Ricardo Darín: "Me siento en deuda con las nuevas generaciones"

En la piel del fiscal Julio César Strassera, el gran actor repasa las claves que convirtieron a Argentina, 1985 en la película más esperada y celebrada del año. Inspirado en el Juicio a las Juntas Militares de la última dictadura, el film relata un hecho crucial para nuestra democracia, atravesado por la verdad, la memoria y la justicia.

En su gran retorno a la pantalla grande, Ricardo Darín se detiene para reflexionar sobre el convulsionado momento local e internacional, en donde la prisa y lo efímero marcan el ritmo de los vínculos. Sin embargo, la agenda y las notificaciones en las redes sociales del actor se disparan por los aires porque Argentina, 1985 acaba de estrenarse en más de 200 salas de cine a lo largo y a lo ancho de todo el territorio nacional (luego se podrá ver a través de Prime Video, la plataforma de streaming de Amazon) y fue elegida, casi sin sorpresas, por la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina para que forme parte de la preselección para competir como Mejor Película Extranjera en los premios Oscar 2023.

Allí, el actor más querido de estas tierras se pone en la piel del fiscal Julio César Strassera, pieza clave y fundamental en el Juicio contra las Juntas Militares, titánica epopeya que puso tras las rejas a los genocidas de la última dictadura cívico-militar en el país, responsables y orquestadores de un plan sistemático de tortura y desaparición de personas. 

Recién aterrizado en el país y con la emoción a flor de piel por el estreno del film dirigido por Santiago Mitre, que además de protagonizar produce junto a su hijo, el Chino Darín, el actor dialogó en exclusiva con El Planeta Urbano para revelar algunos detalles de su exquisito trabajo –algunos críticos de cine lo colocan en lo más alto de su carrera– y expresar sentimientos al respecto de que, otra vez, una película suya vuelve a ser noticia acá, allá y en todas partes del mundo.

–¿Estás en la Argentina, en Venecia, en San Sebastián, en Nueva York?

–Io sono molto felice di essere qui (risas). Ya ni sé dónde estoy. No, ya pasó eso, aunque fueron sensaciones muy lindas, muy fuertes, muy reconfortantes, además, pero la verdad es que ahora todo está puesto acá y estamos muy expectantes de lo que será vivir codo a codo esta historia con nuestros amigos, nuestra familia, y ver la devolución del público argentino. En los festivales internacionales ya vimos que la historia viaja muy lejos, no hay lugar en donde no se sientan identificados o empáticos con lo que propone la historia, pero ahora nos gustaría saber qué va a pasar acá.

–¿Te gustaría que esta película se convirtiera un poco en “bandera” del país?

–Nosotros, los argentinos, tenemos distintos motes fuera de nuestro país. Algunos nos tildan de soberbios, otros de chantas, cálidos o solidarios, siempre vamos ganando nuevos adjetivos de acuerdo a las diferentes historias que se han vivido junto a un argentino. Y estaría buenísimo que, con esta película, esa definición universal que el mundo tiene con nosotros sea la de la necesidad o el ímpetu para buscar justicia, buscar solidaridad, respeto por los derechos humanos y demás. Me vuelvo loco.

–Yo creo que va a pasar eso.

–Sí, pero viste cómo somos nosotros, somos medio como los patos: de golpe nos mandamos una. Ojalá esto sirva para algo más y que por donde vayamos, en vez de asociarnos con algún jugador de fútbol solamente, nos digan “vi la película, vi la historia, nos movilizó, pasó esto, pasó lo otro, me hizo acordar a mi pueblo”. Ojalá pasara una cosa así.

–En una producción como esta, en la que te toca encarnar a un personaje histórico, ¿cómo se escapa de la caricatura o la mera copia?

–Acabás de decir algo que me lleva a pensar por primera vez en algo en lo que creo firmemente, pero que no lo había pensado todavía con respecto a esta película, que es que nosotros fuimos fieles a lo que nos produjo el encuentro de nuestras personalidades con esta historia y con estas dos personas, no personajes; fuimos fieles con lo que nos pasó a nosotros y, a partir de ahí, tuvimos la libertad de encarar el proyecto, de recrearlos sin estar ceñidos específicamente a la cercanía de una caricatura.

–Y más allá del bigote.

–¡Exactamente! Y de sensibilidad, que es lo mismo que afrontan los personajes, exactamente lo mismo, con lo que nos pasaba a nosotros con eso, porque yo no sé si Strassera caminaba realmente así o si lo hacía Luis Moreno Ocampo.

