Marcela Morelo: “Me convertí en cantante y compositora para desahogar mis situaciones amorosas"

Ícono del cancionero popular argentino, la cantautora que se formó entre el folklore y el pop se prepara para celebrar sus 25 años con la música repasando todos sus éxitos, en una gira especial que recorrerá todo el país y culminará el 2 de diciembre en el Gran Rex.

Marcela Morelo todavía no puede creer todo lo que vive desde hace 25 años, cuando salió su primer álbum, Manantial, con el que conquistó toda la Argentina, Latinoamérica y España, de la mano de clásicos que no paran de sonar, como “Corazón salvaje” y “La fuerza del engaño”.

¿Cómo triunfó una cantante que probó todo antes de conocer el éxito? La clave, revela, está en las canciones, muchas de las cuales sonarán en la gira aniversario que comenzará el 4 de noviembre en Rosario y terminará con una gran celebración el 2 de diciembre en el teatro Gran Rex.

–¿Cómo fue cambiando tu música desde tu debut discográfico hasta Un nuevo plan, tu álbum de versiones de 2020?

–Mi vida personal fue evolucionando, yo fui creciendo, y con la música, que me llevó por rincones del mundo a donde nunca hubiese imaginado, pasaron muchas cosas. Mi marido, Rodolfo [Lugo], es mi productor desde el primer disco y componemos canciones juntos, siempre con la idea de innovar y aggiornarnos en lugar de agarrarnos del sonido que yo sé que es el característico con el que todos me identifican. Queremos ser fieles a nosotros mismos y no aferrarnos a lo que fue el éxito del primer momento. En cada álbum hay muchísima variedad y a mí me gusta que sea así. Por momentos siento que no sé qué hubiese sido mejor, si conservar el mismo estilo o no porque la gente me dice que no sabe dónde encasillarme. Históricamente, parece que sos rock, pop o folklore, y eso creo que no te permite moverte.

–Es cierto, pero en definitiva tu música termina siendo pop, en el sentido de que tiene melodías pegadizas. ¿Cómo es tu forma de componer? Porque no es sencillo escribir una canción que atrape enseguida.

–Dicen que lo más difícil es hacer algo sencillo. También soy clásica en cuanto a que escribo en lápiz y cuaderno con la guitarra, el charango o el ukelele, buscando una sucesión de acordes que me lleve a una melodía o a una letra. De repente aparece esa inspiración que llega no sé de dónde y me relata la canción, que la susurra al oído. Esos momentos son realmente muy preciados. Siempre estoy tratando de estar atenta a esa situación, que es mágica. A pesar de que estudié música clásica de chica, de que viví con un abuelo bandoneonista y de que siempre supe que quería ser cantante, la verdad es que no sé cómo me convertí en compositora. Creo que fue para desahogar mis situaciones amorosas.

–Vos componías en un momento en el que no había tantas mujeres escribiendo canciones en el pop local. En general, las artistas eran “productos” de la industria, donde otros, generalmente hombres, les decían qué tenían que cantar. ¿Cómo hiciste para abrirte paso en ese mundo?

–En aquel entonces yo era una especie de bicho raro que componía, y fueron las canciones las que me abrieron el camino. Yo siempre estuve conectada con la música tocando en bandas de barrio. Después grabé jingles, hice un disco de música infantil y entré en una banda de cumbia como percusionista y corista –donde me fogueé un montón–, pero yo quería hacer mis cosas, así que me fui de la banda y me quedé sin nada, pero confiaba en mis canciones. Se las mostré a Rodolfo, le gustaron y me propuso grabar un demo. Él conocía a Luis “Darta” Sarmiento, director artístico de BMG. Un día logré una entrevista con él y me cambió la vida por completo. Pasé de cantar en los bares de Buenos Aires, del anonimato total, a grabar un disco que salió en Europa, a sonar en la radio y a cantar en todos los canales de televisión. Nunca imaginé que con todas las canciones que había hecho y que había guardado en un casete iba a pasar todo lo que pasó.

“Tengo muchas ganas de seguir adelante, de repasar estos 25 años, pero también de mostrar mi nueva música.”

–¿Cómo lidiaste con el éxito del primer álbum y cómo lograste sostener tu carrera en estos 25 años?

