Toto Ferro: "Yo nunca soñé con la fama, sino que sucedió"

El joven actor y músico que en 2018 sorprendió al mundo con su debut en El ángel se pone en la piel de una de las máximas estrellas del trap español, despertando un interrogante que atraviesa estos tiempos y desvela a las nuevas generaciones: ¿hasta dónde llevarías tus límites para conseguir la fama?

Desde que protagonizó, en 2018, El ángel, la obra maestra de Luis Ortega que relata magistralmente la historia del asesino Carlos Robledo Puch, la vida de Lorenzo Ferro dio un giro ¿inesperado?, y los numeritos de seguidores que acompañan al perfil de @ferrototo empezaron a crecer notablemente, de forma casi monstruosa, exagerada, “dantesca”, donde el infierno, el purgatorio y el paraíso hicieron las paces para darle la bienvenida a una amiga inseparable que acompaña al pícaro pibe de 24 años hasta el día de hoy: la fama. 

Esa misma que volvió a conocer y se multiplicó, imparable, cuando Toto decidió por fin llevar su verba callejera a las grandes ligas y terminar de darle forma a su doppelgänger más visceral, impulsivo e ingenioso: Kiddo Toto, la versión trapera del joven actor que se abrió camino entre los tanques de la industria, que junto al productor argentino Bizarrap logró que la “BZRP Music Sessions #11” supere las 75 millones de reproducciones en YouTube y que ahora va decidido por la salida de un tercer disco de estudio.

Realidad o ficción, ficción o realidad. Este derrotero de tentaciones peligrosas, stories invaluables, amiguitos del campeón y likes con M mayúscula se puede ver, también, en Fanático, la nueva apuesta de Netflix que vuelve a tener a Ferro como protagonista absoluto. Allí interpreta a Lázaro, un joven argentino repartidor de comida y fan incondicional de Quimera, la nueva sensación del trap español, cuya imagen, música y hasta fans, luego de su muerte, son adoptados por el propio Lázaro para lograr escapar de su monótona vida, convirtiéndose de la noche a la mañana en aquello que llevaba admirando desde hacía mucho tiempo: su propio ídolo. 

–Si bien Fanático es una ficción, la serie retoma, aunque al extremo, ciertos elementos de la realidad que contribuyen a un debate superinteresante para estos tiempos y las nuevas generaciones: la fama, la cultura del like, la industria musical. ¿Qué lectura pudiste hacer vos?

–La serie intenta romper con esta idea casi romántica que tienen –tenemos– los jóvenes sobre la fama: que no saben realmente quiénes quieren ser, pero quieren ser famosos. Fanático trata de mostrar el lado B de la fama, las cosas por las que te puede hacer sufrir. Estaría bueno que al final de la serie, la gente se pregunte “¿de verdad quiero ser famoso?”. La fama no es el romance perfecto. El otro mensaje creo que pasa por los límites: hasta dónde la gente, la industria musical, los fans, los artistas están dispuestos a cruzar para ser famosos. 

–“Ya no soy más pobre, pero, igual, estoy harto del precio que hay que pagar”, dice la letra de “Diablos”, una de las canciones centrales de la serie.

–Claro, si bien esa letra la escribí con base en el guion y en el armado de Quimera, mi personaje, el trasfondo remite al precio de la fama. Por un lado, está buenísimo porque pudo salir de una situación económica y social mucho más vulnerable, pero por el otro el agobio y la desesperación, la necesidad de siempre estar respondiendo, la presión de sacar hits, un nuevo disco, hacer shows todos los fines de semana... A Quimera, y a cualquiera en esa posición, se le acerca todo el mundo, pero nadie le pregunta, en realidad, cómo está y cómo se siente hoy.

–Me resulta imposible no trazar un paralelismo entre la vida de Quimera y la tuya, la de Lorenzo Ferro, con todo lo que ocurrió en estos últimos años.

–Sí, obvio, hay un paralelismo muy claro y real, por más que haya muchas diferencias y en la serie todo esté llevado al extremo. Yo nunca soñé con la fama, sino que sucedió. Hay una frase de “La fama”, la canción de Rosalía, que para mí la describe de cuerpo entero: “Es mala amante la fama, no va a quererte de verdad. Es demasiado traicionera, y como ella viene se te va”. La fama es una montaña rusa, con sus picos de alegría, y cuando pasan, el vacío es muy grande, y en seguida te preguntás si eso que viviste fue verdadero. La alegría de verdad es que te dé un abrazo tu mamá. Cada uno tiene su propia fama. Uno no es solo lo que hace sino también lo que le pasa. 