–¿No estuviste mirando videos?

–No me interesa. En realidad, no me debe interesar, lo único real acá es la aplicación de su personalidad en función del proyecto, de su objetivo, y creo que en eso sí estuvimos muy enfocados. Nos fuimos enterando en el camino de diferentes características de uno y de otro que nos ayudaron a aproximarnos un poco más o un poco menos, pero nunca estuvimos interesados en hacer una copia ni nada que se le parezca. 

–¿Qué siente un actor cuando le llega un rol así, con un alegato como el que te toca representar, emocionante, único?

–Mucha satisfacción, porque hay un nivel de entrega, de “vaciamiento”, digamos, que se da cuando vos te mandás en una dirección. Es una forma metafórica de decirlo, porque no es que te vaciás, pero sí le estás entregando un montón de cosas a la construcción de ese proyecto, y cuando vuelve lo que vuelve, se produce en el medio un encuentro que es muy satisfactorio, es la sensación de que nuestro oficio, más allá de otorgarnos la posibilidad de vivir de lo que nosotros queremos, cumple una verdadera función social. Acá nadie está persiguiendo premios, la idea es que toda esta energía circule, que llegue a un lugar y vuelva, y cuando lo hace, como en este caso, te desborda, te sentís pleno. Es una sensación bastante parecida a la plenitud. 

“Hay heridas que todavía no cicatrizaron, hablamos de vidas que se perdieron, por eso lo encaramos con mucho respeto, muy enfocados, muy conscientes.”

–Anduvieron de gira con la bandera, con la gente aplaudiéndolos largo y tendido. ¿Cómo fue esa sensación?

–Te agarra la tribuneada, porque nos desbordó, y no sé si hay que pedir disculpas por eso, pero nos desbordó, primero por tanta gente y tantos argentinos ahí. De hecho, la bandera nos la acercaron, no la llevamos nosotros, estaba ahí.

–¿Cómo creés que recibirán la película las nuevas generaciones, que inevitablemente solo tocaron de oído o en los libros lo que ocurría en aquella época? 

–Yo creo que hay una serie de valores que están puestos en juego en este relato que son muy interesantes, sobre todo, para los jóvenes, y para nosotros estar a cargo y ser los transmisores de esas cuestiones es un honor. He tenido el privilegio de hablar con algunos de los chicos que ni remotamente vivieron esa época, otros más enterados de la situación, pero, obviamente, no empapados emocionalmente de lo que fue y de todo el dolor que hay detrás de eso, porque no nos podemos olvidar de que estamos hablando de una época de muchísimo dolor. Hay heridas que todavía no cicatrizaron, hablamos de vidas que se perdieron, por eso lo encaramos con mucho respeto, muy enfocados, muy conscientes, y, en lo particular, estoy muy interesado en que esto sea transmitido a las generaciones nuevas para que sepan que la democracia se nutre de un trabajo diario, del esfuerzo de cada uno, de la transparencia, de la honestidad, de lo que está bien y de lo que está mal. Yo a veces me siento en deuda con las generaciones nuevas, porque yo pertenezco a una generación que no resolvió las cosas de la mejor manera; formo parte de un colectivo de personas que, aun con las mejores intenciones –y en otros casos no tanto–, no resolvió bien las cosas, por eso hoy estamos como estamos, en el mundo, no solamente acá. Tengo hijos, sobrinos, hijos de amigos, y a todos les digo que me encantaría que miren hacia adelante, con la esperanza de que ellos son los que van a mejorar todos los errores que cometimos nosotros. 

–Viajamos a 1985 con la película, ¿cómo fue pararse en ese momento, mirar la Argentina de hoy y vislumbrar el futuro?

–Es lo que interesa. El contexto y la sensación térmica de ese momento son intransmisibles, lo intentamos, por eso está la película y uno hace lo imposible para reflejar de la mejor manera todo lo que se vivía en esa época. La película está apuntada hacia el futuro; por supuesto que no quiero eludir el presente, pero la verdad es que el presente, este presente, ya es historia, esto que estamos hablando ahora ya pasó; lo que está por venir todavía no pasó, y ahí es donde creo que tenemos que tener puesta la mirada. Por eso insisto en mirar a los jóvenes, que son los que van para adelante, pero es importante que tengan algunos parámetros bien claros: los valores, la ética, la moral, el respeto por los demás, la tolerancia por el que piensa distinto. Ojalá esta historia sirva para poner unos puntitos en esa línea punteada de construcción del futuro. Ojalá.

Fotos: gentileza Argentina, 1985

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