Agustina de Alba celebra su oficio: "Brindo por haberme quedado en la Argentina"

La sommelier que le quitó el traje de élite al vino levanta la copa para celebrar una decada de su show HOLA VINO y brindar con el país que la vio crecer.

El vino se convirtió en la pasión de Agustina de Alba cuando lo descubrió a los 15 años en un viaje a Mendoza junto a su papá. Hoy, a los 38 años, es una de las sommeliers más reconocidas del país y celebra los 10 años de su show HOLA VINO, el próximo 30 de noviembre en el KONEX. Un proyecto que busca acercar la bebida más popular de nuestra cultura a quienes todavía creen que el vino es “solo para entendidos”.

HOLA VINO, es un proyecto independiente. No dependo de ninguna marca, ni bodega, ni jefe. Dependo del vínculo con mi público, de ser honesta, transparente y de dar lo mejor en cada experiencia. La gente se da cuenta de eso. Se nota cuando algo está hecho con calidad y con amor. En el show cuidamos cada detalle: no servimos en una copa cualquiera, sino en una de cristal y elegimos cada vino porque creemos que tiene que estar ahí por una razón”, explica la sommelier, que fue distinguida como Mejor Sommelier de la Argentina en 2008 y 2012, y que en 2023 fue reconocida por la IWSC de Londres como una de las cinco comunicadoras de vino más influyentes del mundo.

En esta entrevista con El Planeta Urbano, Agus repasa los inicios de su proyecto, los desafíos de quitarle solemnidad al vino y convertirlo en una experiencia cercana, y cómo vive hoy una pasión que se transformó en un puente entre la tradición y la nueva generación de bebedores.

-¿Cómo nació HOLA VINO?

HOLA VINO nació de una crisis personal, de una incomodidad, de no sentirme parte del mundo del vino tal como se comunicaba. Los primeros diez años de mi carrera fueron muy protocolares: concursos, estrellas Michelin, trabajar afuera, todo muy del deber ser. Hasta que un día decidí romper con eso. Dije: no quiero más concursos, no quiero trabajar más en restaurantes. Quiero crear algo distinto. Fue una decisión difícil, muchos colegas me decían que estaba loca. Pero por suerte escuché mi voz, no la de los demás. 

-Después de 10 años llevando adelante este proyecto  ¿Cómo es mirar hacia atrás y ver cómo creció?

Me cuesta mucho la retrospectiva. Vivo muy el día a día. Pero hay algo que me parece interesante compartirlo: vivimos en un mundo donde todo dura cada vez menos, donde todo es instantáneo, donde parece que hay que lanzar cosas nuevas todo el tiempo y que todo dura 24 horas. Sin embargo, HOLA VINO se sigue percibiendo como actual, la gente se acerca y después de diez años sigue creciendo, se sigue expandiendo, la gente lo elige, y lo percibe como algo vigente. Además, tanto el libro como las charlas siguen interpelando. El libro lo publicamos con Planeta en 2019, y todavía la gente lo compra, lo lee. Las charlas no son las mismas que hace diez años, porque yo tampoco soy la misma. Tengo otras búsquedas, otras profundidades, otros intereses. Pero el público me sigue acompañando, se sigue enganchando, y eso para mí es hermoso.

-¿Por qué elegiste los vinos Criolla, Malbec y semillon de Nieto Senetiner para que se caten en el show y qué representan?

Al principio, cada charla de HOLA VINO representaba un capítulo del libro. Con el tiempo eso fue evolucionando. Hoy, más que repetir temas técnicos, me interesa poner el vino en contexto: hablar del vino argentino como parte de nuestra cultura y de nuestra historia. Por eso esta edición propone un recorrido por tres variedades emblemáticas que atraviesan distintas etapas de la historia del vino argentino. Arrancamos con las criollas, las primeras uvas plantadas en Santiago del Estero hace más de 300 años, seguimos con el Malbec y el Semillón, que fueron clave en el crecimiento de nuestra vitivinicultura, y terminamos en lo que yo llamo la “revolución de la identidad”: el momento actual, donde buscamos profundidad y sentido. Cada vino que elegimos no es solo un líquido en la botella. Es un disparador, un hilo conductor que representa historia, territorio y cultura. Eso es lo que más me interesa hoy: que el público entienda que el vino no es solo lo que se bebe, sino lo que hay detrás de esa botella. Lo que ese líquido representa como parte de nuestra identidad.

-¿Qué te inspira del vino argentino hoy?

El vino argentino me inspira porque es un puente. Cuando abrís una botella, ya estás compartiendo. No existe tomar una botella solo: el vino te invita a abrirlo con otros. Y además, el vino argentino tiene algo muy especial: su diversidad. Tenemos vinos desde la Quebrada de Humahuaca hasta Chubut, vinos de montaña, vinos de mar. En cada botella hay un paisaje. Mi primer jefe, cuando trabajé en Londres, me decía: “You paint pictures”. Me costó entenderlo en ese momento, pero con el tiempo comprendí que comunicar vino es eso: pintar paisajes embotellados. No es solo hablar del sabor, sino de lo que representa: la belleza del lugar, las tradiciones, la cultura y la gente que lo hace posible. Y eso es lo que busco siempre: que cuando alguien escucha sobre un vino argentino, pueda imaginar ese paisaje, ese territorio. Que viaje a través de la historia que hay detrás de la copa.

-Hablás del vino como una experiencia sensorial muy profunda. ¿Qué lugar ocupa el olfato en todo eso?

El olfato es todo. Está directamente ligado a la memoria y a las emociones. Es como una máquina del tiempo. Hay un vínculo inseparable entre olfato y memoria: a veces un aroma te transporta a un momento de la vida que ni recordabas conscientemente. El olor tiene ese poder de revivir lo vivido, no solo recordarlo mentalmente. Una amiga me dijo una vez una frase que me quedó grabada: “Oler es recordar”. Y para mí es más que eso: oler, recordar y viajar son lo mismo. Es la manera más sensorial y emocional de volver al pasado.

-Si tuvieras que levantar una copa por estos diez años de HOLA VINO, ¿Por qué brindamos hoy?

Brindó por haberme quedado en Argentina. Fue una decisión que me llevó mucho tiempo tomar, porque los primeros diez años de mi carrera viví afuera. Siempre pensaba “voy a volver”, pero no lo hacía. Y cuando finalmente decidí quedarme, fue un punto de inflexión. Hoy siento que estoy viviendo el mejor momento de mi carrera en Argentina: por la diversidad, la profundidad, la calidad que hay. Si me hubiera ido, me habría perdido de formar parte de todo esto, de ser parte de un movimiento que justo estaba naciendo. Así que sí, brindo por haberme quedado. Por haber elegido mi propio camino, haber apostado por este país y por el vino argentino.

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