Bill Hader y Henry Winkler, protagonistas de 'Barry': "A veces no podés discernir dónde empieza o termina la comedia"

La gran producción de HBO Max que retrata la vida de un asesino a sueldo devenido en actor arroja en su tercera temporada uno de los trabajos más fascinantes de los últimos tiempos.

Si un asesino a sueldo descubre que su verdadera vocación es ser actor, probablemente aprenda que lidiar con los egos, las miserias y la locura de la industria del entretenimiento no es mucho más simple que negociar con la mafia chechena

Barry Berkman, soldado con estrés postraumático, sicario implacable, máquina de matar, se entrega al teatro para volver a nacer, adopta como figura paterna a Gene Cousineau, un actor veterano caído en desgracia pero con los humos de estrella intactos, arma su grupo de pertenencia, se enamora. Pero desde Kafka para acá sabemos que no es fácil convertirse en otra cosa. Y las consecuencias de la metamorfosis serán tan graciosas y delirantes como violentas y trágicas.

Barry volvió con su tercera temporada los domingos a las 23 por HBO Max, a casi tres años de estrenar la segunda, y el fandom tachaba los días que faltaban para el regreso, como un preso que espera la libertad. Porque Barry, comedia negra de culto, tragedia shakesperiana, thriller absurdo, ejerce la fascinación de esas criaturas mutantes fantaseadas por Cronenberg. Te atrapa de un modo distinto en cada temporada con su amor por el oficio del actor y ese humor repleto de dobleces, áspero, tierno o lisérgico, según el personaje. Soy fan de Barry, lo confieso, y alego a mi favor que es imposible no serlo.

Cuando leas esta entrevista exclusiva que hicimos con su feroz protagonista, Bill Hader, y con “el rey de la comedia”, Henry Winkler, vas a darme la razón. Esta temporada es un duelo sin tregua entre ellos. Preparen sus armas.

“La serie y la vida son el rico, espeso, intenso sabor de una mousse espectacular.”
(Henry Winkler)

Soy leyenda

Henry Winkler se conecta al Zoom desde su escritorio y dice: “Te muestro un poco mi casa. Estos son los libros que escribí sobre dislexia, porque soy disléxico, ¿sabés? Acá están las fotos de mis nietos. ¿Sos de Buenos Aires? ¡Uff, el mejor puré de papas del mundo hacen ahí!”.

En este momento entiendo por qué Winkler es uno de los actores más venerados por sus pares. No hablamos solo del aspecto profesional: si bien es cierto que es una celebridad desde que interpretó con su jopo engominado al canchero Fonzie en Días felices, aquella sitcom en la que un joven Ron Howard todavía tenía pelo, Winkler es más que un gran actor. Es el anfitrión del set, el tipo que invita a su casa a todo el equipo siendo un mito viviente de la comedia. Y el actor detrás de Gene Cousineau, el profesor, mentor, amigo y ahora también némesis del protagonista, sabe que Barry lo acercó a nuevos públicos.

Le pregunto qué pasa con ese status de leyenda en la convivencia diaria, y dice: “Al principio de esta temporada hice un brunch en el fondo de casa y vinieron todos. Somos amigos, compañeros de oficio; son personas a las que respeto muchísimo. Tenemos una política de cero tolerancia a pelotudos en el set, eso incluye desde los técnicos hasta los actores, y todos la avalamos, se trabaja con esa regla siempre”.

Anoto esa política para implementarla en mi vida, y mientras seguimos charlando le consulto cómo enfrentó esta nueva y oscurísima temporada que lo encuentra en un mortal pico de tensión con Barry después de enterarse de que él mató a su novia. Winkler responde: “Es un duelo entre dos maestros de tai chi que juntan sus puños y solo ellos saben cuándo la voluntad del otro está cediendo. Gene no puede permitirse que Barry descubra ningún rasgo de debilidad y a la vez debe encontrarle los puntos flacos a él. En esa tensión se construye toda la trama”.

De qué va la tercera temporada

En esta tercera temporada, la relación entre Barry y Gene exige un cuerpo a cuerpo. Cuando pensás que la acción va a dispararse, se cierra y te asfixia es un mano a mano fenomenal. Le pregunto cómo trabajaron eso, y dice: “En las dos primeras temporadas hice mis planteos, preguntaba todos los días si mi personaje seguía vivo. Bueno, en la tercera ni siquiera se me ocurrió preguntar nada, esperé el tren, saqué el boleto y disfruté del viaje más increíble. No sabía a dónde iba ni cómo iba a llegar, pero tenía estos guiones y eso es lo más importante”. Y remata: “Los actores tenemos un dicho: ‘Si no está en el texto, no está en el escenario’. No importa lo que hagas, podés matarte por tu personaje, pero si no está bien escrito, suerte con eso”. 

“Bill en eso es un genio, esta temporada trabajé prácticamente solo con él en escena y la pasé increíble negociando con su personaje en un juego del gato y el ratón, un balance de poder que cambia en cada episodio. Bueno, también estoy más grande y esta temporada tuve que negociar un montón… con mis rodillas. Tenía que decirlo”, agrega entre risas.

