Los traperos quieren rock para divertirse: el pop-punk está de regreso

La generación Z y TikTok despertaron a un monstruo dormido de los años 2000, como en los días de Blink-182 y Avril Lavigne. ¿Cómo se adapta a los tiempos modernos?

Por Gabriel Orqueda

“He’s back”, anunciaban los afiches virtuales de Paulo Londra, con su carita linda fusionada con la de un león. Después de dos años de no sacar música por conflictos legales, el rostro del trap pop argentino, que no bajó de los diez millones de oyentes mensuales en Spotify a pesar de su reclusión forzada, tenía “Plan A”, su esperadísimo rugido de regreso. ¿Un reggaetonazo para dominar las pistas? ¿Un malianteo para sumar street cred? No: un pop-punk sobre una chica que no le da mucha bola. Parece que el revival del Y2K no solo trajo consigo los jeans tiro bajo, también marcó el regreso del género insignia que hace 20 años le respondió a Britney y a los Backstreet Boys con Avril Lavigne y Blink-182.

Es curioso: el pop-punk no volvió por los que estuvieron bancando la parada de las guitarras durante el ascenso de los beats. Son los propios centennials los que están recurriendo a esas melodías urgentes de principios de siglo. TikTok no deja mentir: los usuarios hicieron más de 1.800 millones de videos bajo el hashtag #popunk.

El rock no ha muerto

Se puede argumentar que el género nunca desapareció del todo, pero la prominencia a la que apunta hoy no se parece a nada desde mediados de los 2000. La fusión trap-punk que vemos ahora en canciones como la de Londra, “Muriéndome” de Duki y Khea o en varios pasajes de los discos de Bad Bunny tienen también su caldo en referentes, como XXXTentacion, Juice Wrld y Lil Peep, que mezclaron elementos pop-punk con sus beats oscuros.

Quizás la conversión más radical, y la que mejor ilustra la tendencia, es la de Machine Gun Kelly. Después de sacar cuatro discos de rap en el sello Bad Boy Records de P. Diddy –y no mucho después de ser destrozado por Eminem en un enfrentamiento de tiraderas–, decidió reconvertir su carrera. Agarró la guitarra, se calzó las muñequeras con tachas y llamó a Travis Barker, el baterista celebrity de Blink-182, para que le produjera un disco. Tickets to My Downfall, de 2020, es un set de canciones de menos de tres minutos, repletas de melodías de tres acordes, grandes ganchos y puentes, latiendo en el mismo tempo óptimo de 85 a 110 bpm que los grandes singles de los Blink. Fue su primer número uno. Consultado por este rebranding, Kelly dijo que el revival del sonido ya estaba en marcha antes de que él se sumara, pero el movimiento “necesitaba una cara”. La suya.

Y las señales del cambio tectónico son más fuertes desde entonces. Olivia Rodrigo, ganadora del Grammy, viene de romperla con “good 4 u”, un tema que, pese a quien le pese, lideró el regreso comercial de las guitarras de rock en la pandemia: pasó once semanas en el segundo puesto de Billboard en los Estados Unidos y fue el primer single de rock desde “Bring Me to Life”, de Evanescence, en pasar cuatro semanas en el puesto número uno del Reino Unido. 

Pero es un poco más abajo de esos números de éxito dónde se empieza a ver la renovación del género más allá del revivalismo. En los años 2000, las principales bandas estaban compuestas en su mayoría por hombres blancos, cis y heterosexuales. Ahora el pop-punk suma más colores, orientaciones y expresiones de género al frente. WILLOW y Rodrigo son mujeres racializadas, al igual que todos los miembros de Pinkshift, la banda de Baltimore. El británico Yungblud se identifica abiertamente como pansexual y poliamoroso. Va a ser interesante ver qué agrega este factor a un género que estaba espiritualmente asociado al humor de Jackass.

El otro gran desarrollo del nuevo pop-punk es el uso de las redes sociales. TikTok catapultó a cantantes como Cole “Lil Huddy” Hudson, Jaden “Jxdn” Hossler y Nessa Barrett. Los tres fueron a parar a DTA Records, el sello que Barker abrió después de su éxito con MGK. Es tan circular la historia y tan sólido el puente con la generación del 2000 que Barker también sumó a su sello a Avril Lavigne. Libre de su contrato con BMG, la superestrella canadiense de 37 años sacó en marzo el disco Love Sux. Suena y luce como si sus romances con sk8er boys y tardes de travesuras en el shopping hubieran pasado ayer (su disco debut, el clásico Let Go, cumple 20 años en 2022). En una entrevista reciente en Billboard a propósito de su regreso y el de la escena que la vio nacer, ella dice cómo lo ve. “Era extraño para mí que la radio ya no estuviera pasando pop-punk. Yo pensaba: ‘¿Me están cargando?’. Para un montón de nosotros, el pop-punk nunca se fue.”

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