Conciertos privados: cuánto pagan los millonarios por tener en sus fiestas a los artistas más importantes del mundo

Cada vez hay más magnates y empresas poderosas que contratan los servicios de las grandes estrellas mundiales de la música para fiestas, casamientos o aniversarios.

La contratación de grandes artistas para amenizar fiestas corporativas no es algo novedoso ni revolucionario, sucede desde hace mucho tiempo aquí, allí y en todas partes. En ocasiones esas actuaciones incluyen la parafernalia de un show de estadio, con despliegue de luces y músicos, escenografía ad hoc y bailarines.

Pero lo que es una actividad que lleva décadas de existencia y significa una muy interesante fuente de ingresos extra para los artistas, en Estados Unidos está volviéndose tendencia debido a la expansión de una modalidad más lujosa y también más secreta: el concierto súper privado por el que se desembolsan millones. Sea un cumpleaños, un casamiento o un aniversario.

Así, lo que antes era coto de caza para grupos o solistas a los que se les había pasado el cuarto de hora, hoy es moneda corriente. Nombres como Jennifer Lopez, Beyoncé, Rod Stewart, Coldplay, Celine Dion, The Eagles, Maroon 5, John Legend o Alicia Keys, y muchos más, se presentan en mansiones, casas veraniegas o clubes alquilados para la ocasión, en donde se arma la parafernalia suficiente para albergarlos, que muchas veces incluye pasajes de avión y estadías en súper hoteles.

La clave, antes que el alcance artístico que puede o no tener una performance de 45 minutos ante una concurrencia que muchas veces está en otra, es el dinero. Los clientes mega millonarios que pagan por shows de primerísimo nivel, dados por artistas de renombre mundial y organizados por intermediarios que se encargan de que todo salga bien, y, además, se mantenga en secreto, de todos modos, representan el 1% de las personas más acaudaladas del mundo.

Jennifer Lopez cobró 1.25 millones de dólares por actuar en una fiesta privada en Macao.

Un poco de historia

Según una muy bien documentada nota que publicó el periodista David Browne en Rolling Stone, los artistas contemporáneos comenzaron a ser contratados para eventos privados hace unos 25 años, cuando la banda Sugar Ray actuó para una compañía tecnológica de San Francisco. Aunque todavía no estaba bien visto participar de esos eventos, el pago que excedió en “siete veces más de lo que cobrábamos”, como reveló Mark McGrath, miembro del grupo, abrió una puerta por la que se colaron muchos y muchas.

Así, los grandes nombres empezaron a aprovechar el viento de cola: el citado Rod Stewart, Billy Joel, Crosby, Stills & Nash; hasta los propios Bob Dylan –cuenta Browne- y su hijo, Jakob, actuaron para el gigante tecnológico Applied Materials por un pago cercano al millón de dólares. Primera y última vez que el genial cantautor actuó en un show privado, pero sentó un precedente de calibre. Y un signo de que, a finales de los 90, principios de 2000, pocas cosas les eran negadas a las florecientes empresas punto .com y sus posibilidades económicas.

Verdaderas excentricidades signaron la opulencia de compañías y magnates: por ejemplo, la banda Jesus Jones viajó del Reino Unido sólo para tocar su hit "Right Here, Right Now” al comienzo de un evento. Luego llegó la crisis de 2008 y todo se atemperó. Pero pasada la tormenta financiera, las cosas volvieron a su cauce y hubo casos como los de Beyoncé actuando en la boda de dos multimillonarios indios, o el del cantante Paul Rodgers, de Bad Company, que estelarizó la fiesta de un millonario de Utah que directamente construyó un escenario en el patio trasero de su mansión para el show.

Cuenta Browne en su artículo que este último evento fue organizado por Element Lifestyle, una compañía que por una membresía anual de 48 mil dólares asiste a sus clientes en las más variadas actividades recreativas. Entre ellas, claro, estos gustos de megalómano, que pueden ir de hacer que Ricky Martin cante en una boda por medio millón de dólares en Los Angeles, a que Andrea Bocelli sea llevado a Irán para cantar con un aficionado que sueña hacer con un dúo con él. Nada es imposible, sobre todo si, como le sucedió al tenor italiano, hay un millón de dólares de recompensa.

Claro que hay quienes dicen que no. Se dice que Bruce Springsteen, por ejemplo, declinó un viaje en motocicleta con un fanático por 250 mil dólares. Tampoco tiene su agenda abierta para este tipo de eventos. Y U2, hasta ahora, no ha aceptado actuar en conciertos privados. A veces, simplemente los artistas piden cachets desorbitantes y desproporcionados, una forma elegante de declinar la oferta.

Mark McGrath, pionero junto a Bad Company en actuar para una empresa de tecnología a fines de los noventa.

Ventajas y secretos

Establecida ya la modalidad, al llegar la pandemia la actividad se retrajo. Pero está volviendo con fuerza y ya son muchos los artistas que hacen convivir conciertos públicos con eventos privados. Una combinación de ingresos –las más de las veces de seis cifras- que llegó para quedarse.

Una de las ventajas es la seguridad tanto financiera como personal: las agencias de talentos involucradas, entre ellas CAA (Creative Artists Agency), cierran contratos de confidencialidad con los clientes que les permiten no divulgar cifras de contratación. Por otro lado los riesgos son más bajos al necesitar menos personal, menos transportes y un protocolo anti COVID más controlado. Los artistas logran hasta mejores condiciones relacionadas con alojamiento o catering.

En cuanto al secreto impuesto en la firma de un contrato, muchas veces los clientes piden un piso de confidencialidad que impide a los asistentes al evento filmar con sus teléfonos celulares (cuando no les son amablemente confiscados antes de la presentación) y mucho menos hacer mención en redes sociales. Una cuestión de discreción en la que se cifra, por supuesto, la no divulgación de tremenda inversión de dinero.

Ricky Martin cantó en una boda en Los Angeles por 500 mil dólares.

Cantando con (y para) el diablo

El hecho de cantar para millonarios no está exento de riesgos relacionados con los orígenes de algunas fortunas. Como cuenta Browne en su artículo, en 2005 el fabricante de chalecos antibala David H. Brooks contrató a Stevie Nicks, Steven Tyler y Joe Perry, Tom Petty, los Eagles, 50 Cent, Nelly y otros para el bat mitzvah de su hija, y dos años después fue arrestado por tráfico de influencias y estafa a su propia empresa. Gasto 10 millones de dólares que no eran suyos en el concierto, ocasionando un perjuicio económico –y moral- a los artistas involucrados.

La propia Jennifer Lopez le cantó el "Feliz cumpleaños" al presidente de Turkmenistán en 2013. Un país de Asia Central donde, según el informe de Human Rights Watch de ese año, “los defensores de los derechos humanos y otros activistas enfrentan la amenaza constante de represalias del gobierno. El gobierno continúa utilizando el encarcelamiento como una herramienta para la represalia política”.

La cantante y actriz fue criticada y mostró arrepentimiento público al emitir un a declaración donde aseguraba que de haber tenido conocimiento de que el país enfrentaba problemas de derechos humanos de cualquier tipo, ella no hubiese asistido.  

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