Eleonora Wexler: "Naturalicé situaciones que hoy en día batallo para que no sucedan más"

Supo interpretar a los personajes más crueles y vengativos de la televisión argentina, como también ponerse en la piel de una madre incansable que luchó por la identidad de su hija. Todas las facetas de una actriz que trasciende la pantalla.

Pareciera que Eleonora Wexler actúa desde siempre. Es que en realidad actúa desde siempre. Arrancó en la profesión a los 8 años y, a partir de allí, no paró más. Hizo teatro, actuó en publicidades, protagonizó cortos y largometrajes y se desatacó, sobre todo, por sus papeles en la televisión argentina

El derrotero de títulos exitosos abarca desde La banda del Golden Rocket, la miniserie El garante, Como vos y yo, Costumbres argentinas y Mujeres asesinas hasta Un gallo para Esculapio y Valientes, el programa que le valió, en 2009, el premio Martín Fierro a la “Mejor actriz de novela”, por su interpretación de Juana Gómez Acuña, una villana vengativa, compleja y sin escrúpulos.

Por estos días, a Wexler se la ve emocionada por tomar las riendas en Mary para Mary, la obra de teatro inspirada en la vida de Mary Wollstonecraft (1759-1797), la mamá de Mary Shelley (autora de Frankestein), considerada una de las pioneras del feminismo, que se atrevió a defender la igualdad entre hombres y mujeres en un mundo gobernado por las diferencias y las injusticias absolutas.

“Sin una bajada de línea violenta, la astucia de Mary Wollstonecraft pasaba por hablar de la igualdad entre el hombre y la mujer desde la conciencia y la educación. Coloca a la mente humana por encima de todo, habla de la razón sensible y de que solamente la educación podrá hacernos entender que somos parte de un todo. La educación es lo único que hará que la mujer no sea más cautiva de sí misma”, explica y coincide la actriz que, además, es parte fundamental de Actrices Argentinas, el colectivo feminista que lucha constantemente por los derechos de las mujeres.

“Si miro hacia atrás veo que se avanzó bastante, pero falta mucho igual. Es tanto por lo que todavía se tiene que luchar que, a veces, se necesita de un extremo para intentar construir un medio”, reflexiona al respecto, y agrega: “En mi vida profesional vi de todo y naturalicé situaciones que hoy en día batallo para que no sucedan más. Pero antes no había esta concientización. Por eso es tan importante la función de los colectivos feministas y el presente de las mujeres”.

Y si de presentes se trata, Eleonora sigue conmovida por lo que ocurrió el año pasado con Yo nena, yo princesa, la película dirigida por Federico Palazzo, inspirada en la historia de Luana, la niña que marcó un antes y un después en la lucha por la identidad de género al ser la primera niña trans del mundo en recibir un DNI de acuerdo a su identidad autopercibida. En el filme, la actriz se puso en la piel de su madre, Gabriela Mansilla, autora del libro homónimo, en el que retrata un camino de dudas, conquistas y aprendizajes. “Esa historia me marcó para siempre. Siento que la película es necesaria para la época”, cuenta orgullosa, y se entrega a la charla con El Planeta Urbano.

–Otra vez, el arte al servicio de la formación.

–Absolutamente. Tanto es así que la película fue nominada en los Premios Platino 2022, en la categoría “Mejor película de ficción iberoamericana en educación y valores”. Muchas escuelas la pasaron también para sus alumnos, y, a pesar de la crisis, estuvo segunda en lo más visto del cine nacional en 2021. Siento, además, que la película sirvió también para que mucha gente pudiera reconocerse en esa historia y ayudó a entender una realidad muy desconocida para la mayoría. Me pasó a mí, imaginate. 

–La historia, además, tiene el valor extra de que fue en la Argentina donde se entregó por primera vez el DNI a una niña trans.

–Por eso te digo, formar parte de Yo nena, yo princesa fue uno de los orgullos más grandes que tuve; un compromiso social enorme.

–¿Qué te dijo tu hija cuando la vio?

