Agustina Cabaleiro, la influencer detrás de Online Mami: "Ser gordo es una construcción, es cultural"

A través de sus redes sociales, supo poner en jaque los ideales de belleza. Quién es esta influencer que creó una comunidad a base de amor propio y expandió los límites de la moda.

“Cuando era chica no me podía preguntar si me gustaba la moda porque no había moda para mí”, dice Agustina Cabaleiro (27) con los labios pintados de rojo y un body negro que, ahora sí, calza a la perfección con su cuerpo.

Su forma de hablar y de mirar a la cámara hipnotizan, si no, basta con abrir Instagram y escribir en el buscador @onlinemami_. En la red social del corazón, más de 340 mil personas la siguen porque su activismo gordo rompe barreras: Agus posa en bikini, se clava un escote que baja del pecho hasta la panza y le dice que sí al tiro bajo; usa encaje, ropa de colores y ni el glitter de sus ojos brilla tanto como ella cuando habla.

“Cuando ves que los cuerpos que viven las historias de amor, de éxito, son todos parecidos entre sí y el distinto es el tuyo, pensás que vos estás mal y que tenés que cambiar.”

“Yo armé mi perfil de Instagram en 2013, cuando ni siquiera existían los influencers, y me acuerdo de que las chicas me decían que les gustaba verse reflejadas en mí. El tema es que yo no estaba haciendo nada en ese momento, no es que teorizaba sobre algún fenómeno. Estaba existiendo, hacía cosas que ellas querían hacer y no se animaban por el cuerpo que tenían.”

Casi diez años después, Agus entendió por qué una pila de seguidores le dieron follow en un momento en el que todavía no se hablaba del amor propio ni se escuchaban los términos “body positive” o “plus size”: “Nunca pude encontrar muchos ejemplos en la moda, y creo que es la razón por la que la gente me sigue: ‘Che, hay una piba que vive en mi país, tiene un cuerpo parecido al mío y se pone lo que tiene ganas’. Eso es lo que llama la atención y por eso la Online Army, mi comunidad, es tan fuerte”

–¿Cuándo empezaste a ver la moda como una posibilidad?

–Recién pasados los 20 o los 25 años. Antes no me podía vestir, me ponía lo que iba encontrando para abrigarme en invierno y no tener calor en verano. Tuve que esperar a cumplir 15 para viajar al exterior y comprarme dos jeans. Me hacía mucha ropa mi abuela, compraba la tela y me cosía las prendas; o iba a locales de ropa con mi mamá, que se hacía amiga de las vendedoras y les decía: “Bueno, traele todo lo que le pueda entrar”. No era: “A ver qué me gusta”. Nunca pude elegir. 

–Una encuesta que hizo Anybody el año pasado determinó que en la Argentina 6 de cada 10 personas tienen dificultad a la hora de encontrar ropa de su talle. 

Nadie encuentra ropa de su talle: ni por gordo, ni por flaco, ni por alto, ni por bajo; nadie encuentra ropa. El otro día en TikTok me escribieron: “Hacé un experimento social y andá al shopping para ver si encontrás ropa de tu talle”. ¿Para qué? ¿Para ponerme a llorar en el probador como cuando tenía 13? Ya pasé esa etapa, ya sé que en ningún local del shopping voy a conseguir un jean. Hoy elijo con mucha conciencia los lugares a donde ir a comprar, y tiene que ver con cuidar mi salud mental. 

–¿Y qué te pasa con las marcas que se suben al boom de la diversidad? ¿Cuánto hay de inclusión y cuánto de marketing?

–Está bueno que se suban al boom, siempre y cuando la marca comparta esos valores. Una vez se armó un re tole-tole porque una marca de shopping con talle menos 20 sacó un video sobre el amor propio, y era como: “Flaco, media pila, no te quieras subir a esta porque está de moda”. Pero la gente los re bardeó y tuvieron que bajar la campaña. Eso es lo bello de las redes, porque antes no pasaba nada. Obvio que si hablar de diversidad no vendiera, probablemente no lo harían, pero me sirve si la gente se los empieza a exigir. “Quiero ver diversidad en las campañas, quiero ver estos talles”. Los consumidores empiezan a exigir y eso me sirve, porque las marcas lo terminan haciendo.

“Pasa algo curioso: la gente hegemónica no habla de que es hegemónica, entonces estaría bueno hablar de otra cosa. No me llames porque soy el cupo de diversidad, llamame porque te gusta lo que hago.”

