NICO COTTON • EL GENIO DETRÁS

Es el productor musical que eligen artistas del mainstream y de la escena más alternativa. Hoy, a sus 31 años, mientras recibe ofertas de trabajo de todo el continente, apila veinte nominaciones a los Premios Gardel sólo por su última temporada de trabajo.


En la actualidad, el escenario de la música expandió sus fronteras y se quitó a algunos viejos vinagres de encima. Los que hoy patean el tablero son artistas y productores jóvenes que con talento, trabajo y creatividad han logrado dar el salto de su propia muralla. El productor artístico Nico Cotton (31), uno de los más requeridos, es un ejemplo de esto. En su currículum anota trabajos con artistas de la talla de Emanuel Ortega, Axel, Jimena Barón, y de la escena más alternativa: Louta, Nicki Nicole, Wos, Juan Ingaramo o Conociendo Rusia.

Desde muy chico tuvo en claro que su camino iba a estar marcado por la música, y eso se confirmó cuando festejó su primer año y los padres le regalaron un tambor de juguete y una pista de carreras. La pista quedó arrumbada juntando polvo, y él se fue derecho a pegarle al instrumento. Cuando los padres vieron que la cosa iba en serio le regalaron una batería y se puso a estudiar. Tocó la batería en MAM, la histórica agrupación de Omar Mollo, y luego formó Artesanales, un grupo que recorrió por bastante tiempo la escena y hasta llegó a grabar un disco con la producción de Oscar “Chino” Asencio.

Con el tiempo, su lugar dejó de estar en los instrumentos y pasó a ubicarse en la sala de comando, para jugar desde otra posición. Grabar discos se convirtió en su motivación máxima. En la actualidad está trabajando en el próximo disco de Juan Ingaramo, en temas nuevos de Conociendo Rusia, en un track de El Kuelgue y en canciones de Indios. Y como broche de oro, también está haciendo la música de una serie que se va a estrenar por Netflix el año que viene, El reino.

“Desde muy chico laburé en las grandes ligas sin darme cuenta, pero en un momento di un giro y empecé a trabajar con artistas emergentes que quizás me identificaban más musicalmente.”

–Si tenés que recapitular cómo fue todo antes de terminar siendo productor, ¿por dónde empezarías?

–Creo que se dio todo de forma muy natural. Son un montón de cosas que me fueron llevando a dedicarme de lleno a la producción. A los tres años mi viejo, que también fue músico de joven, me regaló la batería. Primero la de juguete y después una más grande. A los seis años me mandaron a un profesor que lo primero que hizo fue ponerme a escuchar Revolver, de The Beatles, y no lo pude creer. Tocaba arriba de ese disco. Empecé tocando en ensambles y mi primera banda la tuve a los trece años. Mi viejo me llevaba a los ensayos. Ahí aprendí mucho. Y después empecé a tocar con MAM y llegaron lugares más grandes: N/D Ateneo, Cosquín Rock. Y en paralelo me cebé con componer temas, tocar otros instrumentos y grabar con la compu.

–Todo indicaría que nunca dejaste de jugar.

–Siempre va a ser un juego y un divertimento sentarme en un estudio o tocar un instrumento. El día que lo haga porque tengo que hacerlo o como una obligación, va a ser el día que deje de hacerlo o estudie otra cosa. El otro día me pedían un consejo para los chicos que estaban empezando a producir. Mi consejo más grande es que tenés que ser muy apasionado para trabajar de esto. Te tiene que gustar mucho y tenés que dedicarle mucho tiempo y muchas frustraciones. Te tiene que encantar estar en el estudio, te tiene que encantar la música y para que te salga bien algo lo tenés que hacer muchas veces.

–Trabajaste con artistas de mucho renombre y desde muy chico. ¿Cómo se dio ese proceso en tu vida?

