La reinvención de Beyoncé: por qué su último álbum, Renaissance, no para de romper récords

Después de seis años de silencio discográfico, la ex Destiny’s Child lanzó Renaissance, su último álbum de estudio. Un reflejo de los tiempos que corren, donde los sonidos del pasado se reciclan y se integran con el presente para reivindicar la cultura afro.

Para un artista pop, seis años de silencio discográfico es mucho tiempo. En épocas donde prima la inmediatez y lo efímero, un período semejante sin lanzar un álbum puede significar una condena al olvido, el certificado de defunción de una carrera.

Beyoncé Knowles, en cambio, como una de las intérpretes y compositoras más importantes y exitosas del siglo XXI, tiene espalda para hacer lo que quiera y salir airosa. Renaissance, su séptimo trabajo, es un compendio de cuatro décadas de historia de la música bailable concentrado en dieciséis canciones. Una idea que, a priori, puede parecer trillada, pero con ella se convierte en vanguardia pura.

La ex Destiny’s Child podría haberse adaptado a las tendencias actuales y editar sencillos todos los meses. Sin embargo, para ella, el álbum es el último bastión para canalizar su activismo de forma completa, y por eso se empeña tanto en entregar un producto que valga la pena de principio a fin. Lemonade, el disco que editó en 2016, es una muestra cabal de eso, un trabajo sobresaliente donde cada canción fue elaborada al detalle, sin dejar nada librado al azar. 

Renaissance está igual de cuidado, pero su concepto es completamente diferente. Grabado en pandemia, funcionó como vía de escape del momento oscuro que vivía la humanidad. Como les sucedió a muchos, el confinamiento de Beyoncé fue muy productivo y este trabajo es el primero de una trilogía.

Los tracks del disco están perfectamente hilvanados, como si un DJ se hubiera dispuesto a reconstruir la historia de la música dance desde fines de los 70 hasta la actualidad.

La razón por la que decidió sacarlo ahora, es decir, durante el verano del hemisferio norte, es porque cree que por fin la pesadilla terminó y que todo volvió a la normalidad. Como dijo a la revista Harper’s Bazaar en 2021: “Con todo el aislamiento y la injusticia que hubo el año pasado, pienso que estamos listos para salir, viajar, amar y reír de nuevo. Siento que está emergiendo un renacimiento y quiero alimentar esa liberación de cualquier manera posible”.

Por primera vez en su carrera, Knowles invita a la pista de baile. Los tracks están perfectamente hilvanados, prácticamente sin pausas, como si un DJ se hubiera dispuesto a reconstruir la historia de la música dance desde fines de los 70 hasta la actualidad, pero con una clara intencionalidad que hace del LP una declaración de principios: demostrar que han sido los artistas afroamericanos los que la han hecho evolucionar durante los últimos cuarenta años. 

Hace tiempo que Beyoncé se erigió como una de las principales representantes de la lucha por la igualdad racial y de género en los Estados Unidos. En Lemonade incluyó una cita al activista por los derechos civiles Malcolm X, y “Freedom”, su dueto con Kendrick Lamar, fue el himno de las protestas por la muerte de George Floyd en manos de la policía de Mineápolis en 2020. La respuesta de la cantante frente a estas movilizaciones fue “Black Parade”, una canción que reivindica la cultura negra y el orgullo de pertenecer a ella. Antes, aprovechó su participación en la remake de El rey león para grabar una banda sonora influenciada por los ritmos africanos.

Mientras que las letras de Renaissance invitan a mover el cuerpo, gozar y, sobre todo, ser felices, es la música la que esconde el mensaje político que busca transmitir la compositora de “Crazy in Love”. Si la música electrónica es un invento de los blancos, fueron los negros los que la usaron para poner a bailar el mundo. La hipótesis se sostiene a lo largo de todo el álbum con beats, samples y citas que remiten en su mayoría a artistas afroamericanos.

En lo que va del año, Renaissance fue el álbum más escuchado en plataformas de streaming el día de su lanzamiento y el segundo más vendido después de Harry’s House, de Harry Styles.

