Flor Torrente: “Hay que aprender a decir que no”

A sus 33 años, la actriz que creció en pasarelas y sets de televisión divide su tiempo entre el rodaje de una nueva serie, la moda y la creación de su primer disco solista. Todos los universos de una artista que empuja sus propios límites y sigue creciendo.

Su apellido la representa. Su esencia corre como un caudal intenso que la lleva a transitar con fuerza natural todos sus caminos; a enfrentar desde chica a los medios y la exposición desde un lugar transparente, porque Flor Torrente se muestra como es y se anima a probar y reinventarse una y otra vez. 

A los cinco años ya deambulaba por pasarelas, estudios de teatro y televisión; aunque quería esquivarlos para poder pasar más tiempo con Araceli González, su mamá. Creció sin buscar su deseo de ser artista, y lo atravesó en todo lo que hizo y hace: como modelo, actriz, cantante, conductora y dibujante. Su espíritu creador siempre está despierto. 

Decir que no a veces le cuesta, pero cada vez lo maneja mejor. Pasó por shows, películas y obras de los estilos más diversos: Graduados, En terapia, Viajeros, La casa de Bernarda Alba, Punto de quiebre, Sola. Y al mismo tiempo mantuvo despierta su conexión con la moda, por eso hoy es la protagonista de la imagen de Furzai y lleva adelante su propia marca, Helicia. En medio de una grabación para un nuevo proyecto, se escapó un rato para contarle a El Planeta Urbano algunas pinceladas más de su vida. 

“Tenía cinco años y la gente me decía: ‘Vos vas a ser actriz’, y yo todo lo que deseaba era estar lejos de una pantalla. Cuando crecí, entendí que esto era lo que quería hacer.”

Te hice salir de un rodaje. ¿Se puede saber de qué se trata?

–Todavía no podemos contar nada, ahora los proyectos son secretos, ¿viste? Cuando hice el casting no sabía ni para qué serie iba a ser. Es un proyecto superdesafiante, algo que nunca hice. Falta mucho todavía, sale recién el año que viene, pero me tiene muy entusiasmada. Es mi primera experiencia en una plataforma. 

¿Tu cambio de look es por la serie?

–Exactamente, empezamos a ensayar y me dijeron: “Queremos que te cortes el pelo y te lo tiñas”. Así que acá estoy, otra vez rapada y con el pelo color chocolate. 

¿Te gustan los cambios o te asustan?

–Me encantan, de hecho, me quiero hacer mil cosas pero no me quiero limitar por los laburos. Siempre trato de que los cambios abruptos sean con relación a los personajes, para poder acompañar el proceso. 

–Alguna vez dijiste que crear tu propia marca, Helicia, fue como dar el salto. ¿A qué te referías?

–Helicia es una parte de mí, es como un brazo, una pierna. Se empezó a gestar de un modo muy natural y hermoso, con una socia que es mi gran amiga, con historias de familia muy parecidas, con madres y abuelas muy poderosas, y ya llevamos nueve años. El dinero y las empresas pueden destruir vínculos familiares, amistosos, y lo único que hace Helicia es potenciar nuestro vínculo. Es una marca que no tiene género, es para quien quiera sentirse bien en la indumentaria que le siente mejor. Trabajamos mucho en la calidad del producto, en que sea atemporal, en terminar con esto de las temporadas, porque así vamos a destruir todo. 

También protagonizaste la última campaña de Furzai. De todo lo que hacés ¿qué es lo que más disfrutás?

–Todo, porque todo es una parte de mí. Helicia, la música, la actuación. El dibujo y la moda me sirven mucho para la construcción de un personaje. Antes de crearlo, lo tengo que dibujar, imaginarme qué ropa usa. Uno tiene que entender que todo lo que hace a lo largo de su vida lo construye, y lo puede implementar en todos los aspectos. También hay que aprender a decir que no, los noes son más importantes que los síes. Estoy aprendiendo a decir que no y a decir que sí a lo que realmente me parece importante. 

Contaste que tu hermano Toto te enseñó mucho. ¿Qué es lo más valioso que aprendiste de él? 

