Ramiro Ferreri, el bartender detrás del éxito de las barras para eventos: "El boom del gin tonic parece eterno"

En diez años logró que los tragos que se sirven en eventos sean mucho más que simples mezclas. Y también transformarse en Brand Ambassador de Bulldog, el gin premium que desembarcó en 2019 en la Argentina de la mano de Campari.

Tiene 37 años, hace apenas una década comenzó su propia empresa de barras para eventos y hoy es un referente sólido del sector. Y hay más: es Brand Ambassador de Bulldog Gin, el London Dry premium de origen británico que comercializa Campari Group y que en este 2022 llegará a los 26 años de vida.

Con estos datos no es difícil hacerse a la idea de que Ramiro Ferreri tiene mucho para contar. Sobre todo si se suma el hecho de que viene persiguiendo sus sueños desde los 13, cuando consiguiera el primer trabajo de lavacopas en Saladillo, su ciudad natal, una localidad bonaerense alejada del frenesí de las barras y el brillo de las cocteleras.

“Empecé, como todos, en la bacha, lavando y haciendo un poco de orden. Después, con el paso de los años, trabajé en sala, serví mis primeras mezclas y cuando tuve la mayoría edad me fui a estudiar a La Plata. No encontré una vocación que me enamorara más que la gastronomía y el servicio”, cuenta.

Altísimo, atildado, cuidando cada palabra, evoca los primeros tiempos con una media sonrisa en los labios que denota orgullo y suficiencia, pero no soberbia. Y una calma que indudablemente viene de origen. “Después llegué a Buenos Aires. Acá conocí a muchos chefs, pasteleros y sommeliers que me fueron adentrando al mundo de la gastronomía. Siempre desde el servicio, sin tener una formación muy técnica.”

Crobar, Opera Bay, Club Aráoz y La Cigale fueron algunos de los bares por donde pasó Ramiro. Fuentes puras de experiencia a las que él les agregó tenacidad, un espíritu curioso, capacidad de esfuerzo y muchas ganas de aprender. “Con el paso de los años fui conociendo colegas de los cuales aprendí muchísimo. Me salí rápidamente del circuito de bares para trabajar en eventos corporativos y sociales, una acción de consumo fascinante donde la gente está más relajada”, enumera los pasos dados, tratando de que la memoria no se saltee ninguno.

“Luego, un poco la suerte y otro poco el ser autodidacta me llevaron a buenos resultados y terminé liderando el bar de un catering muy bien posicionado que hacía eventos importantes, y donde cada vez más comenzaban a ponderar mi trabajo.”

Stop. Aquí viene el punto de inflexión en la vida de Ramiro, porque con apenas 27 años vio la oportunidad dorada de empezar su propio proyecto. “Mi compañía, RF, se lanzó en 2012 con una propuesta bastante disruptiva para el momento: montar un bar de categoría en un evento social. Difícil, porque los bartenders más profesionalizados en ese momento estaban en restaurantes o bares de volumen. Cuando les hablaba de una barra en un evento generaba un rechazo instantáneo.” 

–Y sin embargo funcionó.

–Muchos otros colegas apoyaron mi proyecto, aunque decían que era una locura total, que era casi imposible trasladar la experiencia del bar: la mise en place, la vajilla... Pero desde el lanzamiento tuve repercusiones muy importantes. Este septiembre se cumplen diez años y en ese tiempo sucedieron cosas impensadas. Nuestro trabajo trascendió la ciudad de Buenos Aires, trascendió diferentes culturas, trascendió el país; hoy por hoy, somos una compañía constituida con varios hitos memorables. Cuando miramos para atrás no lo podemos creer.

Entre esos hitos, que Ramiro no detalla, está el haberles servido tragos a los Rolling Stones, a Barack Obama, a Susana Giménez; y también ser el responsable de las barras que se armaron para el casamiento de Lionel Messi, en Rosario, donde juntó un seleccionado de bartenders para el mejor jugador del planeta.

–¿Cómo llegaste a ser embajador de Bulldog Gin? 

–Hace mucho tiempo que trabajo con el Grupo Campari, siempre fue muy afín. Cuando Bulldog desembarcó en la Argentina y me contaron acerca del proyecto y el espíritu de la marca, me sentí superhalagado, empecé participando en algunas cosas puntuales; a partir de buenos resultados hicimos un acercamiento mutuo. Hoy por hoy, es uno de mis proyectos preferidos.