Además de ser licenciada en Publicidad, modelo y activista body positive, Agus Cabaleiro es autora de Te lo digo por tu bien. Sobre ser gordas y ocupar espacios con libertad. Cuando le consultan por qué eligió ese nombre tan particular para su primer libro, la respuesta es concisa: “Me dicen un montón de cosas ‘por mi bien’. Todo termina en que soy una gorda horrible que tiene que dejar de comer, básicamente. La solución de la vida de cualquier persona siempre es bajar de peso, sea cual sea el problema: si no conseguís pareja, tenés que bajar de peso; si no conseguís ropa, tenés que bajar de peso; si te va mal en tu laburo, tenés que bajar de peso; cuando hay un montón de otras cosas que pueden estar pasando. El comentario ‘te lo digo por tu bien’ siempre tiene que ver con la salud: ‘Deberías bajar de peso, te lo digo por tu bien’. Pero viene de gente que no es médica, ni te conoce, ni te aprecia, ni tiene estudios ni pruebas de que te va a ir mejor si bajás de peso. Todavía existe esta cuestión de que ‘flaco’ es sinónimo de ‘sano’ y ‘gordo’ es sinónimo de ‘insalubre’. Es muy difícil arrancarle a la gente eso de la cabeza”. 

–Imagino que estos comentarios se deben de haber profundizado con tu llegada a las redes sociales. ¿Cómo hacés para lidiar con eso?

–No me pongo a explicarle cosas a nadie ni a pelearme con nadie. Que yo explique en un comentario de Instagram por qué una frase es gordo-odiante no va a cambiar el mundo. Lo va a cambiar la ley y la gente se va a tener que aggiornar a eso. Trato siempre de poner mi salud mental como prioridad, hago terapia, y después hay herramientas que te dan las redes, como silenciar palabras o bloquear gente.

–¿Qué palabras tenés silenciadas?

–Todo lo que es “diabetes”, “colesterol”, todo eso que termina en: “Divina tu foto en bikini, quiero ver tu colesterol”. Un montón de palabras del estilo, “enferma”, puteadas, esas cosas. 

–Alguna vez dijiste que a la gente le da miedo usar la palabra “gordo”. ¿Cuándo perdiste el miedo vos?

–A la gente le da miedo serlo, por eso cuando se refiere a alguien gordo, siempre lo hace con eufemismos, “estás grandote”, “rellenito”. Ser gordo es lo peor que podés ser, nadie quiere usar esa palabra porque claramente es un insulto. Yo perdí el miedo cuando entendí que ser gordo es una construcción, es cultural y es algo aprendido. Nos enseñan por repetición qué es lindo y qué no es lindo, lo que te puede calentar y lo que no, quién llega y quién no. Vos agarrás una revista y las personas son todas más o menos parecidas, mirás una película y pasa lo mismo. Recién ahora está cambiando eso. Cuando ves que los cuerpos que viven las historias de amor, de éxito, son todos parecidos entre sí y el distinto es el tuyo, pensás que vos estás mal y que tenés que cambiar. Tu cabeza dice: “Si no soy así no voy a poder vivir esas cosas”. 

–Hace poco se viralizó un tuit de una chica que vive en Barcelona, que decía: “Me sentí muy fea durante toda mi estadía en la Argentina, volví y se me pasó. Siento que los estándares estéticos allá son la dictadura”. ¿Tuviste la oportunidad de viajar a otros países y ver cómo te sentías con tu cuerpo en esos lugares?

–Sí, cuando tenía 16 años viajé a Cuba con mis papás y de repente estaba buenísima. Los chabones estaban muertos, hacían cola por mí y yo no entendía nada. De pedo había conseguido que un chico me diera bola y me había puesto de novia, onda: “A este no lo suelto más”. Y de repente llegué a Cuba y estaba bárbara, los pibes me pedían mi teléfono, me preguntaban de dónde era, cómo me llamaba. Locura total, y yo pensaba: “¿Qué? Pero si no bajé 30 kilos en el avión”. Estaba existiendo en otro lado. Eso hizo que me diera cuenta de que la belleza es cultural, es algo que nos enseñan

–Teniendo en cuenta los estereotipos construidos alrededor de la belleza, ¿cómo la definirías vos?

–Creo que la belleza es la libertad de hacer lo que quieras, verte como quieras y sentirte bien con vos mismo. Eso es lo realmente bello. 

–Con total sinceridad, ¿ya te aburrió hablar de activismo gordo?

–Es una militancia que claramente me atraviesa, pero sí pasa algo curioso, que es que cada vez que llamamos a activistas, siempre terminamos hablando de activismo. Las disidencias siempre terminan hablando de que son disidencias y la gente hegemónica no habla de que es hegemónica, entonces estaría bueno hablar de otra cosa. No me llames porque soy el cupo de diversidad, llamame porque te gusta lo que hago. Igual, eso también me pasa, pero cuesta despegarse de ese personaje. 

CRÉDITOS

Fotos: Guido Adler

Dirección de producción: Gimena Bugallo

Estilismo: Camila Mariani

Make up: @macu.atauri

Pelo: @avhairstyle

Realizador audiovisual: Chanas Scigliotti

Agradecimientos: Majo Store, Lila Blake, Toribia Choque, Kundalini Lencería, Un Lobo Blanco, Viví Tus Curvas, Abrakadabra y Santiago Artemis

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