Germán Palacios: "Nuestro oficio es hermoso pero muy ingrato"

A punto de cumplir los 59, el actor que formó parte de grandes clásicos de la televisión argentina vuelve a la pantalla grande con un western urbano rodeado de un elenco estelar y disfruta del presente de Art, la obra de teatro que fue un éxito en los 90 y que hoy dirige junto a Ricardo Darín.

Germán Ignacio Palacios cumple 59 años el 30 de mayo pero su figura, que conserva la memoria de los hábitos deportivos y su predisposición para el oficio, lo asemeja a un alquimista que supo hacer jugar el tiempo a su favor.

Es la clase de actor que uno piensa que conoce de toda la vida. Desde que una temprana lesión frustrara lo que se vislumbraba como un promisorio futuro en el handball, con sueños mundialistas con la Selección argentina, Palacios debió reconsiderar sus prioridades.

Arrancó a estudiar teatro en la adolescencia y su vínculo con la interpretación no conoció interrupciones. En televisión formó parte de programas de culto como La banda del Golden Rocket, Tumberos, Sin condena y En terapia (magnífico trabajo donde componía a un policía con tendencias suicidas). Lleva casi cuatro décadas de trayectoria en el cine. En el teatro será recordado eternamente por Art, obra con la que sostiene un inquebrantable romance que perdura hasta la actualidad.

Ahora, en plena promoción de Franklin. Historia de un billete, película en la que comparte elenco con Daniel Aráoz, Sofía Gala Castiglione, Isabel Macedo y Luis Brandoni, entre otros, Germán Palacios recibe a El Planeta Urbano en las oficinas de Pampa Films con ganas de conversar. 

Se lo nota entusiasmado con esta especie de western urbano en el que encarna a Correa, un tipo duro, de pocas palabras pero de mucha acción, que haría sentir orgulloso a Charles Bronson y provocaría la envidia del mismísimo Liam Neeson.

Mate en mano, es saludado por los colegas que van concluyendo la jornada laboral. A lo largo de la charla, Palacios no levanta la voz. Sabe que la firmeza de su discurso no necesita de estruendosas amplificaciones para hacerse escuchar. Presta atención a las preguntas y no esquiva ningún interrogante.

–Tenés fama de ser exigente y selectivo con tus personajes. ¿Por qué esta vez le dijiste que sí a Franklin?

–Cuando te encontrás una historia que es atractiva, leés un guion y sentís que lo podés terminar (se ríe), cuando te gusta la generalidad del cuento y te parece que podés enfrentar el rol que te toca como un desafío interesante, decís que sí. En este caso, me gustaba eso de que fuera un ex boxeador, sentí que estaba bien que fuera yo con mi edad. También me gustaron los compañeros que estaban pensados para la peli, y lo que terminó de definir fue la charla con el director, donde vos sentís si podés compartir tu lectura con su visión y llegar a un acuerdo de trabajo. Eso se dio en la primera reunión que tuvimos con Lucas Vivo García Lagos, donde me dijo: “Yo quiero que lo hagas vos”, sin muchas vueltas, y eso abrevia todo, da confianza y genera mucho compromiso.

–En cuanto a lo físico, ¿tuviste alguna preparación especial para hacer de un ex boxeador o simplemente te mantenés siempre en forma?

–Me gusta hacer deporte, pero me entrené para el rol, sin volverme loco. No hago pesas, no hago gimnasia, ando en bicicleta y juego al fútbol. Entonces al momento de filmar sostuve una rutina que mantuve y me hizo muy bien. La hacía todos los días durante los dos meses previos al rodaje, una rutina no muy larga porque si no, no la cumplís. Y fue bueno también psicológicamente porque te fortalece.

–¿Cómo se encara el estreno de una película argentina en un momento donde la mayor parte del público se inclina por ver tanques, como Doctor Strange, y después elige quedarse en su casa pegada a las plataformas de cine y series? 

–Mirá, la verdad es que no tengo una expectativa personal respecto de las películas. Me parece que, como decís, es un momento muy difícil del cine argentino, eso está a la vista, no hace falta que lo diga yo. Hay que empezar a echar luz por algún lugar porque tenemos que seguir haciendo películas. Necesitamos que siga habiendo cine independiente, tienen que seguir existiendo oportunidades para la gente que aparece en distintos rubros. Franklin, en ese sentido, es un fenómeno raro porque sale en muchas salas, con una expectativa mayor a la de una película independiente promedio que no tiene ni chances. A mi alcance solo está el deseo de que le vaya bien por todo lo que pusimos detrás, puedo decirte que es entretenida y no tiene pretensiones, lo cual la convierte en un producto que para mí es noble. Y por supuesto que no es lo mismo ver películas en el cine que en una plataforma, hay que apreciarlas en una sala por todo el trabajo que tienen, es muy placentero verlas con todos los sentidos.

“Espero que lo que venga en el Incaa sea lo que queremos todos, que el cine nacional esté bien alto como siempre, representándonos y con posibilidad de crecimiento.”

–Durante doce años hiciste Art y ahora la estás dirigiendo. ¿Qué significa esa obra en tu vida?

