Qué son los vinos Naranjos, una tendencia que crece en la Argentina

Son blancos que se elaboran como tintos y responden a un método de vitinicultura con miles de años de historia. Una categoría en crecimiento que en el panorama local tiene etiquetas accesibles, exponentes de alta gama y hasta un espumante.

Tradición y moda. Dos puntas que se tocan cuando de vinos naranjos se habla. Tradición porque se trata de un tipo de vinos relacionados con una vitivinicultura muy antigua, ancestral podría decirse; y moda porque, si bien no es una tendencia nueva en el mundo, hoy hay muchas bodegas y winemakers de la Argentina que incursionan en la categoría, siguiendo la pista de un perfil de consumidor muy atento a las novedades y a los vinos desafiantes. Basta pasar por la vereda de un wine bar para cruzarse con una buena cantidad de copas y su reflejo naranja.

El método de elaboración de los llamados naranjos se remonta a miles de años, en países como Georgia y Armenia. Y su secreto es simple: son vinos blancos elaborados como tintos. Esto es, en el proceso de fermentación y maceración de las uvas, se mantiene el jugo en contacto con el hollejo y las semillas del fruto por un tiempo prolongado que puede ir de semanas a meses, como sucede con algunos productores tradicionales del Friuli, donde además, para respetar el proceso tal y como se hacía en la antigüedad el vino se fermenta en ánforas enterradas en la tierra para mantenerlo fresco.

Si hablamos de tintos, su técnica de elaboración le da a esos vinos lo que ya sabemos: taninos, estructura, rugosidad. Algo que en estos blancos tan peculiares produce un efecto parecido: un producto con carácter, textura y posibilidad de guarda gracias a los efectos antioxidantes que genera aquella extracción de sustancias, y que gracias a todas esas características se transforma también en un vino gastronómico.

Y algo más, ya un poco al costado de lo sensorial: la curiosidad que despierta estar bebiendo un blanco distinto, desde su color hasta su estructura. “Los vinos naranjos tienen la frescura de un vino blanco, pero con la estructura de un tinto”, dice Lorena Mulet, enóloga de Bodega Cruzat, a quien ya volveremos.

“Claramente se transformó en una categoría que, aun siendo marginal para una carta de vinos de un restaurante o para la industria, entusiasma a mucho a los enólogos”, asegura Alejandro Iglesias, sommelier y periodista, uno de los comunicadores que más saben de vino en la Argentina.

Yo creo que son vinos que tienen dos disparadores: por un lado, el entusiasmo, la curiosidad que le genera a un winemaker elaborarlo, ya que como sabemos comprende una especie muy ancestral de vinificación, replicando técnicas milenarias; por otro, el hecho de que hay un segmento de consumidores muy interesado en este tipo de novedades, de vinos raros”.

Y sigue: “Creo que es un segmento que se consolidó y que se va a mantener. También tiene ciertas barreras para algunos winemakers: no es lo mismo que te lo haga un productor pequeño, artesanal, con una filosofía arraigada en una vitivinicultura natural, orgánica, que salga a hacerlo uno de los tanques de la industria, como pasó en los Estados Unidos o Inglaterra, donde aparecieron players muy fuertes con unos Orange Wines que tenían mucho de industrializados”.

“Porque el efecto que a vos te genera el hollejo con el tiempo, y todo lo que implica la técnica, lo podés generar en cualquier tipo de recipiente y de volumen. El tema es hacerlo respetando la tradición y la historia de estos vinos. Entonces hay un interés creciente, se transformaron ya en una alternativa para el consumidor  y siguen generando curiosidad. Y aunque creo que estamos en una instancia medio de meseta, se puede llegar a tener un poquito más de crecimiento”.

Naranjo, celeste y blanco

En la Argentina sobran los ejemplos y cada vez aparecen más exponentes. En charla con El Planeta Urbano, Facundo Bonamaizón, ingeniero agrónomo de Chakana, la bodega mendocina con base en Agrelo (Luján de Cuyo), habla del Chakana Estate Selection Torrontés Maceración Prolongada: “Lo empezamos a elaborar hace unos 7 años buscando hacer un torrontés diferente a lo que había masivamente. En 2010 íbamos a comprar uva a Cafayate y el perfil nos resultaba ‘tosco’: mucha intensidad aromática pero ‘cansador’, con una boca que no está a la altura de su nariz en intensidad y expresividad. Por eso nos fuimos al Valle de Uco, un lugar más fresco, buscando delicadeza y profundidad. Para la elaboración, usamos huevos de hormigón. Es un vino que tiene una maceración de entre 6 y 8 meses, se cosecha en marzo y se embotella cerca de fin de año sin agregado de anhídrido sulfuroso (sulfitos)”.

