Duki, el pibe que empezó de cero hace siete años y hoy es una estrella mundial

Después de protagonizar dos noches sold out en el estadio de River, el golden boy del trap latino se prepara para seguir haciendo historia: esta vez, en el Santiago Bernabéu, de Madrid. Un hecho sin precedentes para la música urbana argentina, que traspasa fronteras y no conoce límites para sus sueños. Igual que él.

Por María Julia Córdoba

“Mi espalda es la espalda del trap argentino”, dice Duki mirando fijo a sus interlocutores. Es octubre de 2023, está saliendo al aire por Vorterix y los conductores de Paren la mano lo miran atento. Mauro Lombardo se planta como quién es: el pibe que empezó de cero hace siete años y hoy es una estrella global.

Tiene 27 años, es porteño –de Almagro–, y bajo el seudónimo Duki (que en algún momento reemplaza por Duko), logró que el trap argentino esté en la cima del mundo. Este 2023 lo cerró en el Más Monumental: fue el primer artista de música urbana en hacer sold out (y para dos shows) en la cancha de River. El año pasado rompió otro récord: fue el primero de los traperos en tocar en un estadio, ante cuatro Vélez colmados. Y en 2024 irá por más: lo espera, también repleto, el Santiago Bernabéu, de Madrid.

El parque Rivadavia de Caballito vio nacer a Duki y a toda una camada de raperos, que luego pasaron de las rimas a la música, como Paulo Londra, Lit Killah y Wos. En ese mítico parque se organizaba El Quinto Escalón, una competencia de freestyle creada por el trapero Ysy A –compañero de Duki durante los años posteriores– y el presentador Muphasa, y duró desde 2012 hasta 2017.

“Yo quería rapear como esos negros que veía en YouTube, pero no lograba darles musicalidad a las rimas. Por eso empecé a competir. Las batallas eran una forma de entrenamiento”, dijo Duki mientras posaba para la tapa de la Rolling Stone, en 2018. En un abrir y cerrar de ojos, pasó de las competencias de freestyle a la revista de las estrellas. Cuatro años después, Duki admitirá que la cuarentena por Covid-19 en 2020 le sirvió para frenar y ver todo lo que había conseguido hasta ese momento. Su carrera fue un cohete a la Luna que casi no lo dejó pensar.

Volvamos al principio. Tiempo antes de El Quinto Escalón, Mauro rapeaba (un poco en broma, un poco en serio) con sus amigos del colegio. Hasta que una vez fueron a Madero Free, la competencia de freestyle que se organizaba en Puerto Madero, y vio su oportunidad. En 2016, el pibe que había encontrado en las rimas su camino, ganó una edición de El Quinto Escalón en una batalla hoy icónica contra el rapero Nacho y, como premio, pudo grabar su primer tema, “No vendo trap”.

En el videoclip se lo ve sin los tatuajes de ángel y diablo debajo de sus ojos y con el rostro aniñado. Cosechó dos millones de vistas en YouTube en tan solo dos semanas. El fenómeno estaba despegando. De sus comienzos, Duki destaca a Neo Pistea y Mike Southside, entre otros, como los pioneros del trap que luego él revolucionó.

“Trap” eran las casas donde se vendía droga en Atlanta, Estados Unidos, en la década de los 90. Sin pelos en la lengua y con la valentía de quien no tiene nada para perder, los dealers hacían canciones sobre lo que estaban viviendo. Esa es la base cultural del trap: hacer música en carne viva. Se ubica como un subgénero del hip hop y suena con sintetizadores.

Cuando mira para atrás, Duki reconoce que Ysy A le dio la idea de salir del freestyle y hacer música. Mientras componía, se fue a vivir con sus coequipers, Ysy A y Neo Pistea, con quienes conformaría el trío Modo Diablo. Antezana 247 es la dirección de “La mansión” donde vivieron, que hoy es casi un santuario en Caballito. La fachada de la casa está grafiteada por los fans, con dibujos gigantes de sus caras.

Mientras curtían su adolescencia y creaban un fenómeno, Duki se hizo adicto al Xanax, un fármaco recetado generalmente para los ataques de pánico, al que le dedicó una canción en 2018. Tiempo después logró desintoxicarse solo y contó en varias entrevistas que, en gran parte, le debe su rehabilitación al camino que venía haciendo con la música. Aunque siente algo de vergüenza por los videos que circulan de él durante su época de excesos, donde subía stories “pasado”, los toma como un aprendizaje. Hoy siente responsabilidad ante sus más de 13 millones de seguidores de Instagram.

Ese descontrol quedó plasmado en un momento glorioso para la historia corta del trap en el país: cuando junto a Ysy A y Neo Pistea fueron Modo Diablo. Hits como “Quavo” los ubicaron como el tridente que encarnó el surgimiento de una nueva era, y como líderes de una generación que buscaba algo distinto.

