Flor Sosa: la empresaria e influencer que trabaja como activista por los derechos de las mujeres

Lidera una empresa de salud, es presidenta de la Cámara de Propietarios de Farmacias de Catamarca y una de las influencers más populares del país. Una mujer que logró transformar su camino amalgamando la creatividad en universos dispares que se unen bajo una misma voz.


Es licenciada en Administración de Empresas y contadora pública de la Universidad Católica de Córdoba. Tiene un posgrado en Mando & Business Intelligence en la Universidad de Belgrano en Buenos Aires y un máster en Finanzas y Women’s Leadership Program en la Universidad de Yale.

Trabaja como gerenta general del Grupo de Empresas ECA y Minerva Farmacias, firma de la que se hizo cargo tras el fallecimiento de su padre, y es presidenta de la Cámara de Propietarios de Farmacias de Catamarca y creadora y presidenta de la Fundación Ayudanos a Ayudar.

Además, es fashion y travel blogger: su cuenta de Instagram comenzó como un juego y hoy es un hobby que la potencia, dice, con más de 98 mil seguidores. Y aún hay más: trabaja como activista por los derechos de las mujeres y jóvenes en el mundo de los negocios.

“Decidí transformar el dolor en acción y honrar la memoria de mi padre como mantra”, escribe Flor Sosa en su blog. “Con el negocio familiar de empresas al hombro, senté base en Catamarca y traté de ocupar esa silla nada fácil de llenar, un camino gigante de gran fuerza de trabajo y, a la vez, espacio de sanación.

Cuando sos chico y pertenecés a una familia que tiene una empresa, sabés que en el corto o mediano plazo te va a tocar algún día involucrarte y continuar un legado. En mi caso, al ser hija única de mi papá, estaba mucho más marcado, pero nunca fue una obligación ni una imposición. Tuve la libertad de elegir hasta los últimos días de vida de él. Fue algo muy hablado y eso me dio mucha paz.”

–¿Siempre estuviste involucrada en la empresa?

–Lo hacía en el área de marketing, comunicación y ventas, que es lo que más me gusta. Aportaba algunas estrategias, pero trataba de no involucrarme en la parte dura de decisiones porque sentía que ese era el lugar de mi padre. No hubiera sido posible que estuviésemos los dos a la cabeza, siempre lo digo; no creo que esa conjunción hubiera sido factible para un liderazgo porque éramos muy distintos.

Soy una gestión completamente diferente y no sólo por una cuestión de generación o de género. Mi viejo no tuvo ninguna carrera universitaria, venía de un pueblo, tenía otra cultura y otras raíces. Y si bien también soy muy catamarqueña, yo había viajado por el mundo, tengo muchos títulos, adquirí otro conocimiento, ni mejor ni peor, diferente.

–¿La decisión de hacerte cargo fue instantánea?

–Sí, mi papá murió un viernes santo y yo el lunes estaba trabajando. No había lugar para que ocurriese otra cosa, no pude quedarme en mi casa, no lo veía factible.

–¿Y cómo fue el primer encuentro con los empleados?

–Imaginate que el 85 por ciento de mi empresa me vio nacer, conocen toda mi historia y era rarísimo para mí bajar línea o tener autoridad sobre alguien que me conoce desde que soy chiquita. Había gente que tenía más años de trayectoria que lo que yo tenía de vida. Pensá que estamos hablando de una empresa que está en Catamarca, las provincias del norte son mucho más machistas, y me atrevo a decir que en total debe de haber dos empresarias mujeres a la cabeza y no mucho más.

Eso también fue un tema importante, porque me tocaba tomar el mando siendo joven y siendo mujer y, en ese momento, ambas cosas podían ser mis debilidades o mis fortalezas. Hubo momentos en los que me tuve que mostrar el doble de fuerte que lo que soy. Me pareció muy importante empezar de cero con todos: estar cerca, que todos me conocieran y yo saber el nombre de cada una de las personas que trabajaban conmigo, cada historia particular, porque no sólo era un mundo nuevo para mí sino también un mundo que ya estaba armado.

Yo heredaba un equipo que me llevaba por lo menos 30 años, y si bien siempre supe que quería respetar trayectorias, también entendí que necesitaba sumar gente que pudiera hablar mi lenguaje y seguirme el hilo.

–¿Cómo encontraste la manera de aunar la empresaria con la influencer?

–No fue fácil, porque si bien me salía naturalmente, me costaba explicarlo; esa fue mi mayor dificultad. ¿Cómo cuento que soy este quilombo de cosas y que del otro lado se entienda, sea prolijo y no pierda ni la seriedad ni la autoridad pero tampoco me convierta en una persona que no soy? Hace poco logré empezar a entenderlo, que esta es mi imagen y que tengo que trabajarla, y de a poco me voy encontrando.

–Es que hay un prejuicio con que la moda está muy ligada a lo banal.

–¡Totalmente! Y a lo superficial. Y cuando sos mujer es peor. Yo no quería perder seriedad ni poder, pero también quería entrar en una reunión con mi impronta, con mis gustos en moda, mis tendencias y que nadie me estuviera juzgando por eso. Yo no soy menos por caer a una reunión en bermudas y zapatillas, pero esa pelea fue durísima, se necesita mucha fuerza interior.

Mi Instagram no es moda solamente, hay lifestyle, un storytelling de mi día a día, y fuera de eso, era la presidenta de la Cámara de Farmacias, fui la primera presidenta mujer, y después entré en la Federación Económica, espacio que estuvo parado más de quince años y remontamos, involucrando mujeres en el directorio porque nunca las hubo.

