La crisis pandémica obligó a reinventarnos. Cómo los jóvenes apostaron al rebusque financiero, se convirtieron en corredores de bolsa digitales, se acercaron al universo de las criptomonedas y transformaron sus celulares en una suerte de Wall Street 3.0. 


El titular es estridente: “Joe Biden, presidente de los Estados Unidos, lanzó un mensaje a los mercados por la inflación”. Del otro lado, el hombre de a pie, acá, allá y en todas partes, ahorra lo que puede y se las rebusca a su manera. Por eso, como una alternativa a la depreciación del dinero, el mundo de las criptomonedas se convirtió en una alternativa potable para conservar valor y diversificar los ahorros e inversiones. 

De cara a este nuevo escenario, que asume una naturaleza “apta para todo público”, esos mismos hombres de a pie comenzaron a acercarse a oportunidades financieras por fuera del oro, el dinero fíat, el acurruque en el colchón, los bancos, la bolsa y tooodas sus complejidades. “La gente se entera de las criptomonedas y quiere meterse incluso sin entenderlas”, asoma Juan Manuel Martín, inversor y programador de la tecnología blockchain (una especie de libro electrónico público que se comparte abiertamente entre usuarios y crea un registro inmutable de sus transacciones). 

Y en las redes, un tendal de avatares con ojitos rojos y brillantes. Le llaman “laser ray” y es un gesto memético relacionado con la activación y conocimiento del mundo de las criptomonedas. “Uno supone que las criptomonedas son sólo para gente que está en el tema, pero es algo que vive en la comunidad y en las redes sociales”, sigue Juan Manuel. A la sazón, cada vez es más común ver a influencers y deportistas (desde el quarterback Tom Brady hasta el sponsoreo de la UFC) que se suman a este universo. 

Desde ahí, se yerguen miles de tutoriales de YouTube, cursos, consejos, foros, chats de Telegram y comunicación epistolar de par a par. Hay oráculos, advenedizos y chantas. Hay intereses, apuestas y ganancias. Hay pérdidas, manejos atolondrados y golpes de suerte. “Para meterse en estas inversiones y saber cómo moverse es muy importante estudiar, leer e investigar. Esa información es esencial para interpretar los data y no equivocarse a la hora de los manejos dentro de la plataforma”, cuenta el inversor. Por tanto, si bien es una oportunidad financiera amigable (no hay mínimo para empezar a invertir), tampoco es soplar y hacer botellas.

Así, entre los tipos de operaciones que pueden darse, la más usual es comprar monedas y esperar por sus intereses. ¿La más buscada? Bitcoin, usada como reserva de valor. A esta acción se la conoce como holdear y es, dentro de las inversiones digitales, la más “controlable”. Subiendo el nivel de complejidad, teniendo en cuenta la temperatura de las predicciones financieras, otra opción es comprar y vender (tradear) constantemente según las variables pertinentes. La contra: requiere estar muy encima. 

Entretanto, a medida que se ensancha la capacidad de información e interpretación, pueden incrementarse las inversiones apostando por monedas con interés compuesto (staking), salir de las exchanges comunes, prestar o tomar prestado (lending) o tener cuidado con la pérdida de liquidez (rug pull). ¡Epa! ¿Y todo eso?

Okay: el mundo de las inversiones en criptomonedas está al alcance de cualquier persona (digamos, no es imprescindible la figura del bróker y, lo dicho, no necesita de un mínimo de inversión), pero sí es absolutamente necesario saber interpretar gráficos, usar al dedillo las transferencias, aprender a utilizar las plataformas de intercambio (la más usual: Binance), aprender a leer (¡son inversiones!) y lidiar con algunos (cuantos) detalles más.

“En la actualidad, los valores de las monedas están sensibles. Antes, el público se metía porque creía en eso. Hoy, usualmente entran como una oportunidad y, ante la baja, se vuelven locos y venden”, explica Juan Manuel. ¿Cuestiones a las que prestarles atención? La seriedad de los proyectos que sustentan a esas monedas, la sensibilidad de la información compartida en Twitter, la data que circula en comunidades como Reddit, el movimiento de las “ballenas” (billeteras que movilizan altas cantidades de criptomonedas”) y, fundamentalmente, distinguir “paranoia” de “peligro” y “oportunidad” de “fraude”.

De esta manera, las piruetas del mundo cripto también configuraron nuevos activos digitales, como los NFT, que no pueden modificarse ni intercambiarse por otro de igual valor, porque no existiría uno igual. Y, además, son activos que no suelen tener correlación en el mundo físico. De ahí, el éxito arrollador de Axie Infinity, una especie de videojuego (en bruto: mezcla de Pokémon y juego de cartas) en el que se desarrolla a un personaje y, según esa evolución, va generando tokens (unidades de valor).

“Ahora para entrar necesitás de 1.500 dólares. Antes era más barato. Yo tengo mi personaje y cada tanto juego unas horas para mejorarlo. Es mi segundo personaje porque ya vendí a otro. Y todos pagan en criptomonedas”, devela el inversor. 

Yendo más allá, o al costado, también existe algo llamado “minería”. Explicándolo de forma sencilla (spoiler: no), la minería de criptodivisas es un proceso mediante el cual se busca dar resolución a problemas matemáticos complejos.

Gracias al poder de las computadoras, esos cálculos matemáticos van “verificando” las transacciones de la blockchain. Y, en agradecimiento a ese “préstamo” de tiempo y energía, la red devuelve unas “pequeñas comisiones” en forma de monedas digitales. 

“La minería es para cualquiera, sólo hay que tener una computadora con una placa de video”, asoma Ezequiel Maschwitz, inversor y minero. “Es caro ya que las placas subieron mucho de precio porque resultó muy rentable. Para entrar y tener un equipo que dé una rentabilidad de 100 dólares mensuales hacen falta aproximadamente unos 2.000 dólares. ¿Lo recomendaría? Nunca hay que recomendar nada con la plata del otro. Pero yo entré y si lo hice es porque estoy a favor y me parece rentable”, concluye. Y si este no es el futuro de la economía, se le parece bastante.