Tras las secuelas que nos está dejando la pandemia, el verdadero propósito es volver a sentirnos bien de manera integral. Mientras la industria del wellness tomó impulso para reversionarse, incluso apelando a la tecnología, repasamos las nuevas alternativas para transformarnos y conseguir nuestros intereses. 


“Es genial que las cosas regresen a la normalidad, el tema es que hay gente por todos lados”, dice una viñeta publicada en junio en The New Yorker. Retomar la vida previa a la pandemia es un sueño que en la práctica puede llevar un tiempo. Aislamiento, pérdidas, sueños detenidos, soledad, incertidumbre, falta de perspectivas futuras, cambios de rutina, situación económica adversa: esos son sólo algunos de los factores que afectaron a la sociedad desde los primeros meses de 2020.

Según una investigación del Observatorio de Psicología Social de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), más del 60 por ciento de los encuestados calificaron el estado de su salud mental entre “regular” y “pésimo”. A quienes atravesaron la enfermedad causada por el virus SARS-CoV-2 se les pueden sumar algunas consecuencias, como tos seca residual, anosmia, dificultad o dolor al respirar o secuelas en el tejido pulmonar, entre las más comunes.

“No fumar (hábito que lamentablemente creció durante la pandemia, como otras adicciones), realizar ejercicio físico, mantener una vida sana y atender a los planes de vacunación son las prácticas que, más allá de la pandemia, se recomienda adquirir para un bienestar general”, propone para mirar hacia adelante la doctora Rosa Estevan (MN 71.502), de la sección Tabaquismo y Epidemiología de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria. La salud pasó al primer plano. Y seguirá allí durante un tiempo, ya sea por las marcas que dejó o por nuevas costumbres que se hayan activado.

El nuevo wellness

En un contexto en el que algunos sectores económicos se desmoronaron, la industria del wellness tomó impulso para reversionarse y ofrecer nuevas alternativas: en 2020, representó un 5,3 por ciento de la economía mundial, mientras que la proyección para este año es generar 1,5 mil millones de dólares, según la consultora McKinsey & Company

Si antes el wellness se percibía como algo superficial, la búsqueda de bienestar tomó muchas más dimensiones en tiempos en los que la salud mental y corporal no está dada por segura. De la mano de la medicina y la tecnología, sumadas a la creatividad y el espíritu emprendedor, surgieron nuevas propuestas para dar una respuesta a las necesidades actuales.

La telemedicina facilitó la conexión entre médicos y pacientes; las herramientas de videollamadas permitieron las reuniones laborales y sociales; las plataformas de contenidos on demand acercaron clases, experiencias gastronómicas y culturales; las apps móviles facilitaron la meditación y las rutinas de entrenamiento.

Cuerpo activo 

El valor del ejercicio como motor del bienestar se activó más allá del impacto físico: inmediatamente después de 20 minutos de ejercicio, ciertas métricas emocionales, incluida la confianza, aumentan un promedio de 14%, la energía, un 9,7%, y la relajación, un 13,3%, según mostró un estudio realizado por Emotiv junto con el apoyo del doctor Brendon Stubbs, un investigador líder en salud mental y ejercicio.

Monitorear lo que pasa en el cuerpo ya va más allá del ritmo cardíaco o los pasos: plataformas como Mind Uplifter, desarrollada por Asics, permite a atletas aficionados y profesionales ver el impacto del movimiento en su propia mente a través de tecnología de escaneo facial y datos de autoevaluación. 

En tiempos de lockdown, el living se convirtió en el nuevo gimnasio. El entrenamiento hogareño se volvió más popular, una tendencia que persistirá más allá de la pandemia. Con un mat de yoga, unas pesas y algunos elementos simples se puede llevar –en compañía de una pantalla– una rutina que complemente las actividades al aire libre. A nivel global, compañías como Peloton, Mirror y Pop Sugar vieron crecer el consumo de sus contenidos, videos con clases grabadas o incluso lives a cargo de sus profesores. 

