Slow fashion: replanteo de las formas de consumo y un desafío al ritmo voraz de la moda

Cómo convertir las prendas en piezas únicas y revaluables de la mano del lema "menos es más".

La moda sustentable consiste en fabricar prendas y accesorios a partir de materiales provenientes de la naturaleza o incluso de materiales reciclados. Es decir, de forma ética y responsable con el medio ambiente. Cuando se habla de moda sostenible, rápidamente aparece el término “slow fashion”. Pero, ¿cuál es exactamente la diferencia? 

La moda sustentable es el método, mientras que el slow fashion constituye no solo una tendencia, sino también una forma de pensar la moda. Las tendencias son maneras de vestir que, desde afuera, se confunden con mero estilismo, pero en realidad suelen traer un mensaje que pretenden transmitir al mundo. 

El slow fashion transmite un mensaje que no habla, grita. La moda lenta es una manera de hacer y vestir moda de forma empática y consciente con el medio ambiente. Se sabe que la industria de la moda es el segundo sector más contaminante en el mundo luego de la agricultura, sin embargo, muy pocos conocen los costos y los efectos nocivos que produce.

El resultado de un estudio de la consultora McKinsey publicado en 2014, indicó que los consumidores compraban un 60% más de indumentaria que en el año 2000 y tardaban la mitad de tiempo en desecharla. El slow fashion viene a romper con esta conducta, a priorizar la calidad por sobre la cantidad y a generar conciencia con respecto al consumo. 

La “moda lenta” cuestiona el concepto de moda que prevalece hoy en día, en el cual las prendas son descartables y la persona que las consume, lo hace de forma inconsciente y desinformada. Con la crisis sanitaria del COVID-19 y el incremento del mundo digital (e irreal), lo más común es consumir con los ojos las 24 horas del día. 

El ser humano tiene al alcance de su mano un medio que constantemente envía imágenes hacia las retinas. Así, la industria del marketing logra conducir la forma de consumo de cada individuo. Lamentablemente, el slow fashion no se encuentra del todo instaurado y las agencias de marketing no hacen de esta tendencia un “post” recurrente en Instagram. Por lo contrario, su filosofía es que la gente consuma más y no mejor. 

Hay distintas maneras de implementar el slow fashion. Por un lado, se pueden utilizar residuos textiles para la creación de prendas y accesorios. Por otro, muchos diseñadores optan por producir por encargo en contraposición a la producción en masa, buscando generar la menor cantidad de residuos textiles. Por último, existen las tiendas de segunda mano o tiendas vintage que revalúan las prendas que ya fueron utilizadas para no desecharlas. 

A nivel mundial, The Real Real (TRR), web líder en venta de moda de segunda mano, revela que el consumo de ropa aumentó en un 400% en los últimos 20 años. Otro de los datos que obliga a mirar con perspectiva, es que reutilizar unos jeans ahorra unos 279 litros de agua

Alison Sommer, directora de iniciativas estratégicas de TRR, afirma: “La compra venta de artículos de segunda mano impulsa el mercado de primera mano no sólo porque nuestros usuarios vuelven a la tienda original cuando hacen espacio en su armario, sino porque también les reportamos nuevos ingresos que les permiten volver a las tiendas de ropa nueva, comprarse algo y con más ganas todavía, porque saben que tendrá valor de reventa. Así se cierra el círculo

En lo que respecta a Latinoamérica, puntualmente en San José de Costa Rica, Toribio & Donato funciona desde 2014 de la mano de Óscar Hernández y Donato Morales, dos mentes enfocadas en crear una marca de diseño sostenible, ético y social. 

Ambos presentaron en 2019 la línea “52 diez”, una propuesta comprometida con la eco sostenibilidad en la que utilizaron 5210 botellas de plástico en la materia prima para confeccionar los hilos textiles. La marca de Hernández y Morales es un ejemplo tangible y esperanzador en lo que respecta al slow fashion. Y no sólo busca crear prendas sostenibles sino que también cree en la formalización de la industria de la moda: cada colaborador es contratado de manera directa y sus derechos son respetados, desde lo laboral hasta en su desarrollo profesional y familiar.  

