Guillermo Francella: "Por una frase políticamente incorrecta pasás de príncipe a mendigo de un plumazo"

En Granizo, su nueva película, el versátil actor vuelve a probarse el traje de la comedia dramática y lo viste a la perfección.

Entre el Guillermo Francella que dejó atrás bañeros y extermineitors para ser el disruptivo “Batuta” de Rudo y Cursi (2008) y el que es protagonista de Granizo, su última película, estrenada el miércoles 30 de marzo en Netflix, brilla un entramado de filmes y roles bien elegidos y ejecutados que refundaron una vida (artística) en la pantalla grande.

En esta nueva incursión en cine, con Marcos Carnevale en la dirección y guion de Nicolás Giacobone y Fernando Balmayor, Francella encarna a Miguel Flores, meteorólogo estrella del Canal 10 de televisión, un especialista apodado “el Infalible” porque es genio del cálculo, un estudioso confiable y certero que se burla de las aplicaciones de los celulares, tiene fans (Peto Menahem interpreta a uno muy particular) y no erra un pronóstico.

Hasta que un día, insospechadamente, el Infalible falla. Y mucho: el granizo del título cae sobre Buenos Aires en una tormenta que ocasiona caos y destrozos, sin que él ni sus métodos científicos lo hubieran advertido. Fuera del programa, desacreditado por propios y extraños, acosado hasta en el aeropuerto, Miguel huye a Córdoba, donde vive su hija Carla (Romina Fernandes, actriz que Francella descubrió en una obra teatral y le recomendó a Carnevale), una médica con la que tiene una relación distante. Desde allí emprenderá el camino para el reencuentro, con ella y con él mismo.

“Nunca quise ser actor de comedia y nada más, quería tener roles diferentes, y eso se fue dando en el cine.”

El trabajo de Giacobone, socio de escritura de Armando Bó en Biutufil y la oscarizada Birdman, fue lo primero que convenció a Francella. “La idea me llegó a través de él cuando estaba haciendo Animal, con Armando Bó”, cuenta el actor vía Meet, muy amable y entusiasmadísimo con la película. “Me planteó la historia, me gustó; y cuando leí el libro me gustó más aún. Se lo acerqué después a Marcos –no filmábamos juntos desde Corazón de León– y le encantó. Se encontró con Nicolás y adaptó la historia. La película habla de muchas cosas: me resultó muy interesante todo lo relacionado al éxito, a lo efímero del mismo, a esta cultura de la cancelación, que por una frase desafortunada o políticamente incorrecta pasás de príncipe a mendigo de un plumazo; la crueldad que hay en redes, las cosas que se dicen desde el anonimato.”

Estás todo el tiempo en pantalla, y Miguel te exige mucho. ¿Qué te sedujo del personaje? 

–Que fue abandónico con su propia hija y tiene que ir a refugiarse a su casa, en Córdoba, cosa que él niega; el tener una reinvención en el vínculo con ella. Hubo muchos elementos que se conjugaron, y me pareció muy atractivo el arco del personaje. Él se sentía útil, pleno, y una mañana se levanta sin saber que había habido una tormenta y se cayó el cielo abajo. Le cambia la vida tan radicalmente y con tanta crueldad que me pareció interesantísimo desde lo interpretativo.

Granizo es la primera apuesta por Francella de la plataforma de streaming. Su personaje es un solitario que vive en un departamento enorme con la única compañía de un pez. Hay lugar para una amante ocasional (Viviana Saccone), un fiel asistente (Nicolás Scarpino) y poco más, salvo el absorbente trabajo.

Francella lo resuelve con esa plasticidad que tiene para pasar de los momentos intensos a los graciosos sin que se le vean los hilos. Pero Miguel falla justo en el primer programa de su propio ciclo, una producción inédita con secretaria (Laurita Fernández) y banda en vivo (Los Palmeras, un lujo marca Netflix). “Tiene todo lo que quiere a sus pies”, cuenta Francella.

Pero pasa lo que pasa y la tele no perdona. “Y él se angustia porque es un estudioso, es fuente de consulta de todo el mundo, le preguntan si se puede jugar un partido de fútbol o si el perro puede dormir adentro o afuera de la casa. Cuando pasa todo, está en un bar en Córdoba y dice: ‘Que no haya visto el granizo, vaya y pase; pero que no haya visto la tormenta…’. Es una megaestrella, un rockstar.” 

–Y un padre horrible.