El punto de partida es la música disco, que aparece en “Plastic off the Sofa” y en “Cuff It”, que tiene de invitado al guitarrista Nile Rodgers, fundador de Chic y pionero del género. Pareciera que su participación es garantía de autenticidad, ya que Daft Punk también recurrió a él cuando grabó su álbum retro Random Access Memories en 2013.

“Summer Renaissance”, que cierra el LP, incluye un fragmento de “I Feel Love” de Donna Summer, la primera canción cuya base instrumental está hecha en su totalidad con sintetizador. La idea fue del productor italiano Giorgio Moroder, pero, como sostiene Beyoncé, fue un hit gracias a la impronta de la intérprete de “Hot Stuff”, por lo que el éxito del eurodisco también es obra de un artista negro.

La mayor parte de los temas de Renaissance toman elementos de diversos subgéneros de la electrónica, como el house de Chicago, el techno de Detroit y el breakbeat. Las melodías R&B que siempre la caracterizaron están presentes, pero solapadas entre innumerables capas de sintes y cajas de ritmo. Para lograr este sonido, Beyoncé convocó a numerosos productores, como The Neptunes, la histórica dupla de Pharrell Williams y Chad Hugo; el DJ Skrillex, y Raphael Saadiq, toda una institución del R&B moderno. A pesar de que trabajó con creadores de éxitos de primera línea, el resultado es un álbum que está más cerca de la discoteca que de las radios. 

La falta de sencillos aptos para la FM no impidió que tanto el primer adelanto (“Break My Soul”) como el álbum llegaran al primer puesto de los rankings de varios países. Al poco tiempo de su salida, Renaissance está rompiendo todos los récords de este año: fue el álbum más escuchado en plataformas de streaming el día de su lanzamiento y el segundo más vendido después de Harry’s House, de Harry Styles. También ostenta la marca de ser el vinilo más vendido en su primera semana de lanzamiento por parte de una artista femenina desde que esto se mide, en 1991.

A diferencia de otros discos bolicheros contemporáneos, como Future Nostalgia, de Dua Lipa, y Chromatica, de Lady Gaga, que toman elementos vintage para desarrollar un sonido actual, Beyoncé se vale deliberadamente de innumerables samples e interpolaciones para dejar al descubierto sus influencias. En ese sentido, el álbum traza un paralelismo con Confessions on a Dancefloor (2005), de Madonna, donde la diva mostró sus cartas y citó a muchos de sus referentes, desde ABBA hasta ella misma. 

De esta manera, y por si quedaban dudas, Beyoncé se erige como la indiscutible reina afroamericana del pop, una monarca que se dispuso a recuperar la música que la marcó, trayéndola al siglo XXI prácticamente en su forma original. En ese sentido, Renaissance también es el renacimiento del sonido que inundó las pistas de baile desde la explosión del disco funk en adelante y que tanto Beyoncé como su hermana Solange escucharon de la mano de su “tío” Jonny, su primo gay y madrina, que fue quien las crio con su madre y las apoyó en sus comienzos (incluso confeccionando el vestuario de sus primeros shows). Este trabajo está dedicado a su memoria –falleció tras una dura batalla contra el sida–, pero también es un homenaje a la comunidad LGBTIQ+ y, como expresó ella en sus redes, “a todos los pioneros que originaron esta cultura”.

Renaissance es una verdadera reinvención, un álbum que libera energía positiva en cada canción y que sale en el momento justo, cuando todo vuelve a girar y el encierro parece haber quedado atrás. También es un reflejo de los tiempos que corren, donde la música del pasado se recicla y vuelve a sonar como si fuera nueva, integrándose con el presente y el futuro en una sociedad en la que se hace cada vez más necesario reafirmar la propia identidad para poder aceptar al otro y hacer del mundo un lugar mejor. Ese, en definitiva, es el renacimiento que propone Beyoncé.

Fotos: Mason Poole y Carlijn Jacobs

Agradecimientos: Sony Music

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