Un ritual lúdico para cortar la semana: blend parrillero, alquimia clarificada y diseño gastronómico
La casona insignia de la gastronomía porteña presenta un ciclo efímero que reinventa el confort food con sello de alta cocina, maridajes de autor y una chocotorta escultórica
Hay coordenadas porteñas donde el tiempo parece suspenderse entre molduras señoriales, bibliotecas y patios que invitan a bajar las revoluciones urbanas. Casa Cavia, la joya arquitectónica de 1927 proyectada por Alejandro Christophersen sobre Plaza Alemania y restaurada por Kallos Turin, es uno de esos enclaves donde la escena culinaria, el interiorismo y las flores operan como un ecosistema sensorial indivisible.

Sin embargo, lejos de descansar en la solemnidad de sus reconocimientos en la Guía Michelin, el restaurante curado por Mezcla Gastronomía decide dinamitar la rutina nocturna con una propuesta fresca: convertir los miércoles por la noche en una cita espontánea y descontracturada. A partir de las 20 h, la casa activa un menú temático con ediciones rotativas mes a mes. En octubre, el fetiche callejero por excelencia toma el centro de la escena para ser reinterpretado bajo una óptica gourmet: la hamburguesa.
Lado B: del blend parrillero a la alquimia en la copa

Lejos de los clichés del fast food industrial, la creación del chef ejecutivo Félix Babini propone una experiencia táctil, pensada para comerse con la mano pero ejecutada con rigor técnico. La pieza estelar se compone de un blend de ojo de bife y tapa de asado en su punto justo, acompañado por queso cheddar inglés fundido, cebollas caramelizadas, panceta crocante glaseada y un toque ahumado de mayonesa de chipotle. Es un bocado untuoso, profundo y calibrado al milímetro, ideal para disfrutar sin apuros mientras corre la brisa primaveral en el patio central.

El maridaje de la noche está a cargo de la jefa de barra Flavia Arroyo, galardonada con el Exceptional Cocktail Award de la Guía Michelin. Su trago, bautizado No tan orange, despliega pura alquimia y técnica moderna: Campari clarificado con queso crema, licor de naranja, mix fresco de mandarina y perfume de azahar. La clarificación no solo aligera la textura y equilibra el amargor característico del aperitivo, sino que le otorga una sedosidad láctica sutil que limpia el paladar frente a la untuosidad de la carne.

El desenlace dulce, a cargo del chef pastelero Fabio Mandia, mantiene la vigencia que lo convirtió en furor durante la edición anterior. Su reversión de la Chocotorta trasciende el homenaje nostálgico para transformarse en una pieza de diseño comestible. Con una estética que remite a una icónica galletita Chocolina en 3D, el postre propone un juego visual y de texturas entre lo crujiente y lo cremoso, cerrando la velada en esa frontera donde la memoria infantil y la alta pastelería se encuentran.

