El sello personal, por cuestiones que van más allá de un apellido, marca la impronta de estos cuatro restaurantes. Distintas cocinas –de lo más granado de la bistronomie a sabores mediterráneos, pasando por platos de inspiración filipina y del sudeste asiático– que reflejan fielmente las ideas de quienes están al frente de ellas.


Cuando un chef, sobre todo si es una figura consagrada, estampa su firma en la carta de un restaurante se está jugando su prestigio y algo más. Y si ese sello personal aparece en la marquesina, el riesgo es mucho mayor. En la gastronomía argentina de autor el asunto es cosa seria porque, casos sobran, en el nombre se cifra también una expectativa. Por supuesto que cuando esa expectativa se cumple, la satisfacción es doble. Pero en el mientras tanto, la apuesta siempre encarna mucho de aventura sin red. Al menos es así durante el tiempo que transcurre entre la apertura, la presentación en sociedad del concepto y la aceptación (o no) de la propuesta. Aquí, cuatro restaurantes que traducen fielmente los parámetros de quienes les dan nombre.

Alo’s Bistró

Quinto aniversario de este delicado bistró de La Horqueta, donde Alejandro Feraud sigue demostrando que es un chef de esos que en cada plato armoniza técnicas, productos de estación e ideas con verdadero sentido de lo auténtico. Una apuesta creativa con muchas variantes en sus recovecos, se tome el camino que se tome. La carta de otoño es pródiga en ellas: endivias con peras, garrapiñadas de nueces y pecorino pueden prologar unos linguini de hongos con piñones, un salmón blanco con berza y mondongo o un cordero con yogur, fainá y aceite de menta, y todo fluirá. A la hora de los dulces, la serena y talentosa Yamila Di Renzo sigue la misma premisa que Feraud: su crema de chocolate amargo con polvo de aceitunas negras, bizcocho de oliva y mandarinas confitadas habla a las claras de un restaurante que, sin rebusques ni pretensiones, hace, como quien sí quiere la cosa, alta cocina. Acompaña una cava muy bien armada y atenta a lo más nuevo y mejor.
Blanco Encalada 2120, San Isidro
Tel.: 4737-0248 / 4737-1246

Sunae Asian Cantina

Que hace tres años y medio Christina Sunae haya sacado a la calle el más recomendado de los restaurantes a puertas cerradas fue una gran idea: la cocina de inspiración filipina que guía los pasos de esta chef nacida en los Estados Unidos no tenía representantes en Buenos Aires. Su mezcla de platos regidos por esos sabores más el aporte de preparaciones del sudeste asiático lo han colocado en un sitio de privilegio que se corresponde con lleno total la mayoría de las noches. Será porque la carta (unos 30 platos) no les quita el cuerpo a lo exótico ni a lo picante y mucho menos a la preminencia de la acidez que, vía frutas o vinagres, es clave en los platos de Filipinas. La propia Sunae traza un recorrido posible para disfrutar a pleno la propuesta: ensalada de pescado con frutas y vinagre, dumplings de tofu fermentado, ribs de res con coco quemado, curri amarillo con fideos al huevo y fideos crocantes. De postre, el solicitado Cobbler (fruta con masa dulce de castaña de cajú y helado de leche condensada). Mención aparte para la carta de vinos, creada por la sommelier y periodista Sorrel Moseley-Williams.
Humboldt 1626, Palermo Hollywood
Tel.: 4776-8122

Aramburu Bis

A esta altura ya no debería asombrar que Gonzalo Aramburu, responsable de uno de los más celebrados spots del mapa gastronómico porteño, encare proyectos claros e interesantes. En este caso, el bistró que el chef mudó de Constitución a Recoleta el año pasado y representa el costado un poco más accesible de una cocina siempre compleja y sofisticada. Al dueño de casa lo acompaña el joven Julio Báez como segundo, quien habla de un concepto cercano al de un “bistró neoyorquino, que trabaja con productos de estación y con una carta que cambia constantemente, que a veces depende de lo que tenemos ganas de cocinar”. La carta se divide entre raciones y platos principales. Carne, pescado, pasta y arroz entre los principales, siempre dentro de onda mediterránea y de autor, con combinaciones armoniosas pero no obvias. Tan delicada como el ambiente, sosegado, de luces bajas, bien de bistró clásico, acorde al entorno de exclusividad que ofrece el bello Pasaje del Correo.
Vicente López 1661, Recoleta
Tel.: 4813-5900

La Panadería de Pablo

Massey, nombre clave de la camada de jóvenes chefs que revolucionaron la cocina argentina de los 90, sigue en la brecha. Este restaurante, que arrancó en San Telmo allá por 2011 y luego se mudó a zona norte, mostró de entrada las credenciales del chef: una mezcla de varias cocinas (italiana, española, porteña) llevada adelante con personalidad y brío. Una buena muestra de ello es el brunch de fin de semana, que combina una brusqueta de jamón crudo o un avocado toast con una clásica provoleta, a los que pueden seguir la sustanciosa milanesa de bife de chorizo con hueso, ravioles de calabaza asada o un bagel de salmón gravlax. Otros clásicos de Massey, como las carnes a la parrilla (ojo de bife, entraña, picaña, hechas en Josper), combinan con agregados modernos, como lo son las pizzas hechas a partir de masa madre. La mayoría de los platos son abundantes y para compartir, lo que resulta en una buena relación precio/calidad.
Corrientes 421, Olivos
Tel.: 3583-0439