En Argentina, Bianca Siconolfi, diseñadora de Blackmamba, es una emprendedora que apuesta por la sustentabilidad. En línea con el slow fashion, las prendas de esta marca están estampadas con tinta al agua que no contiene metales o químicos que puedan dañar el medio ambiente. Pero además, Blackmamba eliminó por completo el uso del plástico en el packaging y lo redujo en todos los procesos de producción. ¿Qué sucede con los desperdicios textiles? Se donan o se reciclan, aunque también producen más del 60% por encargo. Es decir, no cuenta con mercadería excedente y busca producir sólo lo necesario. 

Es un hecho: en toda América Latina, las mentes más creativas supieron desafiar el ritmo voraz de la moda, reformularon el concepto de moda sustentable e hicieron del “slow fashion” una insignia. 

La moda lenta es una señal de advertencia a observar antes de sumergirse en el online shopping. ¿La idea es seguir apilando ropa en el placard? ¿Usamos todo lo que compramos? ¿Cuál es el origen de las prendas que consumimos? El slow fashion se posiciona como una tendencia y obliga al mundo a replantearse las formas de consumo. 

El concepto “vintage” no surge con el slow fashion, pero es una tendencia que resignifica aquella palabra que hasta entonces parecía ser utilizada para los objetos difíciles de conseguir. Hoy, marcas como The Vintage Hole, The Web o Galpón de Ropa, entre muchas otras, ponen a disposición productos de segunda mano de una calidad que invita a replantearse si el deseo real es tener una nueva prenda o una buena prenda. Está claro que la moda del pasado, es moda del presente. 

En definitiva, el slow fashion deja una moraleja difícil de contradecir: menos es más, pero no de la manera que se cree. Menos cantidad de ropa aumenta el valor de cada prenda. Sólo de la mano de la moda lenta, las prendas se insertan como piezas únicas y revaluables en contraposición a las prendas que se usan y ya no sirven más. Así es como, en estas máximas, reside el lado fashionista de reciclar

Artículos Relacionados>

Por El Planeta Urbano

Desde una isla en el Caribe hasta la inmensidad del Salar de Uyuni y las sabanas de Kenia, pasando por el bosque tropical del Caribe colombiano, estos destinos muestran cómo el nuevo wellness travel puede encontrar distintas formas de expresión según el paisaje, el ritmo y la cultura de cada lugar.

Por El Planeta Urbano

Del 7 al 11 de septiembre, la nueva edición del evento vuelve a poner en escena a los nuevos protagonistas del diseño contemporáneo argentino. Con cnco desfiles, propuestas de autor y una agenda que cruza creatividad, identidad y producción local, el encuentro se suma a una semana clave para la moda porteña.

Por Facundo Cancro

Entre desfiles y pasarelas de BAFWEEK PV27, La Casita se convirtió en el punto de encuentro de la moda argentina: una van rosa donde diseñadores, estilistas y referentes del sector compartieron charlas íntimas sobre estilo y tendencias.

Por mercedesezquiaga

A más de 11.000 kilómetros de Helsinki, una comunidad de descendientes conserva en Misiones historias, sabores, recuerdos y hasta un camino abierto en el monte hace más de un siglo. Hugo Sand, cónsul honorario de Finlandia en Oberá, trabaja para recuperar esas huellas antes de que el tiempo las borre.

Por Facundo Cancro

Uruguay consolida su ruta del olivo con almazaras boutique, catas sensoriales y gastronomía de campo en una escapada que reinventa el placer del otro lado del río.

Por Facundo Cancro

Explora la fusión entre tradiciones rurales y vanguardias visuales en un refugio singular, ideal para descubrir piezas con historia.

Por El Planeta Urbano

Esta selección de óleos, funciona como un mapa de afectos urbanos que conecta la fisonomía de los barrios del sur con las vivencias de quienes los habitan.

 

Por Facundo Cancro

La fundadora de LOUZ repasa una década de trayectoria en la moda de autor, el impacto del diseño industrial en la indumentaria y el desafío de proyectar las marcas misioneras hacia el circuito nacional.