Guillermina Valdés, aquí y ahora: "Una aprende más de los momentos difíciles"

Afianzada como empresaria, relanza su marca de zapatos en modo “comfy” post pandemia mientras Guiv, su línea de cosmética clean, se convierte en un referente del mundo beauty. Los hijos, la nueva soltería y un estilo de vida saludable en palabras de uno de los iconos de belleza y wellness más importantes del país.

—¿Qué le dirías a la Guillermina de 19 años que llegó a Buenos Aires desde Necochea sin saber qué le depararía el destino?

—Recuerdo esa época con la ilusión de todo lo nuevo, con los miedos. Ahora tengo menos miedos, incertidumbre o expectativa sobre lo que va a pasar con un laburo. Antes estaba muy pendiente de si lo que estaba haciendo gustará, no gustará, y ahora no me pasa tanto por ahí, por la mirada del otro.  

—¿Qué aprendiste en estos 25 años de carrera?

—La experiencia de cualquier oficio te va relajando, la práctica la disciplina y como te plantas. La edad está buena, porque uno siempre dice: “qué lástima que no tenía esta cabeza a los veinte”. ¿Quién no dice eso? Me pasa también con mis hijos, al de 8 no lo crío igual que al de 21, porque sé diferenciar lo que es un problema real de lo que no. El aprendizaje te ayuda a establecer cuales son tus prioridades.

Igual, como padres no los podemos resguardar del dolor, de las experiencias que te hacen crecer. De donde más saqué el jugo, de lo que más aprendí, es de lo momentos difíciles, no de las victorias o supuestos éxitos. Uno aprende más de los momentos difíciles, entonces cuando ves a tu hijo sufrir, si bien querés evitarle el dolor, sabés que es la mejor forma de que crezca.

SER MADRE HOY

—¿Cómo es tu relación con tus cuatro hijos?

—Yo a mis hijos los admiro un montón, son mis maestros y no paran de sorprenderme, y muchas veces soy yo la que tengo que aprender de ellos.

—Y hace poco me decías que tratas de que se ganen sus propias cosas…

—Completamente, ellos tienen sus laburos y viajan en colectivo como cualquier chico de su edad. Y aprenden solos y hacen su camino.

—¿Qué te enseñan?

—Bueno, ellos vienen con otra energía, no tienen tantos prejuicios, son más abiertos, más libres, y yo no soy solo su madre o su guía, ellos también me transforma a mí, y eso está muy bueno.

—¿Qué conflictos notas en su generación?

—Lo que me parece muy complejo, a diferencia de lo que nosotros vivimos, son las redes sociales. Hoy están invadidos de información, los algoritmos los llevan para donde quieren, y más allá de que pueden tener mucha personalidad, eso los traspasa. Entonces están en un punto complicado y tienen que mantenerse en eje, buscar algo artístico que los aleje de las pantallas aunque sea por un rato.

Es muy difícil estar afuera del mundo virtual, con lo tentador que es. Es muy difícil decirle a tus hijos que sean ellos mismos con toda la información que los bombardea constantemente. Y a veces se copan con algo artístico, pero a los dos minutos los vuelve a tomar un teléfono, una película, una plataforma.

—¿Y con Lolo que es más chiquito, como haces?

—Le pongo horarios, le dejo la tablet una hora y media por día, por ejemplo. Pero no me gusta juzgar a los que están todo el día con la tablet porque uno como padre hace lo que puede. Uno no puede mirar el mundo como antes, porque entramos en una era diferente y dentro de quince años todo va a ser muy distinto. Hay un cambio muy fuerte, y lo importante es que cada uno sepa como pararse y tratar de ser fiel a sí mismo.

—¿Cómo transitaste la sexualidad de tus hijos?

—Bueno, ellos tienen sus elecciones, y decir lo que hace cada uno en su vida íntima me parece que ni siquiera es tema a esta altura. Lo que más me costó con mi hija, en su momento, es que no me la vi venir, entonces me sentí mal yo como mamá por no haber podido percibir lo que estaba sucediendo.

Pensé: “no me di cuenta que dormida estoy”, pero después no mucho más. La acompañé siempre, y ella es feliz, y lo único importante es eso. Yo siempre les digo que sean felices, que no le hagan daño a otros, que sean buenas personas y sigan sus sueños. Después, lo que hagan en su vida, es un tema de ellos.

