CARLA BUGARIN · ICÓNICA Y FASHIONISTA

Empezó con un pequeño negocio de ropa de diseñadores independientes y hoy su marca es referente indiscutido en la escena local. Además, explota en Instagram con su estilo único y sus colecciones vintage y representa a la nueva generación de críticos de moda en la pantalla de Telefe.


“Quería un lugar que me gustara y me representara. Lo pensé para mí primero y después, si les gustaba a la clientas, genial.”

Si existiera un parámetro exacto que cuantifique el buen gusto, el espacio de Cabu arrojaría un cien por ciento de efectividad en esta materia. ¿Cómo no enamorarse de ese octavo piso francés en una esquina de la arbolada avenida Coronel Díaz, con molduras de esas que nos encantan hasta en la carpintería de las ventanas, techos altísimos y objetos vintage adornando todo? Aunque en Cabu la ropa y los zapatos sean lo más importante, concertar una cita con su creadora, Carla Burgarin, visitar el lugar y recibir asesoramiento personalizado con una de las nuevas grandes referentes de moda de nuestro país hacen que la experiencia de compra marque la diferencia. “Me empecé a dar cuenta de que tenía que cambiar de nuevo el modelo. La gente ahora compra online, no se quiere mover de su casa. Me pasaba que en el local tenía 25 envíos en un día y venían sólo dos clientas. Así que me instalé en este piso en pleno Palermo/Barrio Norte y ahora Cabu funciona con este nuevo modelo de venta sólo con cita en departamento y mucha venta online. Es genial porque al estar en pleno centro de la ciudad, la gente que me quiere conocer empieza a venir de vez en cuando a vivir la experiencia y el resto lo ve por redes. Soy fanática de París y de lo vintage, por eso elegí este departamento del año del pedo, con pisos antiguos y molduras por todos lados, lo amo y a la gente le encanta venir.”

Carla es licenciada en Publicidad, aunque de chica su pasión por la moda la llevó a dejar las agencias y abrir, con sólo 23 años, su primer local de ropa. “El modelo de ese momento, hace como quince años, era que los diseñadores de Palermo te traían la ropa al local. Vendía tanto que me fui armando de un capital sin invertir”, recuerda.

–¿Cuándo empezaste a diseñar tus propias colecciones?

–Con el surgimiento de las redes me avivé de que ese negocio no iba más, porque la gente empezaba a buscar al diseñador en Facebook y compraba la ropa directamente. Entonces me anticipé a eso y empecé con mi propia marca, con ropa mía diseñada por mí. Armaba looks para Facebook, me cortaba la cara y subía las fotos. Atendía el negocio, mandaba a producir la ropa, llegaba a casa y me ponía a editar las fotos, respondía mensajes, hacía todo. Ahí Cabu empezó a crecer tanto que la gente hacía cola en la calle para entrar en el local, era una locura. Y mandé a hacer los primeros zapatos, que ahora son uno de mis fuertes.

–Ahora Cabu funciona en este piso sólo con cita previa y venta online. ¿Cómo se organiza el sistema de citas?

–Bien, en general te avisan si no van a venir o si pasa algo, creo que porque me tienen miedo (se ríe). El argentino está mal acostumbrado a manejar la agenda, así que en ese sentido es bueno educar y saber que si agendás una cita tenés que cumplirla. En mi caso, me cuesta disimular: si venís a revolver todo y no comprás nada o me rompés mucho, te pongo una cara de ojete que casi te obligo a irte, te abro la puerta directamente.

–¿Cómo ves que está cambiando el modo de comprar y vender ropa?

–En París funciona mucho este modelo, porque tenés las tiendas masivas tipo Zara o H&M o las grandes marcas de lujo tipo Chanel, así que en el medio quedan los diseñadores que venden su ropa en departamento y por redes, siempre con cita previa.

–¿Van a desaparecer los locales a la calle?

–De acá a unos años es la muerte del local, todo es online o experiencias como esta. Y van a quedar los shoppings, que no creo que mueran. Pero el local a la calle no va a existir más. Veo un futuro con depósitos y puntos de retiro; la gente ya no sale a mirar vidrieras, es una costumbre de otra época. La gente va al shopping pero antes mira por redes el modelo, el precio, si le copa, y ahí decide la compra. El “salgo a mirar a ver que me quiero comprar” ya murió.

–Además de emprendedora te convertiste en un personaje destacado del mundo de la moda, ¿cómo canalizás esta popularidad?

–En paralelo con esto empecé a hacer styling e imagen para diseñadores, como Adrián Brown o Santiago Artemis, y me saqué una cuenta personal de Instagram que superó en seguidores a la cuenta de Cabu, fue todo una locura. Y a partir de eso me llamaron de Telefe para hacer críticas de moda porque les gustaba como hablaba en redes, como decía las cosas casi sin filtro, así que desde hace dos años que estoy en la tele, y me encanta.

–¿Qué te pasa con los críticos de moda de la era anterior?

–Los críticos de siempre ya se pusieron en un lugar en el que tienen relaciones con tanta gente de la farándula que su crítica deja de ser imparcial. Porque son amigos de fulana, porque “visto a Pampita así que digamos que está linda”. Eso no es real, no está bueno y a la gente le aburre, está demodé.

–Además sos coleccionista, ¿cómo manejás el tema de la acumulación de cosas?

–Las cosas preciadas vintage que uno ama y colecciona hay que guardarlas como sea. Pero el resto hay que darlo por una cuestión de espacio. Si tengo doce tapados negros, ¿realmente los uso todos? Hay que dar lo que no se usa. Al ser tan fanática de la moda llegué al extremo de ser acumuladora y compradora compulsiva, cosa que está muy mal. Ahora prefiero tener menos cosas de mejor calidad, y el resto regalarlo para quien lo necesite.

–¿Cuál es el próximo paso en tu carrera?

–Me gustaría recorrer el mundo buscando ropa vintage, traer todo a la Argentina, venderlo y volver a viajar. Ese sería mi panorama ideal para después de los 45 años. Viajar y vender vintage copado, ¿no es un gran plan?

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