Cazzu: "Creo que este es el disco más valiente que he hecho"

Tras la maternidad, el silencio y la exposición feroz, la artista regresó con Latinaje, una obra íntima y ambiciosa que la confirma como “La Jefa” y demuestra que mostrarse transparente es el mayor acto de fortaleza. Al igual que en su primer libro, Perreo, con este álbum construye y sostiene a viva voz un manifiesto sobre feminismo, identidad y reinvención.

Emerge de la Fuente del Jaguar con la mirada fija, desnuda, rodeada de cascadas y piedras en plenas yungas jujeñas. Se abraza las rodillas, sola, acobijada por una manta, en plena quebrada humahuaqueña. Aparece el cementerio de Maimará, brillante bajo la luz del sol, que invita a apreciar la belleza de la muerte y la posibilidad de renacer. Los diablos del carnaval ya están sueltos, la rodean, la confunden, pero ella sigue ahí, firme y con los pies sobre la tierra. Su tierra. La fragilidad atraviesa la escena: agua helada, cuerpos que se deshacen, inmensas piedras en el camino. Pero también aparece la fuerza: en la copla, en los colores y en ella, de pie después de todo lo vivido. Con esas imágenes, Cazzu eligió comenzar Latinaje, su último disco.

La mujer que un día irrumpió en la escena urbana con uñas afiladas, versos como disparos y la pose de chica ruda ya no necesita demostrar dureza. “Es un acto de valentía mostrarle al mundo quién una es de verdad, aunque el mundo no te crea, aunque el mundo te juzgue. Creo que este es el disco más valiente que he hecho”, afirma. Esa valentía es también la de quien atravesó la exposición más feroz de su vida personal: convertirse en madre bajo la mirada constante del público, y aun así elegir el silencio para proteger lo más importante. Hoy su prioridad se llama Inti.

El pulso de su presente late en varios frentes: el lanzamiento de un disco que la corre del centro de la escena del trap para adentrarse en otros géneros, en los que desnuda sus sentimientos más profundos con los sonidos de una Latinoamérica pocas veces mostrada; la publicación de Perreo, su primer libro, un ensayo que busca desarmar los prejuicios sobre la música urbana, y el ejercicio cotidiano de reinventarse sin dejar de ser ella misma. La expectativa, sin duda, está en el reencuentro con su público en Buenos Aires, el 13, 14 y 15 de septiembre y el 1° de noviembre en el Estadio Movistar Arena. Volvió Cazzu, volvió “La Jefa”.

SE ACABÓ EL TIEMPO, LLEGUÉ YO, HAGAN SILENCIO

“Si me acusan de agresiva, lo fui cuando hizo falta; si me acusan de saltar de combativa a romántica, también lo soy porque puedo ser todo eso y más. Jamás podrán reducir mi arte a la inspiración que me han dado los romances de mi vida, porque he escrito enamorada, triste, aburrida y contenta. Escribí para los traidores en el amor, para los cobardes en el trabajo, para las amigas que sufrieron, para perrear hasta el piso y para llorar hasta el cansancio.” Ese pasaje de Perreo pareciera ser una declaración de principios, y no es casual que eligiera la escritura para expandir los límites de su voz.

Cuando era muy pequeña, allí en Fraile Pintado, su ciudad natal, la biblioteca de su abuela o la escuela cooperativa que había fundado eran sus lugares favoritos. Rodeada de mujeres que tenían algo para decir, comenzó a darse cuenta de que la palabra era la herramienta que abría todas las puertas, pero que la verdadera clave estaba en saber discutir.

De ese aprendizaje temprano nació una convicción: la de no quedarse callada. Cuando les preguntaba a los profesores religiosos de la escuela por qué las mujeres no tenían la misma importancia que los hombres en la historia del catolicismo, no sabían qué responderle. Cuando les preguntaba a sus compañeros de banda por qué solo tenía que acompañarlos y no podía ser ella quien cantara, tampoco. En los libros, pero también en la calle, en la cumbia y en su propia historia familiar encontró la respuesta: que las mujeres no están en igualdad de condiciones ante los hombres.

Fue así que aprendió a convertir esa incomodidad y desigualdad en motor. Esos sueños que cumplían los demás, un día se volvieron propios. Dejó Tucumán y la Escuela Universitaria de Cine para llegar a Buenos Aires en busca de una carrera y de todas las herramientas necesarias para sentarse a hablar sobre lo que la inquietaba en la misma mesa que cualquier hombre. “En esta vida todo se compra, menos el tiempo”, le había dicho su mamá, y ella sabía que acá no podía perderlo.

