Tédelúpulo: el primer spa de cerveza que funciona en “secreto”

Tratamientos de relax con malta, levadura y lúpulo, masajes chinos y un menú que incluye degustaciones. Una experiencia inédita que pasa de boca en boca.

Tomar una cerveza bien fría con un masaje chino en los pies podría ser considerado uno de los placeres más grandes de la vida. Y eso mismo ocurre en Tédelúpulo, el primer spa de cerveza que funciona “en secreto” en Recoleta. Acá mismo, durante una hora y media, los problemas de la vida cotidiana desaparecen y los cuerpos se limitan a vivir una experiencia que exige estar permeable a los estímulos. Porque, está claro, este no es un spa convencional: eso de quedarse quieto, solo y en silencio, con una vincha en el pelo y pepinos en los ojos, ya fue.

En este ritual cervecero, los ingredientes de la bebida funcionan en beneficio del bienestar y el cuidado del cuerpo. Además de fomentar el relax, sirven para mejorar la circulación sanguínea y eliminar las toxinas. El lúpulo, por ejemplo, se utiliza para abrir los poros de la piel; la malta, como exfoliante, y la levadura, como complemento en un menú por pasos. ¿El agua? Está presente en todo el circuito: desde el sauna y el jacuzzi hasta la ducha escocesa.

Con una propuesta que prefiere dejar libre al misterio y la curiosidad del público, en Tédelúpulo suena una música pensada especialmente para cada uno de sus siete circuitos (y lejos está de la cultura hindú y de los mantras de meditación). Eso sí: cada recorrido tiene su propio estilo de cerveza, aunque la experiencia siempre inicia con una copita de hidromiel, la bebida alcohólica más antigua del mundo. Desde El Planeta Urbano charlamos con Javier Cababié y Pablo Ugarte, la dupla creadora de este espacio, para conocer qué sucede realmente puertas adentro.

–¿Por qué un spa de cerveza y no un spa tradicional?

Pablo Ugarte:–La idea del spa tradicional tiene una máxima muy fuerte: ir a relajarte. Si te ponés a pensar, es un mandato terrible, demasiado exigente. Yo fui dos veces en mi vida a un lugar así y me aburrí, no sabía qué hacer, me empecé a tensionar porque no disfrutaba el estar en silencio y quedarme quieto. No queríamos competir con esos lugares, entonces dijimos: “Hagamos de cuenta que no sabemos nada e inventemos un spa distinto”.Nosotros no apostamos a la relajación como un fin directo. Quizás termina siendo una consecuencia, pero no decimos: “Ustedes acá se van a relajar”.

–¿Y por qué la cerveza?

Javier Cababié:–La cerveza es una excusa, es el elemento que te permite jugar. Si yo digo “spa”, vos pensás en esa cosa pulcra, inmaculada; si te digo “spa de cerveza”, abrís los ojos y me decís: “¿Qué es eso?”. Lo primero que genero es un interés, que me preguntes de qué se trata y quieras venir a vivir la experiencia.

–¿De qué se trata?

J. C.:–Nosotros nunca vamos a decir de qué se trata. La definición final siempre la tiene quien viene. Por eso es un lugar que funciona por el boca a boca, te diría que el 80 por ciento de la gente llega así. Venir es una especie de descubrimiento, conocés un secreto que otros no conocen y te dan muchas ganas de contar lo que viviste.

“Es un lugar que funciona por el boca a boca, te diría que el 80 por ciento de la gente llega así. Venir es una especie de descubrimiento, conocés un secreto que otros no conocen.”

–Acá la cerveza no es ilimitada, sino que ustedes van administrando las medidas, ¿no?

J. C.:–Sí, pensamos que lo mejor es que tomen de un modo cuidado, sabiendo lo que toman, que cuando prueben la cerveza la puedan vincular con el lúpulo que probaron un ratito antes, que hagan esa asociación. Sabemos cómo queremos que se vayan: entonados, pero no detonados, por eso hacemos el circuito a nuestro criterio. No queremos que sea un lugar de cerveza libre, y la gente tampoco quiere eso cuando viene. Igualmente, nunca nadie se fue con sed (se ríen).

–Es una propuesta que viene armada.

J. C.:–Sí, vos no podés agregarle cosas a nuestro menú. Nosotros podríamos haber dicho: “Esto cuesta tanto, pero si querés sumar más cerveza, vale tanto”. El tema es que no nos interesa eso. ¿Viste cuando vas a la casa de un chef y probás un menú de ocho pasos? Vos te sentás y confiás en que el otro te va a dar las cosas en su debido momento, sabés que todo tiene un porqué. Acá es lo mismo.

–El circuito siempre comienza con un vaso de hidromiel, la bebida alcohólica más antigua de la humanidad. ¿Por qué lo pensaron así?

P. U.:–Cuando abrimos, en pleno 2019, la cerveza estaba en un momento de auge y necesitábamos anclarla un poco a nuestro origen. Si a vos te dicen “spa de cerveza”, pensás en un lugar que se sube a ese boom, y nosotros queríamos otra cosa. También tiene que ver con la ambientación del lugar. Acá las cosas no tienen tiempo, la gente se va sin saber qué hora es, sin saber muy bien en dónde estuvo, sale a la calle y vuelve al mundo. El hidromiel forma parte de esa consecuencia. Es atrapante, es rico y te conecta con algo del pasado.

“Acá las cosas no tienen tiempo, la gente se va sin saber qué hora es, sin saber muy bien en dónde estuvo, sale a la calle y vuelve al mundo.”

–Además de tomar cerveza, ¿cómo utilizan sus ingredientes en todo el circuito?

P. U.:–El lúpulo lo usamos en el jacuzzi y como aceite para hacer masajes; la malta la usamos como exfoliante y para hacer té de malta; la levadura está incluida en el menú que damos para degustar, que incluye queso, miel y levadura de cerveza. El cuarto elemento de la cerveza, que es el agua, está presente en todo el circuito.

–Los spa de cerveza existen en países como Islandia, Alemania, los Estados Unidos, Austria, España y Colombia. Ustedes son los únicos en la Argentina. ¿Cómo se diferencian de otras propuestas?

J. C.:–Si la impronta de otros spa de cerveza es mostrarte a alguien tomando cerveza adentro de un jacuzzi, nosotros proponemos lo contrario. Quizás lo más importante acá es que la gente viene sin saber qué se va a encontrar. Hoy en día, los lugares se tientan y te muestran todo; en ese sentido, la mayor impronta de Tédelúpulo tiene que ver con asumir un riesgo. El hecho de que el lugar se mantenga en secreto hace que la gente venga en mejores condiciones, más predispuesta. Antes de venir, te preguntan, te dicen que no entienden; pero cuando vienen, se dan cuenta de que la pasan mejor.

Fotos: gentileza Tédelúpulo

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