Porno y feminismo: de qué se trata Minx, la nueva serie de HBO Max

La comedia basada en la primera revista erótica para mujeres muestra con humor el choque de dos universos que supieron ser antagónicos durante largos años.

Dicen que el feminismo es aburrido, que ya no se puede hacer chistes con nada, pero Minx llegó para desmentir esta idea. La nueva serie de HBO Max logra, en diez episodios de media hora, una proeza notable: meterse con temas relevantes e interpelarnos a todxs.

Te lo resumo en un tuit. Principios de los 70, Joyce es una periodista egresada de Vassar que, mientras trabaja en la revista femenina Queen Teen, lucha por concretar su sueño: publicar una revista feminista llamada El Matriarcado Despierta. En una feria de editores conoce a Doug, quien le propone llevar su idea al papel. Pero el hombre no es director de una revista intelectual sino más bien de varias revistas porno. Entonces, surge la idea: ¿por qué no crear la primera revista erótica femenina y feminista? 

La serie toma tantos riesgos como sus protagonistas. Explora los avances de la tercera ola feminista, se detiene en las contradicciones entre la teoría y la práctica, acompaña el descubrimiento de una nueva independencia económica para las mujeres, aborda el sexo y el goce sin culpa ni vergüenza y pone en boca de su elenco todas las palabras que no se pueden nombrar.

Su mayor atrevimiento no pasa por un desopilante casting de penes o el estudio de juguetes sexuales sino por apostar al humor para abordar temas tan espinosos como la amistad entre el hombre y la mujer, la difícil relación de las mujeres con el dinero, el poder detrás del goce y tantos casilleros que aún quedan por patear.

Desde El Planeta Urbano hablamos con su showrunner, Ellen Rapoport, y sus protagonistas, los tremendos comediantes Ophelia Lovibond (una Joyce ingenua, inteligente, con poca calle y mucha biblioteca que irá transformándose a medida que transcurra la trama) y Jake Johnson (si lo amaron en New Girl, la serie que protagonizó junto a Zooey Deschanel, es imposible que no lo banquen como Doug Renetti, un pornógrafo que cree en el trabajo justo). La comedia será incómoda, pensante y filosa o no será.

Reíte, Anaïs Nin te está mirando

La relación entre las mujeres y el humor no siempre fue tan fluida. El chiste es un arma poderosa, una manera de adueñarse de cierta realidad en la que nosotras hemos sido más objeto que sujeto. La comedia es un modo de leer el mundo, una apropiación irónica y brutal a la que nos costó (y nos sigue costando) asomar.

Ya sabemos que existió Lucille Ball, que la red carpet murió junto a Joan Rivers, que Niní Marshall escribía todo su material y que Male Pichot dice lo que se le da la gana, pero nuestros cuerpos fueron tradicionalmente objeto de risa, material para burlas acerca de hijas, madres y suegras. Tomar la palabra es un acto que se paga; el humor es político. Nos ubica en un lugar desde el que nos hacemos cargo de nuestra postura, develamos algo no dicho y también descubrimos que ni siquiera nuestras ideas resisten un archivo.

Rapoport cuenta cómo decidió el tono de la serie y se atrevió a reírse de varios clichés ideológicos: “Fue algo muy conversado entre los guionistas, porque cuando se habla de la industria pornográfica el tono es creepy y oscuro. Fue fácil cuando tuvimos claro qué era lo que queríamos contar. Esta es una serie donde hay muchísimas mujeres involucradas”.

En el cine y en las series suele castigarse el goce. En Belle de jour o en Atracción fatal, la alegría del clítoris se paga con tragedia. En este contexto, a la showrunner se le ocurrió juntar el erotismo, el porno, el mundo del trabajo, el feminismo y la comedia para que podamos ser más libres: “Leí una nota sobre cierta revista erótica para mujeres en los 70 y realmente pensé que era una idea muy interesante para una serie, porque juntar a feministas y pornógrafos al mismo tiempo es atractivo. Empecé a investigar el tema, a meterme en el mundo de esas revistas, y lo que me pegó fue que podíamos tratar temas actuales a través de ese prisma, como la violación, el consentimiento, el acoso sexual, porque esos temas fueron ignorados sistemáticamente o tratados de la peor manera”.

En el cine y en las series suele castigarse el goce. En Belle de jour o en Atracción fatal, la alegría del clítoris se paga con tragedia.

Rapoport entiende que el contexto de los 70, con su ropa, sus sets y su diversión, formó parte del truco que activó el mecanismo para hablar de sexo, trabajo e ideología. Y agrega un dato fundamental: “Costó bastante que esta serie viera la luz debido a los temas que aborda y a la manera sin tapujos de mostrarlos. Es interesante que no exista una revista como Minx, no hubo históricamente algo que haya apuntado a la sexualidad femenina como la revista que mostramos”.

