idea llegara rápido a quien yo quería”, justifica Alejandro Csome, alias Bauhasaurus, divulgador del mundo de la arquitectura. A fuerza de hilos, Csome cosecha unos 150 mil seguidores y se convirtió en un referente del diseño y urbanismo local. “Los hilos son tuits de un hilo más grande que nunca se termina de escribir”, se explaya.

En ese sentido, las redes sociales comprimen la posibilidad de ejercer la divulgación extendiéndose en argumentos y relatos. Y, además, permiten jugar con los espacios e intentar captar la atención de los lectores con distintos ganchos y mañas. Con esa noción en mente, Valeria Edelsztein, química e investigadora del Conicet, divulga ciencia utilizando hilos de Twitter, bajo el hashtag #ContemosHistorias. 

“El formato que más me gusta es el de las historias, dando un giro un poco más literario y permitiendo explicar algunos conceptos o ciertas partes de la historia de la ciencia de una manera más dramática. Poner algo que no estamos acostumbrados a leer en relatos de la ciencia, que tendemos a pensarla como lo objetivo, lo neutral y lo fuera de contexto”, desenreda Edelsztein.

Escúchame entre el ruido

Por su propia combustión, Twitter se convierte en un espacio para fomentar la discusión y generar cruces, conversaciones, remixes y nuevos hilos que cuelgan de ese otro hilo. “Esa generación de comunidad es algo muy especial. Aunque digan que es un antro, me parece que tiene mucho más potencial y mucho más para rescatar. Es un espacio abierto, amigable, a veces hostil, pero hay que aprovecharlo para poder seguir haciendo esto que hacemos”, sostiene la científica.

Entretanto, lo espontáneo (y lo esporádico) también puede convertirse en un estímulo posible. Y eso lo entendió al toque Fernando Duclos, más conocido como Periodistán, que recorrió medio planeta y encontró en Twitter un amplificador para sus vivencias. “Un día publiqué un hilo sobre la desintegración de los Balcanes, pero analizada desde el fútbol y, particularmente, a través del partido Argentina vs. Yugoslavia, aquel en que Maradona erró un penal. Pasé de 200 a dos mil seguidores. Tuve un crecimiento del mil por ciento en un día”, dice Duclos desde Sri Lanka, en Asia del Sur. En sus palabras, los hilos “le dieron de comer”.

Con apenas una mínima chance de conexión a internet, Duclos fue narrando vicisitudes, detalles y reversos de sus trips. No usa bocetos, no utiliza nada más que su propia experiencia (y un poquito de Google para corroborar algún que otro dato). “El hilo es un formato que se adapta a los tiempos que corren: tiene una inmediatez total”, asegura el viajero. Y aunque lo popularizaron y le permitieron convertirse en un profesional de los medios (incluso, de cierta gravitación geopolítica), también advierte que “el mejor de los hilos es peor que un libro mediocre”.

Así las cosas, el hilo de Twitter se devela como una herramienta fundamental para construir (y constituir) un lenguaje en común. Una especie de lazo que abraza, contiene y también expande. Un relato tenue, que no se rompe. Una oportunidad para espiar por una pequeña hendija. Una ventanita para chusmas, digamos. Un yeite de los pajaritos, bravos muchachitos. “El hilo como la costura material y simbólica del texto y de la trama”, hace close-up Castagnet. Hilo de ceros y unos, hilo de letritas, hilo concatenado, hilo de “sigue”: hilo a hilo se arma la red.

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