Isha Escribano, la prima de la Reina de Holanda que defiende los derechos LGBT: "La espiritualidad es para la gente que ya ha estado en el infierno"

Es médica, música, instructora de yoga y periodista, de hecho forma parte de una poderosa familia del rubro. Además es el DNI número 9 mil desde la sanción de la Ley de Identidad de Género. Ella es, y ese verbo probablemente es lo que mejor la define.

En febrero de 2020, su nombre y su cara saltaron a la popularidad cuando Alberto Fernández le hizo entrega del DNI número 9.000 con identidad autopercibida. La grieta no tardó en meter la cola, ya que se trataba de un presidente peronista y de la hija de José Claudio Escribano, secretario de redacción del diario La Nación por más de cuatro décadas. Pero ella tiene otra mirada: "Sacá el tema partidario, el tema de la grieta y toda esa porquería. Mucha gente no me validó, mucha gente ni siquiera me ha dicho mi nombre, jamás. Pero, por otro lado, la máxima autoridad de mi país, en un acto oficial, me da el DNI”.

En el libro Solo es vida si es verdad, Isha Escribano cuenta su historia y da detalles de las conversaciones más dolorosas que una hija puede tener, de los sentimientos más profundos de quien desea no despertar al día siguiente; pero sobre todo cuenta cómo logró salvar su vida pese a todo eso. “Jamás pensé que iba a escribir este libro. Jamás siquiera pensé en que iba a transicionar. Pero fue todo inevitable. Es como agua que empieza a subir y rebalsa el dique. Siguió todo un curso natural”, explica.

–Con la presencia de Qatar en las noticias pareciera que hay un recordatorio de lo que ocurre en otras partes del mundo con los derechos de las personas. Tiendo a pensar que los argentinos a veces no valoramos dónde estamos parados en relación con los derechos de la comunidad LGBTIQ+, con una Ley de Matrimonio Igualitario, otra de Género; con que Flor de la V conduzca Intrusos o Diana Zurco el noticiero de la Televisión Pública.

–Creo que eso que decís de que los argentinos miramos lo negativo no es algo patognomónico de nuestro pueblo, es una de las tendencias de la mente a aferrarse a lo negativo. Es un país muy interesante, muy curioso, y estas dos leyes son producto del esfuerzo y de la lucha de muchísima gente. Nombraste a Flor de la V, a quien adoro y con quien tengo una amistad, y tengo un infinito agradecimiento hacia esa heroína. Esa persona, con su cuerpo como paragolpes, le ha abierto camino a un montón de gente. No quiero ni imaginar lo que fue ser ella hace veinte años. Ha hecho una cosa tremenda por las libertades de las personas, no solamente de las personas trans, gays, lesbianas o no binaries. Los derechos humanos son universales.

–Ella tuvo una exposición mediática por la profesión que eligió, pero a vos no se te conocía popularmente hasta que el Presidente te entregó el DNI. ¿En qué creés que te benefició, o no, llevar un perfil más bajo? ¿Y qué cambió a partir de que la gente te empezó a conocer un poco más?

–Yo el perfil lo llevé bajo porque estaba en plena transición y no estaba preparada para hablar. No sabía cómo iba a hablar, no sabía nada. Hay una historia que cuento en el libro: un escultor está haciendo una escultura y la arranca con un pedazo de mármol. Y una criatura lo mira todo el tiempo, desde cero. El pacto entre ellos es que el niño se puede quedar ahí mirando pero sin hablar. Al cabo de varios días, de este cacho de mármol el escultor termina haciendo una imagen ecuestre preciosa. Entonces la criatura se expresa y dice: “Maestro, ¿cómo sabía que había un caballo ahí adentro?”. Yo no sabía cómo iba a hablar, cómo iba a ser. Yo sabía que Isha estaba ahí adentro, lo único que tuve que hacer fue animarme a dejarla florecer. Entonces, cuando sucede esto, fue la primera vez casi que tuve una exposición pública. ¿En qué me beneficia? Yo elijo sacrificar mi vida privada, lo hago adrede. No elegí mi género. Mucha gente me pregunta por qué decidí, y es como que yo te diga a vos, Mariana, “¿cuándo decidiste ser una mujer cis?”. Sos. Sí un día me animé a transicionar, sí decidí contar mi historia en forma pública como otra forma de visibilizar. Podés inspirar, alentar no solamente a personas trans o del colectivo LGBT, sino a cualquiera; darles el mensaje de que podés ser quien sos, que podés ir contra viento y marea, que si yo pude vos también podés.