–El primer artista con el que trabajé fue conmigo mismo. Primero laburé con las canciones que hacía yo y después con amigos que me mostraban sus temas y les decía que se vinieran al estudio. Hasta que entré en proyectos chicos pero más profesionales. Un día me llamó Emanuel Ortega, que había escuchado unas canciones mías y quiso juntarse conmigo. Terminé produciendo algunos discos de él. Después me linkeé con Axel y trabajamos bastante juntos. Eso me llevó a trabajar con Los Nocheros, Jimena Barón. Con Tus ojos mis ojos, de Axel, ganamos un Gardel de Oro, y yo tenía 25 años, no lo podía creer.

“Podés comprarte un micrófono de tres mil dólares para grabar una voz que suene bien, pero si no cantás bien, nunca va a sonar bien.”

–Si uno mira para atrás se podría decir que debutaste como productor en el mainstream. ¿Por qué ese vuelco a trabajar con artistas más emergentes?

–Desde pendejo empecé a trabajar en grandes ligas sin darme cuenta, pero en un momento di un giro y empecé a trabajar con artistas emergentes que quizás me identificaban más musicalmente. Juan Ingaramo, por ejemplo, fue uno de los primeros artistas que siento que me cambiaron la vida. Fue el primero del ámbito indie en confiar en mí, que venía de un palo más mainstream. Hicimos el disco Best Seller, que también estuvo nominado en los Gardel y que lo terminó llevando a estar como mejor artista en los Latin Grammys. Eso empezó a abrirme puertas con Louta, Wos, Conociendo Rusia. Me pone feliz laburar con ellos porque los veo crecer desde abajo.

–No te cerrás en un solo frente.

–Siento que la música se empieza a enriquecer mucho más cuando dejás que te empapen nuevas corrientes musicales. No me gusta cerrarme en un solo estilo y decir “sólo produzco rock”. En una semana puedo trabajar con Conociendo Rusia y Nicki Nicole. Aprendo de los estilos y, además, los fusiono. En el disco de Conociendo Rusia, Cabildo y Juramento, por ejemplo, si bien no hay ningún instrumento electrónico, están muy presentes los bajos del trap. Siento que cuando trabajás en muchos estilos se empiezan a mezclar y está bueno.

–Hoy en día todos tienen la posibilidad de grabarse en su casa y sacar un disco. ¿Qué rol juega la figura del productor ahí? ¿Se vuelve prescindible?

–En la historia de la música siempre va a haber artistas que necesiten que les den una mano. De todas maneras, una cosa es producir y otra cosa es hacer beats. Sí es cierto que las herramientas hoy en día son superaccesibles para todos. Antes, si querías grabar un disco tenías que ir sí o sí a un estudio, comprar la cinta, haber ensayado un año antes para llegar a la grabación y optimizar el tiempo lo más posible. Hoy en día te comprás una compu, un micrófono y una placa de sonido y ya podés hacer algo. Por otro lado, democratizando tanto las herramientas se hace cada vez más difícil ser creativo. Casi todos podemos tener acceso a herramientas similares. Alguno tendrá un micrófono más caro, otro tendrá una placa de sonido más cheta, pero la creatividad no se puede comprar. Podés comprarte un micrófono de tres mil dólares para grabar una voz que suene bien, pero si no cantás bien, no va a sonar bien. Lo mismo pasa con la producción: podés tener la mejor compu y los mejores equipos, pero si no tenés buenas ideas o no sabés cómo usar los equipos, se complica.

–¿Cómo te llevás con el rótulo de “productor del momento”?

–Obviamente, cuando dicen eso me divierte, pero pongo el foco en otro lado. Me llevo muy bien con el trabajo, con la suerte que tengo de poder trabajar de esto y con el agradecimiento a mis viejos, que de muy pendejo se dieron cuenta de que iba por la música y me dieron todas las herramientas para poder hacerlo. Trabajo mucho. Desde los 19 años que no paro de laburar todos los días. Eso me creo: el trabajo, las ganas y la pasión que tengo por lo que hago.

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