La hija tiene mucho dolor, la abandonó, de algún modo. El ego de él, su éxito, los separaron. Por eso también me gustó la idea de reflexionar qué pasa con el éxito. Carla se lo hace notar: puede marearte, puede confundirte. Yo lo viví, llevo 40 años en la profesión y hace mucho que convivo con ello, pero no me distrajo de mi familia, he sido un papá presente las 24 horas del día. Él la ubicó en un lugar lejano, con la historia de la muerte de su madre detrás, en un accidente meteorológico que él tampoco anticipó. Y la hija le dice que lo necesitó y que él no estuvo. Creo que le sirve mucho reencontrase con ella. Ese vínculo que se empieza a formar de nuevo me pareció muy interesante. Después hay un momento muy lindo entre ellos en el aeropuerto que me causó mucha emoción.

“La película habla de muchas cosas: me resultó muy interesante todo lo relacionado al éxito, a lo efímero del mismo, a esta cultura de la cancelación, que por una frase desafortunada o políticamente incorrecta pasás de príncipe a mendigo de un plumazo.”

Bordeando el spoiler, se puede señalar que en su último cuarto de hora la película vira hacia el cine catástrofe (sí, el granizo tiene nuevamente algo que ver). Representar eso fielmente fue un atractivo extra para Francella. “Jamás se había hecho algo así en la Argentina”, asevera, “y si lográbamos verosimilitud, yo quería ser de la partida. La película fue difícil de llevar a cabo, nosotros estamos acostumbrados a que se destruya el Capitolio o la Estatua de la Libertad, pero nunca cosas identificables para nosotros, como la calle Corrientes, las marquesinas de los teatros. Eso para nosotros es fuerte, había que lograr esa credibilidad mediante los efectos especiales. Estoy muy orgulloso de lo que hicimos”.

–De Rudo y Cursi para acá trabajaste más en cine que en televisión. Tu último programa, hasta que llegue El encargado, fue El hombre de tu vida, hace diez años. ¿Qué te dio el cine que no te dio la tele?

–En un momento sentí que los contenidos televisivos no me dejaban trabajar nada con tiempo, siempre era un poco “lo atamos con alambre”. No me sentía seducido. Y empezó todo con Rudo y Cursi, a la que llegué a través de un casting, con [Carlos] Cuarón, [Guillermo] del Toro, [Alejandro González] Iñárritu. Me gustó que directores muy heterogéneos y muy antagónicos en su forma de contar me convocaran para otro tipo de propuestas. Y vino El secreto de sus ojos. Pude transitar personajes oscuros, una faceta mía que yo sabía que tenía. Nunca quise ser actor de comedia y nada más, quería tener roles diferentes, y eso se fue dando en el cine.

–¿Cómo elegís los papeles?

–Trato de hacerlo cuidadosamente. Cuando miro mi filmografía veo cosas diferentes: no fue cuestión de cambiar el look solamente, sino de transitar algo nuevo desde la introspección. Y me siento contento con mi presente porque tampoco abandono la comedia, que la amo tanto. Además, Mi obra maestra tuvo comedia, El robo del siglo tuvo algo de comedia, esta misma también lo tiene. Y El encargado (N. de la R.: el programa creado por Mariano Cohn y Gastón Duprat que se verá por Star+ muy pronto) tiene mucho de comedia, ya la verás. Está terminada la primera temporada, acabo de ver los capítulos y están muy buenos. 

Hablando de comedia, ¿qué sensaciones te produce el éxito permanente de Casados con hijos? En algún momento sufriste esa presencia constante en pantalla con un programa que habías hecho hacía años.

–Sí, pero ya no. Me pasaba cuando parecía que había firmado un contrato a perpetuidad y no me daban ni una gaseosa; pero apareció la Ley del Intérprete y eso nos hace sentirnos protegidos. Además, te confieso: Casados… es algo que lleva 16 años en el aire y vos ves la felicidad que hay en la gente viéndolo, lo que me cuentan que les provoca Pepe Argento y toda esa familia tan políticamente incorrecta me parece maravilloso.

¿Los planes de llevarlo al teatro, que en un principio frustró la pandemia, siguen en pie?

–¡Sí! Lo que pasa es que Luisana [Lopilato] vive en Vancouver, tiene hijos chiquitos y ahora quedó embarazada. Primero sucedió que la pandemia nos alejó de todo. Íbamos a hacerlo en junio de 2020; después se postergó para enero de 2021; después dijimos julio de 2021. Descartado enero de 2022, se decidió por junio, pero Luisana está esperando un hijo. Ahora hay posibilidades de hacerlo en enero de 2023, pero no está confirmado.

Fotos: Sebastián Arpesella

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