Benjamín Vicuña: "Trabajar con el pecho abierto implica una exposición muy grande"

Tras encarnar un proyecto televisivo particularmente movilizante en lo personal, el actor chileno abre su corazón y relata cómo vivió “un viaje intenso pero a la vez muy luminoso hacia la muerte”. Además, habla sobre el boom teatral pospandemia y cuenta cómo “proyectos más blancos” vinculados a la comedia ofician como una suerte de bálsamo en su presente laboral.

Profundo, intuitivo y conectado en el presente con quien conversa, Benjamín Vicuña se entrega a una charla sobre esas decisiones laborales que lo interpelan en sus sentimientos, reflexiones y experiencias más transformadoras a nivel personal. 

Luego de brillar con la conmovedora muerte de Santiago Luna en El primero de nosotros (Telefe), el actor chileno admite que alivia tensiones, pero nunca intensidad, transitando la comedia. Tanto en la obra teatral El método Grönholm como en el film Papá al rescate, descansa cuerpo y mente en propuestas “más blancas y luminosas”, que también pueden ver sus hijos. 

–¿Qué te dejó hacer El primero de nosotros y cómo recordás el rodaje de un final tan duro? 

–Lo recuerdo como un proyecto hermoso, con muy lindos compañeros, en un contexto muy difícil, porque lo grabamos en medio de la pandemia. Es algo que no se me va a olvidar nunca. Todo el elenco contó una historia muy sensible pero con el corazón en la mano, con mucha fragilidad, entendiendo lo que estaba pasando y en un contexto que finalmente sumó en el resultado. La respuesta de la gente superó nuestras expectativas. El público acompañó el programa y se generó el debate que queríamos que se diera, así que fue una experiencia increíble en todo sentido. 

–Y un debate sobre temas que no son tan habituales de ver. 

–Además, en televisión abierta, poder hablar de temas adultos como la enfermedad, la crisis, la adopción y el sostén de la vida como la red de contención que es la amistad. En el caso de mi personaje, la relación rota con su padre, su hija y el desafío también de plantarse frente a lo desconocido, el misterio de la vida, la muerte. Se agradece una serie que pueda abordar estas temáticas sin miedo y sin complejos. 

–¿Cómo fue en lo personal encarnar esta muerte en la ficción?

–En estos veintitantos años de carrera, por supuesto me ha tocado antes. Morir, aunque parezca sencillo, es difícil de actuar. Y más difícil es hacerlo con verdad. Nosotros intentamos hacerlo con mucho compromiso y respeto por las personas que viven y atraviesan esta situación, y la bajada del programa ha sido esperanzadora. El personaje fue tomando herramientas para poder entender la muerte como parte de la vida, esto de entenderla no como un fin, sino como que hay vida después de la vida. Siempre es un desafío poder acercarse a la muerte de un personaje. Más allá de que ya me había tocado interpretar algo así, nunca había hecho el recorrido lleno de matices, de revelaciones. Fue un viaje intenso pero a la vez muy luminoso hacia la muerte. 

–Cuando interpretás estos papeles, en los que se te ve siempre muy comprometido, también es fuerte porque apelás a tus sentimientos. 

–Sí, por supuesto que uno comparte los miedos y la fragilidad de los personajes, pero también su punto de vista. En este caso, al personaje de Santiago Luna lo sentí como algo muy personal. Siento que puedo hablar con mucha propiedad de estos temas, por mis experiencias, por mi biografía. Y finalmente uno usa ese capital en la ficción, sobre todo para que tenga puntos de realidad, para que sea creíble. Trabajar con el pecho abierto implica una exposición muy grande, pero lo que te sucede como actor es muy bonito. Es hermoso ver cómo el público puede hacer catarsis al mismo tiempo que uno.

–¿Cómo te encuentran tantos proyectos en la pospandemia? Hablemos del regreso al teatro con El método Grönholm, junto a Laurita Fernández, Rafael Ferro y Julián Cabrera. 

–Después de tanto tiempo ya quería volver al teatro, al espectáculo en vivo, a reencontrarme con el público, con las tablas, con mis compañeros, con una pieza que es una comedia, que es algo que me venía bien.

–¿Necesitabas ese respiro?

–La verdad es que sí. Es otra forma de comprometerse, que es igual de intensa, pero con un material que tiene que ver con la ironía, también con la ambición y la codicia. Elementalmente, hay mucho humor y absurdo en esta comedia negra. Por eso está bueno, además de encontrarse con este grupo de compañeros, elaborar un proyecto de estas características y volver a un lugar como el Paseo La Plaza. En este momento la gente está acompañando mucho al teatro y llenando salas, así que es una fiesta haber vuelto con esta obra. 