Abriendo el juego, la búsqueda de introducir un vino de estas características en el segmento de alta gama llevó a Susana Balbo Wines a elaborar el Signature Limited Edition Torrontés de Raíz Naranjo. Gustavo Bertagna, primer enólogo de la bodega, describe así su elaboración: “Es bastante tradicional. Usamos el racimo entero de la uva, que va a ánforas de terracota, donde se fermenta en conjunto con las pieles. Este proceso lleva aproximadamente unos 15 días. Luego del proceso de maceración, se separa el mosto de los restos sólidos y se finaliza el vino con crianza en barricas de roble francés durante 15 meses. Es un vino fresco, con notas cítricas con una buena concentración en boca y muy buena textura”.

Por su parte, Ana Lovaglio Balbo, Gerenta de Marketing del establecimiento, indica que con ese lanzamiento intentaron dar un paso más en la carrera de innovación que signa a la bodega, pero sin traicionar su ADN. “Quisimos hacer una versión más ‘elegante’ de vino naranjo, que cumpla con los estándares de calidad y carácter que tiene nuestro portfolio de vinos blancos. Es un vino de alta gama de producción muy limitada y muy artesanal, por lo que entra en un segmento de precios alto. Apuntamos a un público conocedor, amante de los grandes vinos blancos, que busca innovación, nuevos estilos y cepas de vinos y, por sobre todo, calidad”.

Y en burbujas también

¿Es posible hacer un espumante naranjo? La respuesta a esa pregunta la hizo Cruzat -la bodega que desde su nacimiento en 2004 elabora exclusivamente vinos de esa categoría- con el reciente lanzamiento del Cruzat Naranjo. “Yo digo que es un espumante de uvas blancas con alma de tinto”, dispara Lorena Mulet, enóloga de la bodega junto a su insigne colega y agrónomo Pedro Rosell, uno de los nombres insoslayables del espumante en la Argentina.

“Nos inspiramos en técnicas ancestrales para alcanzar la mejor concentración de color, aromas y sabores. Es un trabajo que implica la maceración de uvas Chardonnay, provenientes de Luján de Cuyo, fermentadas con levaduras indígenas y con sus pieles”.

Como todo espumoso de la bodega, el Cruzat Naranjo está elaborado bajo el Método Tradicional o Champenoise, lo que le otorga una complejidad que, según Lorena, en nariz aporta “aromas de ciruela, pera, lima, miel, damasco, fruta madura y cereza, y finalmente en boca es fresco, persistente, con taninos redondos, estructurado y una acidez equilibrada e integrada con su dulzura”. La apuesta es fuerte: en principio se elaboraron 20 mil botellas de la cosecha 2020 y dedicadas principalmente al mercado interno, según Andrés Heiremans, Gerente General de la bodega.

Final con experto

Volviendo a Alejandro Iglesias, el también co-fundador del sitio web especializado Vinómanos resulta, con su registro obsesivo de cada vino que se hace en la Argentina, el más indicado para nombrar algunos naranjos que vale la pena conocer: “De los que se hacen acá me gusta el Livvera, que hace Germán Massera; me gustan unos nuevos que está elaborando la gente de Krontiras, hechos con variedades griegas. También el primero que apareció: Torrontés Brutal, de Matías Michelini; el Orange, de Ernesto Catena, bastante filtrado para mi gusto (parece más un rosado ocre que un naranjo) pero no está mal, es de los más prolijos.

Está el Zun Zun, de Lamadrid, que además no es caro; el de El Porvenir de los Andes, hecho con variedades francesas, bastante curiosas para el país todavía; también el de Piel y Hueso; o el Flora, de Zaha”. Para cerrar, Iglesias recuerda la primera vez que probó los naranjos, y encadena a esa memoria una reflexión final:  “Fue en 2009, en un viaje. Conocí a dos productores en una región de referencia de estos vinos: Gravner y Radikon. La verdad que me volaron la cabeza. Entonces, cuando los naranjos llegaron acá me flasheó. Luego aparecieron por todos lados y ya el entusiasmo bajó, pero hay algunos que me gustan mucho y siempre quiero tenerlos a mano, para descorchar y disfrutarlos”.

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