En 2016, y recuperando el estilo trap que estaba dominando la escena urbana, comenzó a compartir sus canciones en las redes sociales. Rápidamente llamó la atención de productores y de colegas, como Duki y Khea, con los que luego grabó “Loca”, su primer gran hit. Más tarde, el remix con nada menos que Bad Bunny hizo lo suyo. A partir de allí, Cazzu no solo se mantuvo en el centro de la música urbana, sino que comenzó a construir una trayectoria marcada por la experimentación y la búsqueda de identidad propia. Colaboraciones como las de Bizarrap le permitieron ampliar su alcance y consolidar su estilo único. En un espacio exclusivo de hombres, como lo era el trap, la que pisaba fuerte era ella.

ME ODIAN PORQUE A LAS NENA’ LAS DESPERTÉ

Pero la fuerza de Cazzu no solo se evidenciaba en la habilidad de dominar la escena urbana, sino también en la manera de resignificar la sexualidad y el deseo femenino. “La mujer que sostiene un comportamiento similar al de un hombre, al que le va bien en esto de vincularse, es vista como una puta. El problema radica en que, al convertirse en una puta, pierde su derecho a exigir respeto”, sostiene en las páginas de su libro años después de todas esas críticas que debió afrontar cuando comenzó a ser ella la maleante, la que pedía un follow en OnlyFans, la que lucía diminutos tops de cuero brillante. Haciendo uso de herramientas como la seducción y la confianza, nunca pidió disculpas por la forma de vender su arte. Esa también era su resistencia dentro de los términos de la mirada masculina de la industria, que una y otra vez la quiso doblegar. Decir esa verdad jodió a más de uno.

Consciente de que para las mujeres los obstáculos se hacen sentir en todos los espacios, Cazzu no solo representó en sus canciones a muchas, sino que también humanizó la sororidad de la que tanto se habla en la sociedad con una mujer en particular: La Joaqui, la cantante más popular del RKT argentino. En el caos de la vida real y bajo los flashes enceguecedores de la fama, Julieta y Joaquinha forjaron una hermandad inquebrantable que desmitifica la idea de la competencia voraz que tantas veces se impone. Esa misma firmeza la llevó a defender su música frente a críticas que ridiculizaban sus letras solo por ser mujer.

Mientras ella conocía de primera mano los fierros, los barrios peligrosos y la supervivencia, muchos de los millonarios con flow solo podían inspirarse en películas para crear sus propias barras. Esa injusticia le molestó profundamente y la convirtió en una voz decidida a mostrar que siempre se duda de la veracidad de las mujeres en sus canciones, como si su inspiración solo pudiera ser el amor romántico y nunca la crudeza de su propia vida.

UNA MUJER VALIENTE, BIEN DEL ALMA Y DE LA MENTE

“¿Cómo permaneces suave o con el corazón abierto ante unas realidades devastadoras?”, le preguntó Ash, coconductora del exitoso podcast mexicano Se regalan dudas, sorprendida por la entereza con la que Cazzu narra su presente. La artista comienza construyendo su respuesta detallando que se asombra por el cariño recibido en ese país, hasta que sentencia su realidad: “Tengo un libro al que le va bien, un disco al que le va bien, me dicen ‘La Jefa’, estoy en mi peak… pero soy mamá soltera”. El nacimiento de Inti, en 2023, cambió su vida por completo y, lejos de frenar su carrera, la impulsó a mostrar una vez más que el mundo sigue siendo desigual. Sumergida en una pelea contra el sistema judicial por la tenencia de su hija y dejando atrás una exposición mediática feroz ligada a su relación con el padre, Cazzu eligió no pelearla desde la confrontación, sino resignificarla. Un poco de todo esto se escucha en Latinaje, su último disco, donde lo auténtico de la fragilidad se volvió esencia de este trabajo.

Con catorce canciones y un género distinto para cada una, el disco se convirtió en el proyecto más ambicioso e íntimo de su carrera: desde una copla con autotune hasta una cumbia santafesina dosmilera, pasando por un trap pop del altiplano y unos versos del trovador Facundo Cabral. Latinaje llegó para, una vez más, superar las expectativas que todos tenían de la artista. El giro fue completo: Cazzu demostró que volver a las raíces y abrir el corazón siempre, pero siempre, es la mejor opción.

Fotos: Gentileza Vogue Mexico

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