–¿Cómo definirías un London Dry?

–Es una bebida que habla de una manera de elaborar algo con mucha tradición detrás. A mí lo que más me gusta del London Dry, y en particular del Bulldog, es que es un gin tradicional pero a su vez es megadisruptivo en su perfil aromático y en su constitución como producto; sobre todo a la hora de la ocasión de consumo. Eso me genera mucha empatía.

–Desde el perfil sensorial, ¿qué diferencia tiene Bulldog con otros London Dry? 

–Una de las cualidades más acentuadas de Bulldog, como te decía, es el perfil aromático. Este producto tiene tres capas: la base, que son los infaltables (el enebro, la cáscara de cítricos); la media, que le da aroma floral, y en la final, que es la distintiva, hay por ejemplo ojo de dragón, hay almendras, notas que a nivel sensorial van destacando la parte olfativa y a su vez un carácter un poco más complejo en boca.

–Sabemos que el boom del gin tonic, primero en Europa y luego en la Argentina, llegó acompañado de una forma de consumo relacionada con el copón. ¿Qué tips tenés para armar el gin tonic ideal? 

–Sí, el boom del gin tonic parece eterno. Yo creo que la receta va en gustos. Sobre todo en la cantidad de gin que utilices. Yo soy muy de ponerle 45 ml de gin, para que el trago sea más refrescante que estimulante. El gin tonic perfecto para mí es, obviamente, en un balón donde puedas apreciar el perfil aromático de este cóctel. El tamaño y la cantidad de los hielos son una parte muy importante; tener en cuenta que no deben flotar en el líquido, porque eso genera un deshielo mucho más rápido y va a destruir todas las burbujas del agua tónica.

–¿Y a la hora de elegir un agua tónica y un garnish, qué preferís?

–En el caso del Bulldog, por ejemplo, recomendamos no ir por un agua tónica demasiado aromática, porque es un poco superponer los estilos. Y en particular me encanta el garnish inusual. Una fruta, por ejemplo. Nos guiamos por un concepto de sustentabilidad, de aprovechar todos los ingredientes al máximo. 

“‘Begin Bold’ representa el espíritu de Bulldog; celebra el animarse más allá de los resultados. La marca cuenta conmigo porque mi caso es así: siempre fui para adelante a pesar de las limitaciones lógicas que presentaba el contexto.”

–¿Qué opinás del boom de los gins artesanales en la Argentina? 

–El momento que está viviendo la industria del gin es genial. En el caso del Bulldog, es un London Dry, método que tiene cientos de años perfeccionándose y poniendo a prueba otros métodos de elaboración; combinado con su carácter disruptivo, me parece que tiene un poco más de proyección que productos relacionados con lo local, con lo autóctono. Pero sí, es un muy buen momento para la industria, aunque tengo la sensación que al London Dry va a ser muy difícil moverlo del lugar en el que está. 

–¿Cómo definirías el concepto “Begin Bold”, la campaña global lanzada por Bulldog?

–“Begin Bold” representa el espíritu de Bulldog; celebra el animarse más allá de los resultados. La marca cuenta conmigo porque mi caso es así: siempre fui para adelante a pesar de las limitaciones lógicas que presentaba el contexto. El creador de Bulldog (N. de la R.: Anshuman Vohra, ex banquero del JP Morgan) era una persona del ámbito de la economía que decidió dejar todo y poner las fichas en un producto como este. El concepto celebra el animarse más allá de los resultados, el emprender, el confiar en uno mismo. Y creo que de cierta forma la marca y yo tenemos algo en común ahí: ambos nos animamos sin importar lo que puede venir después.

–Pregunta doble y final: ¿cuál es tu trago preferido y cuál el que más disfrutás preparar?

–Ah, qué difícil. El Dry Martini es mi preferido. Y la otra parte de la pregunta… hace unos años que no estoy tan activo en las barras. Trabajo más los ingredientes en cocina, hacer impregnaciones, infusiones, clarificados. Técnicas que a una bebida tradicional le den un toque extra. Y me gusta a la hora de hacer servicio tener el cóctel listo para solamente servirlo, enfriarlo, decorarlo y hacer énfasis en la hospitalidad, que la gente se sienta cómoda, se sienta a gusto. 

Créditos:

Fotos: Guido Adler y gentileza Campari

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