Art significa un pedazo de mi vida: de la mía, de la de Ricardo [Darín], de la de mucha gente que nos acompañó, de nuestras familias. Es una obra con la cual hemos crecido. Doce años en la vida de una persona es mucho tiempo, y en la vida profesional de un actor es muchísimo. Así que habiendo pasado diez años de nuestra última función se empezó a hablar de la posibilidad de una nueva versión y nosotros tomamos la idea de dirigirla con seriedad, alegría y respeto. Nos agarró la pandemia en el medio y fue complejo, así y todo empezamos a ensayar vía Zoom, le pusimos mucho, y la verdad es que alegra que esté circulando con el trío tan lindo que lo protagoniza (Pablo Echarri, Fernán Mirás y Mike Amigorena), es una experiencia hermosa.

–En Art, el tema de la amistad está muy presente pero también la cuestión de aceptar al otro, de tolerar que piense distinto. Quizás cuando arrancó no estaba tan presente eso, pero ahora es una oposición al tema de la grieta y a los antagonismos que genera.

–Es una gran obra y mantiene su vigencia intacta porque el conflicto que plantea es universal y eso va a convertirla en un clásico. Tres amigos que discuten su vínculo es un tema que no va a morir nunca. Como está escrita con gran inteligencia pone de manifiesto, en estos momentos donde estamos muy intolerantes y hay una lectura tan maniquea de las cosas, que hay una mirada más sutil y más elevada acerca de cómo pueden llevarse adelante los conflictos.

–Volviendo al cine, ahora está muy vigente el tema de las directoras que son premiadas en todos los festivales del mundo, y vos tenés experiencia de trabajar con mujeres, como Lucía Puenzo, Claudia Llosa, Sandra Gugliotta. ¿Se fue dando o es algo intencional de tu parte?

–Se fue dando, y la verdad es que me da mucho placer trabajar con directoras porque siempre es muy interesante otro punto de vista que no sea el masculino. Me he llevado muy bien, pude acordar aun en el disenso y eso te plantea otros universos. Estar abierto a esos viajes me ha hecho crecer.

–Recién mencionábamos a Lucía Puenzo, vos trabajaste con ella y también con su hermano Nico. ¿Tenés una opinión formada respecto de lo que pasó con Luis Puenzo y su salida del Incaa?

–Mirá, no tengo cosas puntuales para decir sobre la gestión, pero siento lo que le pasa a todo el mundo, que tocó un momento extremadamente difícil y de repente fue como si hubiese dejado de existir el cine. Yo tengo un gran aprecio por esa familia, los quiero mucho, he trabajado siempre muy bien con ellos y comprendo que hacer una gestión de ese tipo en este momento tiene sus cosas. A lo mejor tocó un momento en el que todo se complicó y llegó al extremo de tener que dejar el cargo. Espero que lo que venga sea lo que queremos todos, que el cine nacional esté bien alto como siempre, representándonos y con posibilidad de crecimiento. Para eso necesitamos presupuesto y gestiones que sean lo suficientemente amplias, hay que evitar que todo se vaya circunscribiendo a las plataformas, donde la producción es para unos pocos. En ese sentido, anhelo que podamos tener una proyección mejor sobre todo para los que vienen, si no, nadie va a querer hacer cine.

Art significa un pedazo de mi vida: de la mía, de la de Ricardo [Darín], de la de mucha gente que nos acompañó.”

–En su momento ganaste un Cóndor de Plata por El sueño de los héroes, no sé si te acordás.

–Uf, de esa película me acuerdo perfectamente porque fue una grandísima experiencia.

–Te preguntaba porque me dio la sensación de que no sos un tipo que les dé muchísima bola a los premios.

–La verdad que ninguna. Los recibí siendo más joven, muchas veces estuve nominado en ternas con actores increíbles, pero terminé descreyendo profundamente de los premios. No trabajo para eso y tampoco me interesa la cuantificación o la categorización que puedan hacer con respecto al trabajo de uno.

–¿Descreés debido a quienes dan los premios?

–Y… tuve grandes decepciones. Pero sobre todo no me gusta el manoseo de poner en juego el trabajo que uno ha hecho, tengo mis fobias y mi punto de vista al respecto. Creo que todo el mundo tiene derecho a juzgar y decir si algo tiene más o menos mérito, pero no quiero prestarme a ese juego. En un momento determinado decidí que los premios eran injustos y que no me merecían el menor de los respetos aquellos que los otorgaban, entonces hice una ley pareja y no participo.

–Otro gran tema para un actor es la ansiedad. Dijiste que estás operado de eso, ¿podés ampliar el concepto?

Nuestro oficio es hermoso pero muy ingrato respecto a las expectativas a largo plazo. Cuando hablo de operarse de la ansiedad del actor digo que entre las propias proyecciones y la necesidad de poder sustentarte en torno a este trabajo a veces hay una diferencia abismal. Aprendí desde muy jovencito que esos pensamientos son altamente corrosivos. Lo convertí temprano en un mecanismo de defensa y decía: “Yo elijo esto, vos no me elegís a mí. Y voy a ver si trabajo en tu película, Scorsese” (se ríe).

–A todo esto, el personaje de Juan Minujin en El marginal se llama Miguel Palacios. ¿Sabés si ponerle ese apellido fue un homenaje hacia vos por parte de Caetano? 

–Te voy a decir que es muy probable, porque cuando hicimos Tumberos existía mucho ese código de homenajear, y de hecho mi personaje era Parodi porque el asistente de Caetano se llamaba así. Esos chistes internos siempre estuvieron. Habría que preguntárselo, pero bien podría ser un guiño caetanístico.

Fotos: gentileza Franklin. Historia de un billete

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