A 50 años de 'Exile on Main St.': cómo se gestó la obra maestra de The Rolling Stones

El décimo álbum de The Rolling Stones cumplió 50 años. A pesar de que fue grabado en medio del caos, se convirtió en su obra maestra.

En la década del 70, mientras los artistas latinoamericanos se exiliaban por las dictaduras, en Inglaterra debían hacerlo para escaparse del fisco. The Rolling Stones huyeron a Francia para evitar pagar impuestos y allí, expatriados y sumergidos en el caos y los excesos, gestaron su obra maestra, Exile On Main St., un disco doble que representó el punto más alto de su período más creativo.

Mick Jagger, Keith Richards, Charile Watts, Mick Taylor y Bill Wyman se encontraban en una situación compleja. Estaban en la cima, de eso no había dudas. Desde que Jimmy Miller tomó las riendas de la producción en 1968, tras la partida de Andrew Loog Oldham, los Stones no pararon de cosechar éxitos. Entre el final de la década del 60 y los inicios de los 70, todo lo que sacaban se convertía en un clásico instantáneo. Beggars Banquet, Let It Bleed y Sticky Fingers forman la trilogía imbatible que representó el fin de la relación con su manager Allen Klein, quien logró quedarse con los derechos de todas las canciones que grabaron en el período 1963-1971. La banda quedó envuelta en una encarnizada batalla legal que hasta 1984 no pudo resolver. Por otro lado, su contrato con Decca había terminado, por lo que el grupo fundó su propio sello, Rolling Stones Records, para gozar de mayor libertad. 

Su mayor problema en 1971 era, sin embargo, una impagable deuda impositiva de la que solo pudieron escapar refugiándose en otro país. Todos optaron por mudarse al sur de Francia, cada uno en una localidad diferente, pero usaron Nellcôte, la mansión de la Belle Époque ubicada en la Costa Azul que había alquilado Keith Richards, como centro de operaciones. Así, en las cercanías de un pueblito mediterráneo llamado Villefranche-sur-Mer, instalaron su estudio móvil e iniciaron las sesiones más desordenadas y complicadas de su historia. 

La grabación de Exile On Main St. estuvo dirigida por el guitarrista, que como anfitrión llevaba una rutina que no todos los miembros del grupo podían seguir. Fue un período al que bautizaron el “Tiempo de Keith”, en el que arrancaban a trabajar a la noche y terminaban a la mañana siguiente. El ambiente, además, era lúgubre. El sótano de Nellcôte era enorme y estaba subdividido en habitaciones en las que cada músico se ubicaba hasta encontrar el mejor sonido. Pero la oscuridad en la mansión también la llevaba el mismo Richards, que todavía seguía enganchado a la heroína y atraía al lugar a todo tipo de gente. Es por eso que el bajista Bill Wyman trataba de estar allí lo menos posible y Charlie Watts se buscó una casa a tres horas de distancia. Jagger, por su parte, pasaba más tiempo en París planeando su boda con su prometida, la actriz y activista nicaragüense Blanca Pérez-Mora Macías, con quien contrajo matrimonio en una ceremonia en Saint-Tropez. 

En el documental de 2010 Stones in Exile, Keith explicó cómo difería su forma de trabajo con la de su amigo: “Mick necesita saber qué va a hacer mañana. Yo, en cambio, soy feliz levantándome y viendo quién anda por ahí”. “Happy”, posiblemente la canción más conocida de las que canta él, nació de la nada y participaron de la grabación solamente los que estaban en el momento en el que apareció en su cabeza, es decir, Jimmy Miller, que se sentó en la batería, y el saxofonista Bobby Keys. El bajo también lo tocó Richards, quien admite en su autobiografía que la composición “llegó volando por el éter”. “La hicimos al mediodía, en apenas cuatro horas”, y luego reflexiona: “Cuando das con algo hay que dejarlo volar”.

En la década del 70, The Rolling Stones huyeron a Francia para evitar pagar impuestos y allí, expatriados y sumergidos en el caos y los excesos, gestaron su obra maestra, Exile On Main St., un disco doble que representó el punto más alto de su período más creativo.