Sporty young woman taking yoga lessons online and practice at home while being quarantine. Concept of healthy lifestyle, wellness, being safe while coronavirus pandemic, looking for new hobby.

En la Argentina, tanto las cadenas de gimnasios más conocidas como los clubes de barrio migraron sus clases al formato online para mantener el vínculo con sus socios. Algunos proyectos, como FitBarre, aceleraron el lanzamiento de su propia plataforma on demand: “Quisimos ofrecer una experiencia superior, desarrollada profesionalmente, con clases en 4K y una biblioteca de contenidos para elegir. El hábito de entrenarse en casa, que en la Argentina no estaba instalado, hoy ya es una realidad y tiene potencial de crecimiento, es algo que se va a quedar”, cuenta Jopi Maina, creadora junto a Noelia Rusi de la marca local de Barre, el método que combina fitness, pilates y ballet y es muy popular en los Estados Unidos.

Hoy, el on demand es el corazón del proyecto, con 2.500 usuarios suscriptos por mes. “Más allá del entrenamiento físico, en el feedback nos dicen que somos una compañía, se genera un vínculo”, cuenta Maina. 

Superar el burnout

Al estrés de atravesar una pandemia –con el temor de que se contagie el entorno o uno mismo– se suma la adaptación forzada que fue necesaria para enfrentar las nuevas modalidades: durante meses, todo sucedió en una pantalla. Junto a las ventajas, aparecen algunas contras. Lo que se conoce como “fatiga de Zoom”, que se origina con todo tipo de videollamadas, empezó a afectar a quienes migraron prácticamente toda su vida a la virtualidad.

¿Por qué? El estudio “Tecnología, mente y comportamiento”, publicado por la Universidad de Stanford, lo resume en cuatro puntos: la cantidad excesiva de contacto con ojos demasiados cercanos es muy intensa; verse a uno mismo en tiempo real en video causa fatiga; las videollamadas reducen de forma dramática nuestra movilidad; la carga de conocimiento es mucho más alta en estas conexiones.

Algunas soluciones: no tomar estas reuniones en pantalla completa, ocultar la ventana que nos muestra a nosotros mismos, conectar una cámara que no sea la del dispositivo, sino que esté más lejos de la persona, y tomar unos minutos para descansar entre reuniones. 

Camino positivo

En tiempos duros, la búsqueda de nuevas herramientas pareció crecer en todo el mundo: “La ciencia del bienestar”, el curso más famoso de Yale, dado por Laurie Santos, tuvo un pico de 4,9 millones de inscriptos y pasó a ser gratuito.

Algunos de los highlights de ese seminario sobre el camino a la felicidad son preguntarse cómo se siente realmente una actividad mientras la hacés; pensar en la salud mental como una dieta (algunas cosas son comida chatarra inofensiva, pero a veces tu mente necesita una ensalada); anotar ideas sobre cómo idealmente disfrutarías pequeños momentos libres del día; probar actividades desafiantes que necesiten tu presencia, como aprender un nuevo idioma o meditar.

Dr. Eduardo Berteuris.

“No podemos hacer desaparecer la pandemia y no se puede evitar que las cosas pasen, pero sí atravesar el momento lo mejor posible”, asegura Eduardo Berteuris, médico y especialista en psicoterapia cognitiva, quien junto a Ana Pérez, coach internacional, idearon EPEP, el sistema Educación del Pensamiento Enfocado en el Propósito, en 2006, un sistema para gestionar emociones mediante la neuroplasticidad. “Somos una fábrica de producción de sustancias químicas que se transforman en emociones: esas emociones las gozamos o las sufrimos”, explica Berteuris.

“Para diferenciar qué es lo que nos pasa hay que preguntarse si nos está pasando algo grave, porque tendemos a pensar que todo es catastrófico. La idea es transformar tu estado para que un duelo o algo que estés sufriendo dure menos”, cuenta sobre el entrenamiento mental. Con otras herramientas, nuevos propósitos e intereses y el acompañamiento profesional necesario, el bienestar está en el radar del futuro.