Lo mío es romper las barreras y hacer cosas diferentes, llevo mis banderas adonde voy: la de la juventud, la del emprendedurismo y la de la mujer. En Catamarca, los cambios cuestan más, somos más conservadores, y quiero cortar con eso. Vos ves a esta chica que la semana pasada estuvo en un desfile de D&G en París y una semana después está en la plaza del centro con el mismo look y la misma actitud. Todos podemos lograrlo y llegar, y ese es también mi mensaje: nada es imposible, las cosas no las logran sólo las grandes celebridades.

REVERTIR EL EFECTO PANDEMIA

“Desde el lado empresarial, la salud fue un área muy afectada, tuvimos bajas del 30 y 40 por ciento y se sintió. En la provincia hubo una rotación de los productos y de ventas, conocimos un consumidor totalmente nuevo porque el boom fueron los productos de belleza: récord de ventas en tinturas de pelo, cremas, mascarillas. Nos dimos cuenta de la necesidad de la gente de, al frenar un poco, aprovechar para verse y ocuparse de sí misma.

Desde el lado personal fue durísimo estar encerrada, pero fue una novedad porque me conocí muchísimo, laburé el dolor porque fue la primera vez que conectaba con la soledad, con la ausencia de mi padre en casa, con el silencio, con la quietud, con el duelo. Hubo días no tan buenos, pero lo ameritaba y lo necesitaba para ponerme en órbita otra vez; tanta ebullición requería un momento de paz.

Y desde el costado influencer, trabajé el lado creativo en las redes evitando contar lo mismo que estaban contando todos: la foto de la taza de café o la cama. Jugué con el feed de colores, una semana metía outfits en azul, la otra verde, la otra roja, y eso me dejó conocer mi vestidor y analizar cosas que no tenía en cuenta antes. Conocí otro mundo desde los colores. Además, me propuse ayudar a marcas locales; es más, ahora voy a hacer una colaboración con Élida, una marca de una mujer con nombre de mujer.

La idea es mostrar las técnicas y trabajos de los artesanos locales porque ellos hoy no tienen forma de viralizar, de comercializar, no reciben ayuda ni conectividad. Estoy hablando de una artesana que quizás hace magia pero está en el medio de una montaña y no tiene forma de pasarte un Posnet o darte una cuenta o conectarse con vos. Es mi primera apuesta de moda en el exterior y me importa mucho contar el proceso detrás del producto terminado, no sólo mostrarte la prenda o la intervención sino la historia real.

–Y reflotaste la actividad en la fundación.

–Sí, salí a los barrios a ver qué estaba pasando. Hubo sectores completamente olvidados. Durante la pandemia se bajaba línea de “lavate las manos”, y donde yo te hablo no había ni agua, ni jabón, ni lavandina. Es gente que no tiene piso, ¿de qué están hablando? Vos llegabas a los barrios y la pandemia no existía, no la conocían, no sabían qué les decías.

No fue sólo ir a dar bolsos de comida, no se trataba de eso, sino de saber qué era lo que estaba pasando, de por qué se está olvidando a esta gente, de unir barrios, de armar un núcleo, de tejer una red. Capacitar, organizar, viralizar y alivianar el duro pasar.

–Hay una intensidad permanente en el área de salud, que, imagino, se potenció con la pandemia.

–Sí, de hecho, Catamarca fue de las provincias con más feminicidios en el último año y con más denuncias de violencia de género. Desde la Cámara se diseñó una campaña de barbijos rojos donde las mujeres que eran violentadas podían caer a la farmacia con un barbijo de este color e inmediatamente todos los empelados teníamos el alerta de que esa mujer estaba necesitando ayuda.

Nosotros estamos mucho en la calle con presencia de farmacia y ambulancia y hemos colaborado en situaciones muy complejas. Tené en cuenta que nosotros hacemos emergencias y entramos en las casas de la gente y vemos y escuchamos cosas que no las vive un médico en su consultorio. Es un momento de mucha confianza, porque no sólo entrás en la casa de alguien sino que lo hacés en un momento de necesidad.

La gente no te prepara la mesa cuando vas, no es una anfitriona. Vas focalizado en la urgencia y muchas veces hay que denunciar una situación privada y anónima, y en eso nos estamos capacitando constantemente. Lo mismo en nuestra cabina de despacho, que se encarga de recibir todos los llamados y en segundos tenés que bajarle línea a alguien que no conocés pero sabés que está nerviosa, gritando en plano estrés.

–Es una intensidad permanente y además terminás formando parte de la historia del otro, porque de algún modo, aun profesionalmente, te involucrás en un rescate.

–Exactamente. Se hace un trabajo muy humano y estás al servicio permanente del otro, las 24 horas del día, los 365 días del año. No hay Navidad ni cumpleaños. Es vivir al palo en un rubro muy duro; fuimos esenciales todo el tiempo, no hubo días de descanso pero salvamos muchas vidas, familias y hogares.
Cientos de mujeres mueren por año en Catamarca victimas de Femicidios; y en el último año, exacerbados por la pandemia. La mayoría de los casos, por no decir casi todos, ni siquiera quedan registrados y pasan al olvido.

Muchas veces, en los que son judicializados, las mujeres no reciben la protección que necesitan; por eso pienso que debemos actuar para un cambio cultural profundo, que el tema sea tratado de raíz y reflexionemos sobre el rol que el hombre ocupa en la sociedad "a la manera actual", para que esto no siga pasando.

Yo como mujer y con acceso a las tomas de decisiones, así sea en el ámbito privado, tengo un compromiso que no es liviano ni cómodo. Pero es imperativo trabajar para que el presente sea de otra manera. El futuro nos queda lejos y puede ser tarde.

Créditos

Styling: Juan Márquez, Caro Franko

Pelo: Mauro de Brito

Make up: Vero Luna

Agradecimientos: UMA