Esto para mí no tiene ninguna relevancia, aunque está bueno hablarlo porque hay mucha gente que lo vive mal. Para mí lo importante es si mi hija se alimenta bien, si no se pone en pedo todos los fines de semana como muchas chicas que terminan en coma alcohólico en la puerta de un boliche… Yo lo único que trato de priorizar es el bienestar general de mis hijos, nada más.

BUENOS HÁBITOS, NUEVA VIBRA

—Somos compañeros de gimnasio, te veo ahí firme todas las mañana, no faltas nunca…

—Soy muy de los buenos hábitos, me hacen sentir bien y por eso los sostengo en el tiempo. Siempre que fui disciplinada en mi vida vi buenos resultados. Lo hago por salud, y me siento joven, la verdad. Independientemente de lo estético, me parece que si a uno le hace bien hay que defenderlo y estar ahí.

—¿Tenés periodos en los que abandonas?

—No.

—¿Es por la presión de tu trabajo?

—No, ¡es por eso que te dije! Por salud, porque me hace sentir bien, siento que no me duele el cuerpo, que estoy ágil, que estoy flexible, y eso no se discute. Y si viene con resultados estéticos que sirven para mi laburo, bienvenido sea.

—¿Cómo te encuentra a vos esta nueva etapa de tu vida?

—Muy bien.

—¿Cómo te llevas con esta incipiente soltería?

—Bueno, siento que la soltería está muy estigmatizada. Yo nunca había estado más de seis meses sola, en toda mi vida, y ahora siento que está muy bueno. Mucha veces es necesario el auto conocimiento, la auto percepción. Yo nunca me había dado esa oportunidad, y estoy muy a full con mi laburo, my conectada con mis hijos, y teniendo unos tiempos que no puedo creer que sean solo míos. No porque se los haya regalado a otros antes, o porque eso haya estado mal, pero par ahí ahora esto está buenísimo. La estoy pasando súper bien.

¿Tenes nuevas rutinas?

—Totalmente. Estoy sola con mis libros, mis aromas, mis sahumerios, y digo: “esto es maravilloso”. Y viste que cuando estas sola todos te dicen: “te tengo que presentar a alguien”, y pienso, bueno, capaz que no. Desde los catorce que estoy en pareja, que pasé de una pareja a otra…

—¿Y qué es lo que más te divierte de estar sola?

—Bueno, me estoy conociendo y aparecen sensaciones internas que no conocía, y yo siento que cuando vuelva a estar con alguien voy a elegir desde otro lugar. Ahora tengo otra versión mía construida por mí misma, y eso me lo dio este espacio de soledad, y lo agradezco.

—Y hacer viajes sola, estar en tu casa sola…

—Re, es como que me preguntan: “¿y qué vas a hacer en navidad, en año nuevo?”, y yo, “no sé, no tengo idea”…

—¿Te da miedo?

—No, al contrario. Mis amigas ya tienen todo programado y yo les digo “ay, que embole, a mi me encanta no saber que voy a hacer en dos meses”. Capaz que en las fiestas mis hijos están con amigos o con sus padres y yo la paso sola, no sé, no es algo que me preocupe.

—¿Sos amiguera?

Ahora estoy re amiguera, es algo que había dejado de lado y estoy reconectado con eso.

—¿Te dan ganas de volver a estar en pareja?

—No, por ahora no. Una cosa es el amor y otra es estar en pareja: yo me puedo enamorar en 3,2,1 acá mismo, saliendo de este estudio y eso no implica que me ponga en pareja. Y estoy viviendo el amor…

—¿Cómo sería eso en la práctica?

—Enamorarte sin todo el mandato de la pareja, del deber, de pasar las fiestas juntos. Aparte yo tengo una cosa que me puedo enamorar y desenamorar con la misma rapidez.

—¿Sin sufrir?

Siempre se sufre, pero yo la peleo mucho en una relación y cuando siento que ya no se puede transformar nada dentro de ese vínculo, sé soltar y decir bueno, hasta acá. Y la vida me demostró que cada vez que esas cosas suceden, vienen otras mágicas. El saber no estar por rutina o mandato o deber estar es muy importante. Cuando no ya no siente está bueno correrse para seguir creciendo.

Fotos: Guido Adler

Estilismo: Carito Rosello

Producción: Camila Mariani

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