Hay una pregunta que me ronda desde el inicio y no puedo despedirme sin hacerla. Esta temporada gira en torno a una relación rota por la muerte. Barry es una comedia, ¿pero también es una tragedia? Necesito que me lo conteste Winkler.

“La verdad es que sí”, dice mientras asiente con la cabeza, y agrega: “Creo que la mayor parte de los seres somos todo, luz y oscuridad. Fijate que hacemos chistes en un velorio, nos reímos frente a la tragedia de la muerte, festejamos recuerdos divertidos al lado del cajón. En la vida todo se mezcla y eso es lo que la hace más rica”. Henry Winkler mira directo a la cámara y dice: “Acá, en Los Ángeles, había un restaurante del famoso chef Wolfgang Puck que hacía una mousse de chocolate tan espectacular... Te juro que soñaba con ella. La serie y la vida son el rico, espeso, intenso sabor de esa mousse”.

“La verdad es que en ciertos momentos no podés discernir dónde empieza o termina la comedia.”
(Bill Hader)

Crimen y castigo

Cuando Bill Hader se conecta tiene cara de cansado pero hace como que se peina, sonríe y su rostro se afloja al instante. Sabe que hay equipo, todos le pusieron el hombro a la promoción de esta tercera temporada. Pero la serie se llama Barry, ese es él y no hay vuelta que darle. Es su criatura, la escribe, es productor ejecutivo, la dirige y la protagoniza. Nuestro amigo no para.

Cuando todo indicaba que la serie seguiría ampliando las líneas argumentales, decidió lo inesperado: oscurecer el tono, desperdigar a los personajes por distintas ciudades, hablar del crimen, el castigo y el perdón en una comedia. Dostoyevski meets Hader.

Vengo a darles una gran noticia: la cuarta temporada ya está escrita, nadie sabe qué nos deparará. Arrojarse hacia rumbos desconocido huyéndole a la repetición requiere de una gran confianza. Le consulto a Bill cómo se lleva con eso. “Ahora tengo más confianza en mí cuando trabajo”, dice, y pone cara de más o menos, pero agrega: “Antes era como tirarte de un avión todos los días y ahora es como tener un auto estacionado, salir y cerrar la puerta. Ponele que no es tan dramático como cuando empecé. ¡La imagen que mandé!”, exclama mientras se ríe de su propia respuesta.

Bill, ya lo dijo el tío Ben: “Grandes poderes conllevan grandes responsabilidades”. ¿Cómo se decide escaparles a todos los clichés y enfrentar ese miedo a que el público no compre lo nuevo? Hader dice: “Mirá, uno trata de darlo todo en el show, de ser lo más honesto posible a la hora de escribir. No somos el tipo de gente que dice ‘bueno, esto es lo que funciona, repitámoslo’. Por ejemplo, esta temporada pensamos ‘basta de las clases de actuación de Gene’, y era una apuesta riesgosa, pero estuvo buenísimo porque fue como hacer una serie totalmente nueva pero con los mismos personajes”.

Sospecho que Bill Hader es de los que se aburren de sus propios chistes, la inquietud es su motor. “Cambiar es tan pero tan divertido… Sé que a mucha gente una movida así la pondría nerviosa, pero nosotros somos muy del ‘c’mon!’. Y nos tiramos de cabeza. Bué, ahora necesito llevar esa actitud a mi vida personal”, dice con tono pícaro.

Este regreso de Barry es un balance perfecto entre la tragedia y la comedia en una serie que siempre se preguntó cuál es el costo de las mentiras que decimos. ¿Todo el mundo merece una segunda oportunidad? Me lo pregunto y se lo pregunto a Hader. “Y, depende de quién. Si te das cuenta de que tu amigo es un asesino serial te replanteás algunas cositas, ¿viste?”, dice Bill, y tiene razón. “Jugamos mucho con esa dicotomía, uno a veces piensa ‘pobre Barry, se siente mal, sabe que se mandó una cagada’, pero el tema es que este pibe compungido destrozó vidas. Así que no sé; lo que tengo claro es que no quiero ser didáctico y hablarle al público, eso es algo que veo muy seguido y ni te cuento cuánto me aburre.”

Los últimos premios Oscar demostraron que hacer comedia es para valientes, hoy una serie como Barry, alejada del chiste youtubero pavote y del agendazo agotador, es casi un acto de resistencia. Bill, la última, ¿el humor tiene límites? “¡Uff, qué pregunta! Te iba a responder que sí, pero realmente lo pienso y no lo sé. Porque Barry no es una comedia tradicional de esas en las que te reís durante media hora. Me gusta pensarla como una serie que es sobre las personas, y, ya sabemos, nuestra vida tiene momentos superdivertidos y otros tremendamente tristes, incluso la gran ironía es que a veces esos sentimientos se dan en simultáneo. La verdad es que en ciertos momentos no podés discernir dónde empieza o termina la comedia. Para mí, la cosa pasa por retratar a gente que a veces, casi sin darse cuenta, es cómica y en otras ocasiones es muy triste. Cuando escribo ese mecanismo es extraño hasta para mí. La vida siempre tiene un derecho y un revés, pero cuando te ponés más grande las cosas pueden tornarse más difíciles y brutales. Me interesa también reflejar eso”, remata el protagonista.

Fotos: Gentileza HBO Max

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