–Con mucho trabajo y estando presente cada día con muchísimas cosas. Armé una banda y recorrí España, Latinoamérica y toda la Argentina sin parar. Pude hacer todo, más de lo que pensaba que un cuerpo podía sostener. A veces, cuando un artista se mete de movida en todos lados, es un desafío superar eso, pero el segundo álbum, Eclipse, tuvo, al igual que Manantial, cinco singles, canciones como “Luna bonita”, “Ponernos de acuerdo” y “Para toda la vida”. Por suerte siempre mantuve los pies en la tierra, nunca me creí que llegué a nada y sigo teniendo el desafío de permanecer en el tiempo. Este camino tiene un montón de vaivenes y no paramos nunca. Cierta vorágine pasó y las épocas y la música cambian, pero yo sigo acá, a punto de sacar un nuevo sencillo.

–Aunque en tus discos pasás por un montón de estilos musicales, te suelen identificar con el sonido andino de “Corazón salvaje”, que fue tu primer hit. ¿Cómo surgió esa canción?

–Cuando estábamos a punto de grabar el disco, cambió el presidente de la compañía y vino un español, Carlos San Martín, que me dijo que al álbum le faltaban dos canciones. Para nosotros, que creíamos que ya lo teníamos cerrado, fue un bajonazo tremendo. Nos acordamos de “Corazón salvaje”, que la había grabado con Cumbia Pop y que mucho no se conocía. Yo amo el folklore, eso Rodo lo sabía, y como buen productor me dijo que en este tema él escuchaba sikus, charango y quenas. Yo le dije que probara y me devolvió esas versiones de “Corazón salvaje” y “La fuerza del engaño”, que tenían un sonido inédito. Nunca imaginamos que la gente me iba a identificar con eso. Cuando San Martín escuchó, me dijo que a los españoles les iba a encantar mi disco y así fue. “Corazón salvaje”, que fue la última canción que entró en el disco, pasó a ser el primer single, pegó un portazo, se metió en la radio, me llevó a España y me abrió las puertas.

–“La fuerza del engaño” y “Una y otra vez” se convirtieron en canciones de cancha. ¿Qué pensás de eso?

–Eso es algo que no se puede hacer deliberadamente, sino que simplemente sucede. A mí me sorprendió porque trasciende todo, hace a la canción sumamente popular. No solo en las canchas, sino que en los casamientos hay dos o tres canciones que están clavadas en el momento del trencito, y que sigan estando en el repertorio es sorprendente.

–Vos colaboraste con un montón de artistas disímiles, del Bahiano a David Lebón. ¿Qué rescatás de esas experiencias?

–Me encanta que me invite un artista que hace una música diferente a la mía porque tengo el desafío de sacar una canción que tiene una melodía que no está hecha por mí, entonces tengo que ver cómo me sienta. Colaborar con un artista siempre es muy nutritivo, queda no solo una relación, sino también una canción que nos va a unir para siempre. Eso es algo alucinante y no se puede forzar, se tiene que dar. Esta es la época de los feats, y a mí me encanta. Las nuevas generaciones hicieron mucho para que esto surgiera, y yo estoy abierta a todo, si llegara una colaboración con uno de los artistas jóvenes, por supuesto que me encantaría hacerla porque siempre se aprende. Tener hijos pequeños me hace sí o sí conectarme con lo que está pasando hoy. Se trata de un cambio muy grande y hay cosas que me gustan mucho. Es impresionante cómo escriben los chicos, la espontaneidad de tirar letra en el momento con lo que tienen alrededor. Creo que otros artistas argentinos no hemos podido trascender tanto en el mundo como estas nuevas generaciones, y eso es increíble.

“Colaborar con otros artistas siempre es muy nutritivo, no solo queda una relación, sino también una canción que nos va a unir para siempre.”

–¿Cómo viven tus hijos tu música?

–Se les pegan mis canciones y se las saben de punta a punta, van por la casa cantando “qué es eso de andar dejando…”. Mi hijo mayor, que es más melancólico, me dice que la mejor es la que hice con Mercedes Sosa, “Jamás te olvidaré”.

–¿Cuál es el secreto para continuar con tu carrera y criar tres hijos?

–Es un desafío muy grande y por momentos creo que no voy a poder hacer todo porque ellos llegaron a mi vida y la música también es parte de ella. Los tres tienen distintas necesidades y su propia agenda, así que hay veces que me siento abrumada por todo lo que significa ser mamá y artista. Estamos felices de haber podido formar una familia increíble, numerosa y con mucho amor, es una fuente de inspiración. Siento que con mis hijos me cambió el ADN, y acá estamos, más mamá que nunca, porque ellos van creciendo y la relación es hermosa. Tengo muchas ganas de seguir adelante, de repasar estos 25 años, pero también de mostrar mi nueva música. La idea es no saber qué nos depara el destino.

Fotos: Machado Cicala

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