Minx plantea una de las cuestiones centrales que polemizamos en redes: ¿qué distancia hay entre la teoría y la práctica? Si nos reímos del feminismo, ¿le bajamos el precio o lo llevamos a liderar la bolsa de valores irónicos? Rapoport opina: “Es mentira que el feminismo no pueda reírse. Por ejemplo, no es que Joyce carezca de humor sino que se toma al feminismo muy en serio, lo cual para mí es muy pero muy divertido. Es un desafío hacer y decir cosas que a priori podrían considerarse dudosas y conseguir que el público esté del lado de Joyce. Pero Ophelia Lovibond es todo”.

Ophelia agradece el elogio pero agrega con su humor brit: “Esta es una serie sobre el feminismo, los negocios, la amistad. Hubiera querido tener contacto con las autoras que cita mi personaje, pero están todas muertas. Perdón, es un chiste”.

Se ríe y comenta: “Hablando en serio, leí un montón de literatura feminista en la universidad y ahora volví a estudiar mucha bibliografía. Entendeme, Joyce cita a Simone de Beauvoir, eso no es algo que hagamos todos los días, por eso necesitaba estar bien familiarizada. En mis primeros años universitarios leí mucho a Anaïs Nin y pensaba que era muy cool, la citaba siempre. Después entendí que me convenía callarme si quería hacer amigos”. Aunque se ría, hay mucha verdad encerrada en su remate.

Volver al futuro

La tercera ola feminista comenzó en la década del 60 y suele definirse por una “radicalización del discurso”. Si se considera radical ganar el espacio público para pedir paridad de derechos y dar por tierra las relaciones de poder que se esconden tras la estructuración de la familia y la sexualidad, digamos que lo fue.

La explosión de la píldora anticonceptiva, la liberación del sexo atado a la reproducción, el derecho al divorcio, al aborto y a la paridad económica se apoderaron de las calles con una efervescencia inusitada. Algunas de esas banderas nos siguen picando cerca, y ya pasaron cincuenta años.

Dice Ellen Rapoport: “Lo importante es que no hay una sola manera de ser feminista. La serie transcurre en los 70 y hay varias lecciones que Joyce aprende. Ella comienza a crecer de frente a la realidad de los negocios y descubre la clase de compromiso que implica dedicarse a vender un producto”.

“Costó bastante que esta serie viera la luz debido a los temas que aborda y a la manera sin tapujos de mostrarlos. Es interesante que no exista una revista como Minx, no hubo históricamente algo que haya apuntado a la sexualidad femenina.”
(Ellen Rapoport, showrunner)

La relación sinuosa entre las mujeres y la economía puede rastrearse en títulos emblemáticos como El sexo oculto del dinero, un clásico de Clara Coria. Que una mujer luche por su economía no es un tema menor en una sociedad donde el dinero es utilizado como una herramienta de poder patriarcal. 

Lovibond aporta su mirada: “Tanto Joyce como Doug tienen aproximaciones muy distintas, pero los dos quieren lo mismo, por eso arman una sociedad y comparten el poder. Ella está muy agarrada de la teoría, pero a medida que la historia avanza se va dando cuenta de que hay que usar otras armas. Esa transformación puede percibirse a medida que cambia su vestuario: pasa de esas blusas con lazo a otras prendas con las que se va soltando; se adueña de su cuerpo”.

Una mujer que trabaja para su éxito es un grano para el sistema. Y Joyce, con chaleco y pantalones o mostrando un escote, lo sabe.

Recursos humanos

Construir una sociedad con paridad creativa, económica y de género es uno de los ejes de la serie. “La clave de estos dos personajes aparentemente tan distintos es que comparten el mismo código para que la revista funcione. Yo veo a Minx como una comedia sobre el laburo en la que ellos trabajan codo a codo. Ella lo ve desde una causa feminista; él, desde las ganas de vender revistas, pero se unen para un proyecto común”, dice Jake Johnson, y se ríe de la obsesión que tiene su personaje por hacer dinero con una idea. “Es un hijo del capitalismo, el tipo solo quiere vender. Pero va a aprender algunas cositas en ese camino junto con su socia.”

Rapoport agrega: “Exploré las elecciones que Joyce va haciendo porque entra en el negocio de la pornografía, que en su momento no era tan aceptado entre algunos feminismos. Al final del día, la serie es sobre gente que se mueve en mundos a los que no pertenece originalmente; pero cuando termine el viaje, Doug será un poquito más feminista y Joyce un poquito más pornógrafa”.

Fotos: gentileza WarnerMedia y HBO Max

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