–Entiendo que haber encontrado el camino de la espiritualidad te cambió la vida. ¿Fue la entrevista que le hiciste a Ravi Shankar en 2001, en tu trabajo como periodista, lo que vos detectás como un antes y un después?

–Sí, claramente, porque yo ya venía entrevistando a maestros o referentes, como Deepak Chopra o Brian Weiss. Pero lo del maestro fue impresionante. Con él hubo algo muy especial. Y además me proveyó de técnicas, de un grupo y un contexto donde transitar un camino.

–¿Y a partir de ese momento te resultó más inevitable ser Isha?

–¡No, ni pensaba en eso! Durante los primeros ocho años de mi camino espiritual seguí pensando en cómo hacer para seguir con vida. Los ocho primeros años de mi camino espiritual yo lo iba a ver a mi maestro, donde sea que estuviera, como diciéndole: “Tomá mi alma, acá está, hacete cargo, ayudame, mi alma no hace pie”. No entraba el dolor existencial en mi cuerpo y él me salvó la vida. A mí lo que me dio la espiritualidad en relación con mi transición fue una fortaleza, un empoderamiento para poder enfrentar lo que sabía que iba a tener que enfrentar. Si yo hubiese puesto mi autoestima, mi seguridad, en el amor de afuera, en el “te quiero”, “te amo”, “qué genia” y mañana eso no está, ¿qué hago? Por eso el hashtag que usaba para las meditaciones que guie en la pandemia era “La salida es hacia adentro”. Existen técnicas, conocimiento, una ciencia, la ciencia del yoga, que te provee de todo eso que necesitás para ir hacia adentro.

–¿No hay una valentía ahí? Quien hace terapia se enfrenta a cosas que quien no la hace, no. Y la espiritualidad parece ser un paso más adelante aún, es abrir todo otro universo, ¿no?

–Sí. Es interesante porque mucha gente cree que empieza a conocerse haciendo terapia. Y sí, eso puede ayudar. Yo, de hecho, soy médica y psicoterapeuta. Pero una cosa es conocer las olas y otra cosa es conocer el vientre del océano. Mucha gente que conoce de olas cree que conoce la totalidad de la existencia, y no conoce más que la superficie. Una persona que no ha meditado no puede hablar de la naturaleza de la mente.

–Hay que animarse.

–Hay que animarse. También te invito a que no te animes, a seguir de esa forma. También hay que ser valiente para seguir sufriendo de esa forma, o con semejante grado de ignorancia, según cómo lo mires. David Bowie tiene una frase que dice: “La religión es para la gente que tiene miedo de irse al infierno; la espiritualidad es para la gente que ya ha estado allí”. Hay que ser muy valiente para seguir queriendo estar en el infierno ardiendo en llamas. Yo estaba ardiendo en llamas. No tenía otra opción que sumergirme.

–En el libro contás que en la India dicen que cuando nos morimos nos van a preguntar cuánto amor diste y cuánto autoconocimiento obtuviste. ¿Cuánto amor diste, Isha?

–Todo el que pude en cada instancia siempre. Todas las personas queremos dar amor, porque dar es nuestra naturaleza.

–¿Y cuánto autoconocimiento obtuviste?

–Mucho. Y esto recién empieza.

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