Río de Janeiro a la carta: sabores únicos para explorar la ciudad carioca

Más allá de la clásica feijoada y la caipiriña frente al mar, la ciudad carioca despliega un mapa gastronómico tan diverso como su cultura. Una metrópolis donde conviven armoniosamente botecos, sitios fine dining, propuestas callejeras y restaurantes de autor.

Río de Janeiro es, para los argentinos, casi un destino natural. La cercanía y el clima amable todo el año lo vuelven una opción tan elegida como muchos destinos nacionales. Pero además de las playas infinitas, la samba y la postal eterna del Cristo Redentor, esta ciudad guarda un universo gastronómico que merece explorarse con calma. Desde El Planeta Urbano armamos las valijas para descubrirlo.

EL MAR Y LA ALTA COCINA

Con un Atlántico generoso y materia prima de excelencia, no sorprende que Río de Janeiro tenga una escena gastronómica de alto nivel, reconocida incluso por la Guía Michelin. Ocyá es uno de los más celebrados, con una propuesta centrada en pescados y mariscos tratados con técnica y respeto: curados, crudos, al fuego o en diferentes preparaciones que ponen en valor lo mejor del mar.

La cocina japonesa también tiene lugar: Haru Sushi y San Omakase (este último con una estrella Michelin) ofrecen experiencias que compiten con las grandes capitales del mundo. En la cúspide, restaurantes con dos estrellas, como Lasai u Oro, demuestran que esta ciudad puede estar en la misma liga que San Pablo o incluso que gigantes de Europa.

EL TOQUE PERSONAL

Río suma propuestas de autor que reversionan la tradición local. En Ipanema, Zazá es de lo favoritos, con sus moquecas de peixe y guisados locales. Toto va más allá: en su carta convive la cocina bahiana con una pasta italiana, reflejando el cruce de culturas que caracteriza a la ciudad.

En Botafogo, Marchezinho muestra creatividad y materia prima local con sus “tapas” o pequeñas opciones, como los palmitos asados con pesto y nueces. Los platos siguen siendo cariocas en espíritu, pero con el estilo personal de cada chef.

En el mismo barrio, Chanchada Bar lleva la comida popular pero con calidad mejorada: platos clásicos brasileños ejecutados con precisión y entusiasmo, sin perder el espíritu local. La panceta frita o la croqueta de res son de las opciones más pedidas.

EL CAFÉ: UN GIGANTE QUE EMPIEZA A MIRARSE A SÍ MISMO

Brasil es el mayor productor de café del mundo, pero recién en los últimos años Río de Janeiro empezó a abrazar la cultura del café de especialidad. Opciones como The Coffee o So.Lo Café muestran que el camino ya empezó: es una tendencia que crece entre los locales jóvenes, ávidos de probar métodos de filtrado y orígenes seleccionados.

UN RINCÓN ARGENTINO EN TIERRA CARIOCA

Entre tantas propuestas cariocas, hay un espacio que sorprende por su audacia y por la vista única: Rufino Terraza. A diferencia de la clásica parrilla Rufino –ya reconocida tanto en Buenos Aires como en Río–, esta nueva propuesta busca algo más íntimo y sofisticado, para pocos comensales. El escenario no podría ser mejor: una terraza escondida en Leblon, con una barra reducida y un telón de fondo inigualable, el Cristo Redentor iluminado. Allí, el chef Agustín Brañas conduce un menú degustación de aproximadamente catorce pasos que funciona como un viaje sensorial por la Argentina.

La experiencia arranca con charcutería casera y embutidos elaborados con técnicas tradicionales, sigue con cortes seleccionados –desde ceja de ojo de bife hasta wagyu o cortes madurados en manteca–, platos reversionados que dialogan con el recetario argentino y, como cierre, pequeños guiños dulces, como mini alfajores de maicena o petit fours porteños. Todo acompañado por vinos argentinos de gran nivel, seleccionados para potenciar cada paso. Una declaración de identidad porteña en pleno corazón carioca.

LOS BOTECOS: EL ALMA DE LA CIUDAD

No se puede hablar de gastronomía en Río de Janeiro sin mencionar los botecos, esos bares de barrio que son instituciones. Allí se come, se bebe y se vive la ciudad. Clásicos de Copacabana, como Belmonte, donde en días de partido copan la esquina tanto turistas como locales a tomar chops infinitos; Rinha, con sus deliciosas croquetas de bacalao, o Bar do Mineiro, en el pintoresco y bohemio barrio de Santa Teresa, muestran lo mejor de la tradición: cervezas bien frías, porciones generosas de feijoada, frituras varias y la música espontánea que siempre aparece en la mesa de al lado.

En Botafogo, Galeto Satz es un imperdible. La estrella es un sándwich jugoso de pata de cerdo, queso y abacaxi (ananá). Baile final en Bip Bip, de nuevo en Copa, un pequeño templo de la música. La experiencia gastronómica aquí se mezcla con las rodas de samba improvisadas que hacen cantar y bailar a la multitudes que se agrupan en la vereda.

EL FAST FOOD CARIOCA: LANCHES Y TAPIOCAS

Más allá de los botecos, Río tiene una cultura callejera que es imposible pasar por alto. Los lanches –una especie de fast food local– se encuentran en cada esquina, con locales como BB Lanches en Leblon o General, con varias sucursales por toda la costa, donde se sirven pasteles camarón, coxinhas de frango y Catupiry (pollo y queso crema), bolos, panes rellenos y frituras golosas con ese toque brasileño que satisface y alegra el picoteo al paso.

Las tapiocas, en cambio, son casi un ritual. Ya sea en los puestos callejeros o en locales especializados, como Tapí Tapioca, la masa de harina de mandioca granulada se rellena con opciones infinitas: coco, dulce de leche, queso o pollo, entre opciones dulces y saladas.

HELADOS Y DULCES: ENTUSIASMO FRENTE A TRADICIÓN

En pleno centro histórico, la Confeitaria Colombo es un viaje al pasado carioca. Fundada en 1894, con sus vitrales art nouveau y espejos belgas, fue punto de encuentro de políticos, artistas y escritores. Hoy sigue siendo un ícono para tomar un café, probar un pastel de nata o simplemente dejarse envolver por su aire belle époque.

En el otro extremo, los brigadeiros representan la sencillez alegre de Brasil. Nacidos en los años 40 y adoptados como dulce nacional, estas bolitas de leche condensada, cacao y granas de chocolate están en cada cumpleaños y reunión familiar. Modernizados con sabores como coco o pistacho, siguen siendo un bocado que conecta con la infancia brasileña.

No todo es açaí, ese fruto violáceo que se consume como pulpa congelada en cada esquina. También hay helados, y si bien el rubro está en expansión, algunos locales se destacan por su creatividad y entusiasmo. Piamonte Gelateria o Momo Gelato apuestan por sabores originales y técnicas cuidadas, marcando un camino distinto en un terreno que todavía tiene mucho por crecer.

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