Elena Roger: "Estoy dispuesta a disfrutar"

Dicen que las segundas vueltas nunca fueron buenas, pero su reencuentro con el personaje que la consagró a nivel mundial entierra con fuerza este mito. En la piel de Édith Piaf, asegura que alcanzó todo lo que imaginaba para su carrera.

Pisar un escenario con soltura, entrega y disciplina no es para cualquiera. El caso de Elena Roger es, en ese sentido, paradigmático. Su paso por Broadway y el West End marcaron a fuego su recorrido, pero a pesar de haber transitado con brillo y todas las luces la meca del teatro, su esencia porteña se mantiene intacta.

Hoy renueva su vínculo con el público argentino en la reposición de Piaf, el musical por el que recibió el premio Laurence Olivier en 2009 como Mejor Actriz, algo que ningún artista local había logrado antes. 

Planteada como una sucesión de escenas hilvanadas sabiamente por el director inglés Jamie Lloyd, el espectáculo mantiene un ritmo ágil y ordenado en lo técnico, pero a la vez caótico y febril en la trama, aludiendo, quizás, a las intrigas del personaje central. La performance de Roger impacta no solo por lo vocal sino también por la transformación que experimenta a la par de un personaje que conoce desde adentro. 

¿Cómo llegar a esa síntesis extraordinaria sin exponer el cuerpo y el alma cada noche sobre el escenario del teatro Liceo? En esta charla con El Planeta Urbano lo revela. 

–¿Qué diferencias hay entre la Piaf de 2009 y la que vemos hoy?

–El personaje que interpreto hoy es una creación que tiene trece años, pero eso no significa que las versiones sean idénticas, al contrario. Esta vez, Jamie Lloyd decidió levantar el pie del acelerador que él mismo había impuesto. En su momento, cuando hacíamos las escenas, nos pedía a los actores que no pensáramos al hablar; quería que dijéramos la letra sin dejar tiempos muertos. Entiendo que su intención era no aburrir, y me parecía lógico que un director joven tomara esa decisión. Hoy nos permitimos más silencios. 

–¿Hay más aplomo sobre el escenario?

–Claramente. Durante todos estos años, Jamie dirigió 70 obras y cosechó experiencias variadas, desde hacer un Cyrano de Bergerac clásico hasta ser asistente de dirección de la Evita que hice en Londres. Todo el elenco alcanzó una madurez artística mayor. Estudiamos los videos de la puesta anterior y encontramos detalles que pudimos reformular de acuerdo con nuestra concepción actual sobre el teatro, porque entendimos que los tiempos cambiaron. Hay un elogio que habitualmente recibimos sobre nuestro crecimiento actoral desde aquellos años, y a mí se me ocurre pensar si es que lo anterior estaba mal.

“Desde el punto de vista emocional, tengo mis maneras de canalizar, sentir y desahogarme. Por eso elegí esta profesión. Me gusta transitar esas emociones.”

–¿Cuál fue el aprendizaje en este tiempo?

–Creo que abandonamos la necesidad de querer agradar y sacar un rédito profesional de esta obra. Y lo que estamos experimentando es que no hay nada de lo profesional que vaya exento de lo personal. Algunos de nosotros estamos cerca de los 60 años; yo estoy llegando a los 50. En este tiempo, a todos nos cambió la vida. 

–Durante la obra, tu postura se va transformando con el sufrimiento del personaje. ¿Esa interpretación te afecta a nivel físico?

–No. Todos nosotros hacemos un entrenamiento antes de hacer la función, y desde el punto de vista emocional, tengo mis maneras de canalizar, sentir y desahogarme. Por eso elegí esta profesión. Me gusta transitar esas emociones.

Mientras que los espectadores quedan atrapados en la trama, Roger interpreta “No me arrepiento de nada”, que para los oídos del siglo XXI es un himno que honra la libertad de ser, de decidir y de pensar. Una libertad que Édith Piaf defendió y al mismo tiempo padeció en cuerpo y alma. “Cuando releí la obra, me encontré con una mujer pionera. No fue fácil para ella hacer, decir y comportarse como lo hacía.

Después de estos últimos años en los que la mujer conquistó otro lugar, es interesante revisar su historia con esa perspectiva”, explica. Lejos de los aires de diva, de la conversación franca y distendida se destila la convicción de haber alcanzado la serenidad profesional propia de un estado de madurez que le permite tener bien claras sus prioridades, respetar sus tiempos y asumir con seguridad lo que el destino artístico le depare. 

–En el mejor momento de tu carrera te convertiste en madre. ¿Esa decisión condicionó tu trabajo en el exterior? 

–No, quedé embarazada mientras estaba haciendo Evita en Broadway, en las últimas semanas de la temporada. Después de eso no volví a trabajar en el exterior con la necesidad de mudarme. Sí hice giras, mientras mi compañero se quedó al cuidado de los chicos –Bahía (8) y Risco (4)–; otras veces viajé con ellos. La realidad es que pude hacer prácticamente todo lo que quise tomándome el tiempo necesario para ser mamá. Mi energía se direccionó hacia la maternidad precisamente en el momento en el que me convertí en madre. 

–¿Resignaste algún proyecto para quedarte con tu familia? 

–Sí, algún trabajo quedó dando vueltas. De hecho, me bajé de una película por estar embarazada. También postergué una obra de teatro para concentrarme en la lactancia de mi hija. 

“En este país, la experiencia teatral es muy familiar. Afuera también lo es, pero comencé mi carrera en 1995 en mi tierra y la desarrollé durante diez años hasta que me fui al exterior a hacer Evita. Tendría que haber pasado esa misma cantidad de tiempo afuera para sentir lo mismo que acá.”

–Recién recordaste tu paso por Evita. ¿Esa obra cambió tu carrera?

–En realidad, mi carrera cambió por el hecho de haber viajado al exterior y entrar en contacto con la gente que hace teatro allá. Evita fue un puntapié para poder hacer otras obras, como Boeing Boeing, Passion y la misma Piaf. Pero no solamente fui yo la que dio un vuelco; el público argentino también empezó a darles mayor importancia a mis trabajos. 

–Cuando estabas en Londres o Nueva York, ¿qué extrañabas del teatro porteño?

–Siempre me gustó trabajar en la Argentina, porque conozco desde hace mucho tiempo a las personas con las que comparto los proyectos. En este país, la experiencia teatral es muy familiar. Afuera también lo es, pero comencé mi carrera en 1995 en mi tierra y la desarrollé durante diez años hasta que me fui al exterior a hacer Evita. Tendría que haber pasado esa misma cantidad de tiempo afuera para sentir lo mismo que acá. 

“Lo que quería hacer con mi carrera, lo que imaginaba en mi juventud, afortunadamente lo logré. En este momento, considero que tengo abiertas las puertas de muchos ámbitos artísticos. Alcancé un estado en el que me permito no pensar en el futuro.”

–¿Cómo quisieras que fuera la continuidad de tu carrera?

–No lo sé, siento que estoy dispuesta a disfrutar. Lo que quería hacer con mi carrera, lo que imaginaba en mi juventud, afortunadamente lo logré. En este momento, considero que tengo abiertas las puertas de muchos ámbitos artísticos. Alcancé un estado en el que me permito no pensar en el futuro. 

–¿Podrías volver al anonimato?

–¡Claro que sí! A veces es lindo salir de ese lugar de tanta exposición para hacer algo artístico y poder darme permisos para jugar un poco más. Estoy abierta a que el universo me lleve a donde sea. 

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