Hongos psicodélicos para tratamientos de salud mental: cómo se investiga en la Argentina este nuevo paradigma

Por estos días, la ciencia avanza a paso firme sobre los diversos usos de la psilocibina en tratamientos de salud mental. La opinión de los expertos y la guerra contras las drogas.

Seeking the Magic Mushroom. Está pasando, y está pasando ahora mismo. Cada vez más, el mundo de la ciencia se inmiscuye en la investigación del uso de hongos psicodélicos para su implementación en tratamientos de salud mental. Por estos días, una buena parte de la comunidad científica internacional se debate sobre los diversos usos de la psilocibina. Se trata de un compuesto alucinógeno responsable del efecto psicoactivo de ciertos hongos comestibles. 

Pero hubo un antes de antes. Con el químico suizo Albert Hofmann investigando el hongo del centeno y hubo, allí, una casualidad: descubrió el ácido lisérgico. Buscaba una cosa, encontró otra. Serendipia, le dicen. Pasó la contracultura, pasó el LSD, se vivieron dos décadas intensas en las que el movimiento hippie consumió alucinógenos. Hubo libertad y recreación. Hubo trips y sanación.

Hubo más hitos pero un repaso veloz dirá que se prohibió el consumo. Y que, en consecuencia, todas las investigaciones científicas quedaron frenadas. Así, el potencial de la psilocibina quedó oficialmente en stand-by. Sin embargo, en la última década, distintos especialistas comenzaron a instalar la necesidad de la investigación y del desarrollo potencial de la psilocibina. 

“La psilocibina se desfosforila a psilocina, la cual actúa como agonista parcial de varios receptores de serotonina. La psilocina posee una alta afinidad por el receptor de serotonina en el cerebro donde imita los efectos de la serotonina”, explican los investigadores Torsten Passie, Juergen Seifert, Hinderk M. Emrich y Udo Schneider en “The pharmacology of psilocybin”. En criollo (o casi casi), existiría una acción sobre las neuronas piramidales de la corteza cerebral, las cuales se cree que están involucradas en la percepción del dolor y la ansiedad.

Por lo demás, una aclaración. Los hongos psicodélicos (del género psilocybe) no suelen usarse en investigaciones clínicas por las mismas razones por las que no se suelen usar plantas en los ensayos clínicos. “Las plantas, los fungi y la materia viva son muy poco consistentes en su composición química, lo cual dificulta la rigurosidad científica. Normalmente se extrae y se aísla el compuesto químico activo y se hace un ensayo con ese compuesto”, comenta Natan Ponieman, periodista especializado en la industria legal de los psicodélicos para uso médico en los Estados Unidos y Canadá.

“La gente se ha dado cuenta de que estas sustancias tienen el potencial de penetrar nuestra psicología y de permitirnos una transformación interna, un especie de cambio de perspectiva existencial, cuyos efectos positivos no tienen límites.”

Jason Silva

PSISCODÉLICA STAR

En el caso de los hongos, el principal compuesto psicodélico es la psilocibina, un antagonista de los receptores de serotonina con una estructura química muy similar a la del LSD (dietilamida de ácido lisérgico) o del DMT (dimetiltriptamina). “Por esto, la mayoría de los estudios son sobre psilocibina aislada (muchas veces generada en un laboratorio) y no sobre hongos con psilocibina, aunque se espera que la mayoría de las conclusiones a las que se llegue con psilocibina deberían poder extrapolarse a los hongos que contienen esa molécula”, sigue Ponieman.

Mientras tanto, hay en curso un tendal de estudios clínicos hechos con psilocibina para diferentes indicaciones médicas y psiquiátricas: estudios comparativos de psicoterapia asistida con psilocibina versus antidepresivos comunes, estudios clínicos de fase 2 para pacientes con trastorno de depresión mayor, estudios de fase 2b para la habilitación comercial del uso de psilocibina en pacientes con depresión resistente al tratamiento. Pero estos son solo algunos, ya que hay decenas de estudios realizándose en este mismo momento.

“El interés por los psicodélicos en general para el tratamiento de muchos trastornos de salud intratables ha crecido en los últimos años”, reconoce el doctor Andrew Chadeayne, director general de CaaMTech, una de las principales empresas de investigación y optimización de fármacos basados en psicodélicos que cumplen con los estándares de la medicina moderna.

Chadeayne se dedicó al estudio de la neuropsicología de la adicción en la Universidad de Princeton. Más tarde estudió Química, y en la actualidad se dedica al derecho de patentes químicas y farmacéuticas. “Vi una oportunidad en el desarrollo de medicamentos psicodélicos para cubrir la necesidad insatisfecha de comprensión científica fundamental de estos compuestos increíblemente poderosos”, revela.