Su éxito lo llevó a codearse rápido con el puertorriquense Bad Bunny, estrella del género, y ser parte de su show en el Luna Park en 2018. Eso mismo pasó después de grabar el remix de “Loca”, track que marcó un antes y un después en la Argentina, y que Duki hizo junto a Cazzu y Khea, dos artistas que también surfearon esa primera ola. La relación de Duki con los artistas de talla mundial fue creciendo con el paso de los años. Hoy se sienta en la misma mesa.

Una de las claves de su éxito se ampara en quién es. A pesar de lo arrolladora que resultó su carrera, Duki se muestra genuino. Su cara llena de tatuajes contrasta con el pibe sensible y –según él define– inseguro, que hay detrás. Fanático de Dragon Ball y del animé, cree en la energía de las personas, y en “el ki” (como tenía Goku) de su aura. “Yo soy hombre, lloro desde que nací y viví triste toda mi vida, y gracias a eso me hice fuerte”, dijo el fin de semana pasado frente a un River colmado. “Si estás triste, hablálo, contálo, decíselo a la gente, no tengas miedo a estar triste”, siguió.

“Lola”, “Rockstar”, “Hello Cotto”, “She Don’t Give a FO”, “Goteo” y “Givenchy” son la columna vertebral del trap argentino. Aunque pertenecen a distintas etapas de Duki, todos están atravesados por su flow y combinados con el uso exagerado, potente y característico del autotune, una herramienta para regular las voces, que fue criticada por músicos de otros palos.

El mismísimo Charly García vio a Duki cantar “Rockstar” en vivo con una orquesta sinfónica durante la entrega de los Premios Gardel 2018. Cuando fue su turno de subir al escenario, sentenció: “Hay que prohibir el autotune”. En 2021, ante el periodista Julio Leiva, Duki se mostró orgulloso de que Charly lo haya nombrado, aunque fuera para criticarlo.

No desconoce la historia de este suelo, ni la suya. Valora de su familia la pulsión artística, le agradece a su hermano mayor Nahuel y a su padre Guillermo, quien lo llevó a su primer recital cuando justamente Charly tocó en Vélez en 2009, por haberle inculcado la pasión por la música.

Su familia se completa con su mamá Sandra y su hermana menor, Candela. Desde hace tres años está en pareja con Emilia, la artista revelación del año. El hijo del medio admite que el despegue a la fama lo hizo rodearse de “amigos del campeón” en más de una ocasión. Por eso, hace varios años, su familia trabaja con él y su papá Guille lo acompaña en las giras, codo a codo con su manager Fede Lauria, la cabeza de Dale Play Records, que alberga también a artistas como Nicki Nicole y Bizarrap.

Duko dejó atrás al pibe rebelde y se convirtió en un profesional con el paso de los años. De más chico, se lo vio envuelto en una pelea callejera filmada con un celular, y fue viral cuando invitó a pelear a un streamer por stories y fue hasta la puerta de su casa. Pasó la página, se calzó la cinta de capitán y supo usarla: Duki se la pasa recomendando artistas que todavía no llegaron al mainstream y hace feats con traperos que están dando sus primeros pasos. El Mauro persona es una pieza fundamental para que los artistas de esta era se acompañen tanto en el éxito como en la exposición desmesurada.

Dos himnos atraviesan la historia reciente de la música urbana argentina. Uno fue “Tumbando el Club (Remix)”, una canción de Neo Pistea en la que participaron todos los artistas “pegados” de la escena en 2019, como el propio Duki, Cazzu, CRO y Khea, entre otros. Este año “Los del Espacio” fue un hit que volvió a reunir a todos los artistas del momento: María Becerra, Rusher King, Tiago PZK, Lit Killah, Emilia, FMK, Big One, y claro, Duki, quien atraviesa el recambio generacional y lidera.

En sus canciones también se refleja el cambio de época: pasó de hacer temas oscuros a fluir entre géneros, mezclarse con el rock, el sonido latino y presentar discos atravesados por conceptos. En 2021 compuso Desde el fin del mundo y lo presentó con un show vía streaming desde El Calafate, en medio del Glaciar Perito Moreno. El arte del álbum era un mapa que situaba a la Argentina como “capital del trap”, y solo invitó a artistas latinoamericanos a participar de sus canciones, aquellos que representaran el sonido del sur.

Mauro lleva una larga lista de sueños cumplidos en su carrera, de récords rotos y de fans incondicionales, que hasta se tatúan la cara igual que él (para asegurarse de ser la versión original, Duki lleva tatuado en el cachete una tilde como una insignia de “verificado”). Pero, sobre todo, lleva el orgullo de saber que hubo una generación de pibes y pibas centennials a los que el rock, la cumbia o el reggaetón dejaron huérfanos, y él fue y los representó.

Fotos: gentileza CZ Comunicación

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