–Es una persona muy pasional y muy amante de la naturaleza. Desde muy chiquito nos conectó a todos con el mundo exterior; hizo que ese bichito que todos teníamos adentro explotara. Hemos hecho buceo los dos, nos gusta estar al tanto del cuidado del medioambiente. 

“A los siete años quería estudiar canto y no me dejaban, me decían que tenía que esperar a desarrollar la voz. A los trece empecé, y es una de las cosas que más estudié. De hecho, ahora estoy armando mi disco.”

El mar te genera muchas cosas, ¿no?

–Sí, en noviembre fui a Puerto Pirámides a hacer una película que está muy conectada con las ballenas, y tuve que bucear y exponerme a situaciones muy intensas. Es un lugar donde no hay señal, no hay internet, hay muy poca agua; tu única conexión es con la naturaleza. Fue absolutamente una explosión cerebral. La directora, Lucía Van Gelderen, hizo un corto sobre ballenas que quedó seleccionado en Cannes; ella vive ahí y su papá es uno de los creadores del avistaje de ballenas. Me citó hace seis años, porque el cine argentino independiente lleva mucho tiempo, puede suceder en el momento, en diez años o nunca. Y finalmente en noviembre del año pasado la filmamos. Se llama Reparo, justamente porque en Puerto Pirámides no hay reparo, el viento pega por todos lados. 

¿Qué lugar ocupa tu mamá en tu vida? ¿Cómo es su vínculo?

–Es un vínculo muy fuerte y muy estrecho desde que nací. Mi mamá fue madre muy joven, yo era como una parte de ella; laburaba y yo la acompañaba a todos lados con mi abuela. Cuando era muy chiquita los medios eran físicamente mucho más invasivos que ahora; ahora son más invasivos pero virtualmente. Yo no me sentía cómoda, más allá de que nací con eso. Tenía cinco años y la gente me decía: “Vos vas a ser actriz”, y yo todo lo que quería era estar lejos de una pantalla. Era inevitable estar conectada con ese mundo; renegaba de él porque me robaba a mi mamá, y como niño uno quiere tener a su mamá constantemente. Cuando crecí, entendí que esto era lo que quería hacer. 

Siguieron un camino diferente al principio, pero después se unió en algún punto. 

–Quizás de chica era más complicado, porque cuando uno está creciendo quiere separarse de sus padres; la adolescencia se trata de eso, y para salir hay que romper. Pero después crecés y te acomodás. A mi madre la amo y me encanta poder compartir las pasiones. 

También tuviste un proyecto musical con Joaco Vitola. ¿Esa parte musical sigue viva?

–La música siempre estuvo en mí. A los siete años quería estudiar canto y no me dejaban, me decían que tenía que esperar a desarrollar la voz. A los trece empecé, y es una de las cosas que más estudié. De hecho, ahora estoy armando mi disco. La música es muy personal, es como una operación a corazón abierto. En todo uno cuenta lo que le pasa por dentro, pero en lo actoral estás escondido detrás de alguien. Acá sos vos y lo que te pasa, no te podés escudar atrás de nadie. 

Te mudaste recientemente con tu novio Guido, ¿qué tal la convivencia?

–Superbién, nos encontramos en un momento clave, los dos queríamos cosas parecidas; me parece que de eso se tratan los vínculos, de encontrarse en la mayor cantidad de puntos en la vida. Vivimos con nuestros perros en Escobar, estamos constantemente al aire libre, rodeados de naturaleza. 

Hace poco tuviste un accidente. ¿Cómo fue el después? ¿Sentís que te transformó en algo?

–Nunca había tenido un accidente en mi vida y fue el más fuerte que puede tener un ser humano. Fue algo totalmente involuntario: me explotó una cubierta, trompo, Panamericana, chocar a muchos autos, que te choquen y desaparezcan. Fue muy violento. Me acuerdo de que me ayudó mucho una persona que ni siquiera estaba involucrada en el accidente. Miguel, no sé el apellido, pero lo voy a recordar siempre. Te replanteás la vida entera. Me enseñó a estar un poco más en el minuto a minuto, en lo que estás haciendo. A veces estás con tantas cosas que se pierde un poco el foco. En un segundo te puede cambiar la vida y podés dejar de estar en este plano. Fue un volver a nacer, básicamente. 

Fotos: Fausto Elizalde

Agradecimientos: Furzai

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