Parte del material fue escrito durante la grabación de Sticky Fingers, pero el grueso de Exile On Main St. nació durante la estadía de los Stones en territorio galo. El hecho de encontrarse fuera de su país, por su cuenta, y con parte del staff viviendo bajo el mismo techo, disparó su creatividad. La fuente de inspiración podía surgir de cualquier lado, como la falta de ventilación del subsuelo de Nellcôte (“Ventilator Blues”) o los cortes de energía que sufrieron constantemente hasta que encontraron la forma de colgarse a la conexión eléctrica del tren (“Stop Breaking Down” y “All Down The Line”). Todos los días surgía una canción, o al menos un esqueleto sobre el que componer, que podían registrar fácilmente gracias a que su estudio móvil estaba instalado en el exterior de la mansión, conectado directamente al sótano, cuya acústica le dio a los temas una crudeza espectacular.

En su momento, ese estudio fue una gran innovación a punto tal que muchas otras bandas, como Led Zeppelin y The Who, lo alquilaron para hacer sus discos. A Jagger y compañía les permitió hacer su álbum más voluminoso sin tener que moverse demasiado. El guitarrista, que jugaba de local, hasta podía darse el lujo de hacer sobregrabaciones y trabajar en una idea hasta tenerla terminada a la hora que quisiera. 

Keith admite que la heroína lo mantuvo aislado del caos que lo rodeaba y de la gente que desfilaba por Nellcôte abusando de su hospitalidad. Lo conectó con la composición sin importar lo que sucedía en su entorno. “Cuando estoy grabando no existe el concepto del tiempo”, admite en sus memorias. “Me doy cuenta de que siguen pasando las horas cuando empiezo a ver a la gente cayendo a mi alrededor. Si no fuera por eso, yo seguiría y seguiría”.

Exile On Main St. es la visión de Jagger y Richards de cómo debería sonar el rock en un mundo que todavía estaba llorando la separación de The Beatles.

El libertinaje y las drogas que circulaban en la mansión finalmente atrajeron a la policía y tanto a él como a su novia, Anita Pallenberg, les prohibieron entrar a Francia por dos años. Para ese momento, la banda ya se había trasladado a Los Ángeles para terminar la grabación. En esta etapa Jagger adquirió mayor protagonismo. 

En su esencia, Exile On Main St. es un álbum de blues y rock and roll visceral (“Rocks Off”, “Rock This Joint”), bien arraigado a sus orígenes, con toques de country (“Sweet Virginia”, “Turd On The Run”) y góspel (“Shine a Light”, “Let It Loose”). El cantante no quedó del todo conforme con el resultado final. Buscaba expandir el sonido de los Rolling Stones, pero en este décimo LP predominó el criterio del guitarrista, mucho más conservador que su compañero. Hilando fino, las canciones reflejan las tensiones entre ambos. Para Mick, la mezcla final del álbum es mala y lo atribuyó a que el equipo técnico abusaba de las drogas y el alcohol a la par de Keith.

Si bien es una obra monumental de dieciocho pistas –incluso quedaron afuera temas que recién se conocieron en la reedición de 2010-, musicalmente tiene lo mejor del estilo característico de la primera etapa del grupo y por eso fue aclamado por el público y la crítica. No era la intención sacar un álbum doble, pero su estadía en Francia fue tan prolífica que cuando terminaron de grabar quisieron sacar casi todo el material de una sola vez. Como dueños de su propio sello, podían hacer lo que quisieran, sin importar que eso implicara un alto riesgo. En términos comerciales, Exile On Main St. fue un éxito, aunque dejó varias gemas olvidadas y tan solo un clásico -de esos imbatibles que tan bien le salen a los Glimmer Twins-, “Tumbling Dice”, que sin dudas está entre sus mejores canciones.

Una buena banda logra un sacar un buen disco a pesar de la adversidad, pero solo The Rolling Stones fueron capaces de sacar provecho del caos para grabar su obra maestra. Exile On Main St. es la visión de Jagger y Richards de cómo debería sonar el rock en un mundo que todavía estaba llorando la separación de The Beatles. Pasaron 50 años de su salida, pero no perdió un gramo de su poder de fuego. Sí, es solo rock and roll, pero medio siglo más tarde, sigue gustando.

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