–Miranda me acompañó en el día del estreno y estaba sentada al lado de mi papá, que se lloró todo. Cuando terminó, me dijo: “Está re piola la peli”. Nada más. Y ahí entendí: esta historia es mucho más cercana para ellos. Todo está más despejado. 

“Es tanto por lo que las mujeres tenemos que luchar que, a veces, se necesita de un extremo para intentar construir un medio.”

Aunque las nubes adolescentes no tardan en llegar y el clima jovial se oscurece y estalla por los cielos. Se trata de Último primer día, la serie que puede verse por Flow donde Eleonora interpreta a Victoria Duval, la detective que intentará resolver un caso de homicidio realizado en una de estas fiestas que dan inicio al ciclo lectivo estudiantil. 

–La historia refleja muy bien la actualidad de los adolescentes. ¿Te sorprendiste con lo que te encontraste?

–No tanto. Los que tenemos hijos e hijas adolescentes conocemos bastante cómo viene la mano. Mi hija tiene casi la misma edad que los protagonistas de la serie y noto muchas similitudes. Sobre todo, lo que tiene que ver con las relaciones, los vínculos, la identidad y la sexualidad.

–¿Cómo lo ven ellos a diferencia de otras generaciones?

–Las nuevas generaciones llevan la experimentación en su ADN. Hay un replanteo muy grande: ¿qué soy?, ¿quién soy, ¿qué me gusta? Mi hija puede tener compañeras lesbianas, amigos gays, trans, que ni siquiera se detienen a analizar la situación. Es totalmente natural y es maravilloso que ocurra eso. Hay un nivel de libertad mucho más grande. 

Yo nena, yo princesa sirvió para que mucha gente pudiera reconocerse en esa historia.”

–¿Y dónde están los límites?

–Bueno, esa es otra cuestión. El UPD, por ejemplo. ¿En qué momento aceptamos los padres el último primer día? No lo entiendo. Creo que hay algo que nos pasa a nuestra generación de no poner límites, esta cosa de por ahí no querer parecernos a nuestros padres que nos ponían demasiado límite, y nos transformamos un poco en amigos de nuestros hijos. Es verdad que hoy hay una comunicación mucho más abierta entre los hijos y los padres, pero nunca hay que confundir los roles de padres, madres y amigos. El límite es amor.

–¿Cómo eras vos de adolescente?

–Lo mío fue bastante atípico porque yo empecé a trabajar desde muy chica, a los ocho años. Tuve una muy temprana independencia económica; de la casa de mis padres me fui también muy joven, a los 19. Pero siempre fui alguien muy madura y responsable, tanto en el estudio como en otras cuestiones. Si bien era chica y vivía en un mundo de adultos, tenía las bases muy sólidas para transitarlo. Eso se lo debo a la educación que me dieron mis padres. Al deporte también. Está buenísimo tener pasión por algo, el deporte te saca de otros lugares en donde uno se puede llegar a perder. 

–¿Por dónde pasaban los peligros en aquella época?

–Los riesgos eran los mismos, quizás ahora todo está más al alcance de la mano.

–Drogas.

–Lógico. Drogas, alcohol: el desenfreno porque sí. 

–¿Y en el desenfreno no hay también una cuota de rebeldía, de romper con los mandatos familiares?

–Sí, totalmente. Y pasaba, sobre todo, con los compañeros que venían de una familia mucho más estricta y conservadora.

Fotos: Alejandro Calderone Caviglia 

Dirección de producción: Gimena Bugallo

Coordinación general: Camila Mariani

Producción y estilismo: Romina Giangreco @rfgstylecoaching

Maquillaje: Roxana Thomas

Pelo: Cristina Cagnina para Cerini

Filmmaker: Chanas Scigliotti

Asistente de producción: Candela Arjona

Agradecimientos: Muscaria Couture, Rocio Rivero, Jorge Sandoval, Limido Joyas, Monica team peluquería (postizos y extensiones), Joti Harriague.

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