–No solo como actor sino también como productor, ¿cómo ves la escena teatral pospandemia? ¿Se puede decir que estamos viviendo un boom? 

–Absolutamente, se está dando un encuentro maravilloso después de la distancia. Es muy bueno, independientemente del contexto, la crisis social y económica, que la gente tenga este punto de escape, de libertad, de poder soñar, pensar y tener otros espacios. Esa es la particularidad y la misión del teatro. 

–Por lo visto, ahora elegiste la comedia, ya que sos parte de Papá al rescate. Es una manera distinta de conocerte en la pantalla grande. 

–Claramente me volqué a la comedia. Lo cierto es que en la Argentina no me han visto mucho en esa faceta, pero la comedia me gusta, me divierte y siento que tengo las herramientas para poder explotar ese género. La gente que me vino a ver al teatro me ha visto en Los elegidos y luego en Terapia alternativa, pero en el cine se va amplificar un poco eso. 

–Fue una gran revolución cuando filmaron en Mendoza. ¿Cómo fue ese rodaje? 

–¡Sí! Fue una experiencia increíble. Mendoza es una gran plaza para filmar, con paisajes que finalmente son un actor más en la película, como Potrerillos, toda la cordillera… Así que ya nos estamos preparando para el estreno, que será en septiembre. 

“Morir, aunque parezca sencillo, es difícil de actuar. Y más difícil es hacerlo con la verdad.”

–Y como en la película, en la vida real uno como padre también hace muchas hazañas y malabares, ¿no? 

–¡Sí! Leí el guion y automáticamente generé una empatía. En estas películas que plantean “qué haría un padre por un hijo”, aunque sean comedia, uno automáticamente se pone en ese lugar, ¿verdad? De las locuras que uno haría por hacerles un favor… Ni hablar por rescatar a un hijo. En esta comedia hay una red de amigos que emprenden un viaje de aventuras para encontrarse con una hija. Y es muy bonito, porque el fin es muy noble y este viaje está lleno de aventuras y situaciones muy graciosas, pero que no dejan de tener profundidad y generar empatía en madres y padres. Es una película familiar y estoy contento porque he trabajado poco en ese género. Y me permito también hacer proyectos que son blancos, luminosos y que también pueden ver mis hijos. Eso para mí es maravilloso. 

–¿Y ellos cómo te acompañan? ¿Están ansiosos por ver la película?

–Ellos se cagan de la risa. A mis hijos les encanta acompañarme. No siempre pueden ver el tipo de películas que hago porque tengo una particular afinidad por proyectos que son más adultos, con otras temáticas, y a veces son más incómodas. Pero tanto El método Grönholm como Papá al rescate son materiales que pueden ver todos mis hijos. Claro que van a estar acompañándome y por supuesto estarán en los dos estrenos, porque me encanta que sean parte de eso. 

–¿Hubo alguna cosa insólita que hayas tenido que hacer por ellos?

–Todos los días vivimos cosas. Es la diaria en la que tenés un problema para llevar a tus hijos al colegio, o cuando te falta parte del uniforme y tenés que volver a casa a buscarlo. A todos nos tocó en un viaje algo así como lo que pasa en Mi pobre angelito, ¿te acuerdas de esa película? A mí, que tengo tantos hijos, me ha pasado alguna vez que alguno se me esconda y se me pierda (se ríe). 

–Se te sale de la manada.

–Tal cual, es que tengo una manada. Son situaciones límite que uno hoy recuerda con humor y forman parte de la historia familiar. Obviamente, en el momento lo vivís como si fuera una tragedia. Sin ir más lejos, puede ser una tontera, un día un hijo tuyo está descompuesto y te vomita encima y te querés matar, y después lo recordás con ternura, como parte de la vida, pero en su momento sentís que estás en El exorcista (se ríe). 

–Además, los llevás a tu trabajo cuando es necesario. 

–Claro que tienen sus horarios y colegio, pero cuando puedo los trato de incorporar en mi día y en mi rutina, para que conozcan también cómo es mi trabajo, cómo es mi mundo y quiénes son mis compañeros. Y les gusta mucho el teatro, los camarines, las filmaciones. Mi hijo más grande, incluso, me ha acompañado un par de veces en algunas filmaciones. 

–Claro, con Bautista hiciste algunas campañas. ¿Qué te hace sentir?

–Bauti ya está dando sus primeros pasos, no le meto presión. Él tiene que descubrir su pasión paso a paso, pero para mí es una chochera infinita.

 

Fotos: Guido Adler

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