–¿Cuáles son los peligros de la fama?

–Creértela y dejar a un lado tu esencia, la sencillez. Lo más importante de todo es estar rodeado por la gente que te quiere y que estuvo desde el día cero, cuando no eras nadie. La fama te presenta tantos nuevos amigos, tantas alfombras rojas y oportunidades que resulta muy difícil mantenerse en el eje. Pero ahí están tus amigos de siempre, el amor de una madre, el que enseguida te endereza.

–¿Y cómo se llevan ellos (tus amigos, tu familia) con tu fama?

–Mis amigos me cagan a pedos, por ejemplo, para que maneje mejor mis redes sociales. Dicen que soy medio malo (risas). Pero, más allá de eso, es algo que ni se plantea. Es más, tratan de ayudarme en todo lo que pueden, más desde el amor que otra cosa.

“Hay muchos jóvenes que no saben quiénes quieren ser, pero quieren ser famosos.”

–Te llevo ahora a otra letra tuya, la de “Basta, loco”: “Ey, Kiddo, no me da una foto, amigo. No, wacho, estoy un poco cansado. Dale, loco, no seas ortiva si tenés el laburo que todos quieren”. ¿Qué pasa con los fans?

–Y, a veces, es muy difícil ese tema. Yo en un momento les decía mucho “no” a las fotos y la gente me re bardeaba: “Eh, ¿quién te creés que sos?”, “Agrandado”. Pero, bueno, nada, a veces pasa eso y uno trata de ser lo más ubicado posible. Hace poco leí una anécdota de uno de los protagonistas de la película Super cool, no me acuerdo bien quién era, que decía que, cuando la gente le pedía alguna foto, le ponía la condición de que ellos salgan con cara de orto y él sonriendo (risas). Cuando ves las fotos, entonces, parece que el fan es él, y la otra persona, el famoso.

–¿Cuál creés que es el papel de las redes sociales en este proceso supervertiginoso de ser famoso?

–Las redes sociales son muy peligrosas. El gran problema que tiene Instagram, por ejemplo –a Twitter ya casi no entro porque hay mucho odio–, es que la gente vive comparándose con otras personas (modelos, actrices, músicos, deportistas), y eso genera mucha inseguridad. Es una gran tragedia porque, además, uno termina comparándose con cosas que, quizás, no son reales. ¿Sabes cuántos raperos se alquilan una Ferrari solamente para salir en la foto? Es muy triste. 

–¿Te obsesionan los likes?

–No, para nada. Es más, como dicen mis amigos, soy malísimo para mis redes y me gustaría poder manejarlas mejor. En el fondo, todo lo que subo es para ver si me likeó la chica que me gusta (risas).

Hacia fines de 2021, el trapero sorprendió a la crítica con la salida de Mansión helada, su segundo álbum de estudio, donde contó con la participación de Bizarrap, Daniel Melingo, Louta, Malena Villa, Oniria, Ilan Amores y Violeta Recondo. Además, el disco estuvo acompañado por un cortometraje protagonizado por Cecilia Roth, inspirado en Nazareno Cruz y el lobo, de Leonardo Favio, en el que Kiddo muestra una representación visual de su trabajo, acompañado por un puñal de canciones.

–Tu último disco fue una verdadera sorpresa, no solo por la puesta en escena sino también porque te ayudó a exteriorizar ciertas cuestiones que tenías adentro. ¿Cómo sigue ese camino? 

–Sí, es verdad. El disco me ayudó a exorcizar mis dolores y mis penas; las letras hablan sobre el amor y la fama de una manera trágica, las separaciones, las idas y venidas en el amor y el dolor. Lo que me pasa con la música es que la amo y me ayuda a seguir descubriéndome. Recién me doy cuenta de las cosas o de lo que en verdad me está pasando cuando termino de escribir y componer mis canciones. Es el mejor canal que tengo para conocerme; mi terapia. Todo este tiempo que estuve en España me sirvió también para armar nuevas canciones y, principalmente, para terminar de encontrar sobre lo que quiero hablar en el próximo disco.

–¿Y de qué vas a hablar?

–(Risas) Por ahora me lo guardo para mí. Es un secreto que ya será revelado. No para hacerme el misterioso, sino para cuidarlo.

CRÉDITOS

Fotos: Aleix Barau / Netflix

Estilista​: ​Ana Murillas

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