“Los psicodélicos se encuentran en un estado de tremendo cambio en el mundo occidental. La situación está evolucionando rápidamente”, continúa el norteamericano. En cierto modo, a partir de la amplificación mediática y del boca en boca, el uso de hongos psicodélicos aplicados a temáticas de la salud está viviendo una especie de “furor”. No obstante, muy posiblemente, el resurgimiento de este tipo de terapias tenga que ver con el “regreso” de las drogas psicodélicas al campo científico. 

“La evidencia clínica demuestra que realmente tienen efectividad en el tratamiento de algunas patologías muy específicas de salud mental”, explica Ponieman. “La gente se ha dado cuenta de que estas sustancias tienen el potencial de penetrar nuestra psicología y de permitirnos una transformación interna, una especie de cambio de perspectiva existencial, cuyos efectos positivos no tienen límites”, suma el presentador de televisión Jason Silva, vinculado con el mundo de los psicodélicos a través de Ciberdelia, proyecto que mezcla cibernética y psicodélicos. 

LA GUERRA CONTRAS LAS DROGAS

Silva es una de las pocas celebridades norteamericanas que defienden fervientemente el uso de sustancias entógenas. Es que, en los Estados Unidos, la psilocibina es considerada ilegal y está listada como una “sustancia altamente adictiva y sin potencial para uso médico”. Consecuencias que todavía resuenan de la inefable “guerra contra las drogas”, aquella política impulsada por el gobierno de Richard Nixon orientada a la persecución de la producción, el comercio y el consumo de ciertas sustancias psicoactivas. 

“La psilocibina solo existe de manera legal (bajo leyes federales) como sustancia de investigación académica, y para uso humano, solo en estudios clínicos aprobados”, aclara Ponieman. Así las cosas, hay ciertas jurisdicciones de los Estados Unidos que han despenalizado algunos psicodélicos producidos naturalmente, como los hongos con psilocibina, la planta de iboga, los cactus con mescalina (peyote y san pedro) y la ayahuasca. “Estos no son legales sino que se aprobaron medidas jurisdiccionales”, puntualiza el periodista especializado.

“La psilocibina tiene la capacidad de sanar afecciones graves en pacientes que las sufren por décadas, de manera segura y en pocas sesiones que no implican depender de una droga de manera cotidiana”, se entusiasma Chadeayne. “Veo mucho progreso en los Estados Unidos. Desde la legalización de la marihuana en varios estados hasta la descriminalización de psicodélicos, también en varios estados, asoma una ola de cambio”, se monta Silva.

¿Y EN LA ARGENTINA? 

La cosa viene un poco más lenta acá. Siguiendo la “Convención sobre Sustancias Psicotrópicas”, aprobada en la Conferencia de las Naciones Unidas de 1971, la Argentina adhirió a agregar a la psilocibina como una sustancia de lista 1. “No se ejecutan cotidianamente grandes operativos de seguridad buscando hongos con psilocibina, pero legalmente sigue siendo altamente prohibida y su uso y comercialización pueden ser castigados por la ley”, devela Ponieman.

Entretanto, los esfuerzos científicos domésticos por estudiar la psilocibina en humanos de manera legal no lograron obtener las aprobaciones de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) ya que, aquí, no hay precedentes históricos de investigaciones con sustancias vinculadas a la tristemente célebre “lista 1”. 

Viene a cuento revisar la charla TEDx “Psicodélicos para iluminar la conciencia” de Enzo Tagliazucchi, investigador del Conicet y director del Laboratorio de Conciencia, Cultura y Complejidad en la UBA. Y, también, vale la pena ver el documental Magic Medicine, que sigue el primer ensayo clínico de la historia sobre la terapia con psilocibina para pacientes que luchan contra la depresión en el Reino Unido.

“¡Déjennos hacer investigación científica con psicodélicos!”, implora Tagliazucchi en TEDx. En ese sentido, su pedido no anida en reclamos por habilitar el consumo, sino que aboga por más conocimiento, por más ciencia. En suma, busca habilitar la investigación de psicodélicos como herramienta para entender la mente y, en términos médicos, para buscar ayudar a quienes lo necesiten. “La Argentina tiene mucho potencial en el área de investigación clínica y podría contribuir muchísimo al avance de la ciencia en esta área”, se lamenta Ponieman. Fantastic fungi. Está pasando, y está pasando ahora mismo. 

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