Érica Rivas: "Cuando salí del clóset feminista, perdí la neutralidad como actriz"

Verdades y reflexiones de una actriz que brilla con luz propia, aunque a muchos les moleste.

Érica Rivas llega al set de fotos de El Planeta Urbano después de una semana movida. Desde que contó que la echaron de la versión teatral de Casados con hijos, los canales de televisión y los portales de noticias se encargaron de analizar, con argumentos atrasadísimos, su actitud frente al cambio de época: que el trabajo de la actriz consiste en repetir guiones; que el público de la sitcom quiere escuchar los mismos chistes; que al fin y al cabo no está tan mal, en pleno 2022, reírse de los bigotes de las mujeres. 

Pero Érica no tiene tiempo ni ganas de seguir en el ojo de la tormenta. Por eso llega y se comporta como si fuera una más del equipo: fuma, opina sobre el vestuario, prueba algo del catering, pide que pongamos algún hit de Sandro para desinhibirse y posar frente a cámara. Porque no, no le gusta dar entrevistas ni hablar demasiado sobre su vida privada

Dice esto y pienso en la innumerable cantidad de películas que protagonizó a sus 47 años, en lo difícil que debe de ser mantenerse al margen cuando encarás trabajos tan trascendentes. Pienso en Relatos salvajes y la alfombra roja de Cannes, o su posterior nominación a los premios Oscar; en la presentación de El prófugo en el Festival Internacional de Cine de Berlín y su elección para representar a la Argentina –otra vez– en los premios de la Academia hollywoodense. 

Mientras se prueba unos zapatos color rosa chicle que combinan perfecto con su pelo azul, comenta que su día no termina ahí. Aún le queda pendiente un ensayo en el Microcentro junto a Martín Rechimuzzi para el reestreno de ¿Qué pasa hoy acá? en el patio del Konex, un happening teatral en el que se vuelve a lucir haciendo reír a la gente, porque eso es exactamente lo que vino a hacer al mundo.

“Que en sistemas tan patriarcales y militares como los del cine, una cabeza de equipo se permita dudar, a mí me parece maravilloso. Creo que es el lugar del arte, la pregunta, la duda, el no saber.”

–Tu trabajo muchas veces implica hacer reír a la gente. Sin embargo, te angustia verte actuar, ¿no?

–Sí, me veo sólo cuando tengo que corregir algo, pero no lo disfruto porque no soy fan de mí misma, no me gusto como actriz. Igual, después de tantos años entendí que a mucha gente le gusta lo que hago, entonces actúo porque me gusta, y después, que me vean los demás. 

–Pienso en tu última película, El prófugo, y no puedo creer lo que me decís. Cuando terminé de verla, me sorprendió lo mucho que te metiste en el personaje de Inés. 

–Bueno, gracias (sonríe). A Inés la fui descubriendo de a poco, porque tuvimos mucho tiempo de preparación. Tuve clases de canto lírico, clases de doblaje, trabajé sobre los sueños, el sonido, las fronteras entre la locura y la sanidad. Lo más importante fue que Natalia [Meta], que es la directora, pudiera verla en mí. Fue una relación con ella; de hecho, terminamos amigas. 

–La película tiene una relación directa con el deseo, el amor y el goce femenino. ¿Qué cambia en el set cuando hay una directora mujer? 

–Es muy distinto. Que en sistemas tan patriarcales y militares como los del cine, una cabeza de equipo se permita dudar, a mí me parece maravilloso. Creo que es el lugar del arte, la pregunta, la duda, el no saber; no esa cosa del director que todo lo sabe y que baja la información que escucha de Dios, no sé. Yo creo que incluso los hombres son víctimas de esa estructura. Debe de ser un padecimiento tener que saber todo. 

–Hablás sobre la locura, y muchos de tus personajes juegan con ese límite. Pienso en Relatos salvajes o mismo en El prófugo.

–Es cierto que los personajes viven momentos de mucha intensidad, pero yo no creo en el concepto de la locura como tal. Cuando miramos con lupa la vida de alguien, así sea la persona más “normal” del mundo, podemos pensar que está loca; como si existiera una normalidad, que no existe. Sobre todo, a las mujeres nos dicen que estamos locas. Cuando nos miran de cerca y de lejos también (se ríe). 

"Yo no soy superpoderosa, me cago de miedo, me hace mierda, me duele el cuerpo, me enferma, no la paso bien, pero no puedo dejar de hacerlo."

Pero eso que llaman locura en realidad es revolución, y Érica la vivió varias veces en primera persona. Hace veintidós años decidió que su hija naciera en la intimidad de su casa, sin intervenciones. “En ese momento no se hablaba mucho del nacimiento respetado, de hecho, al principio toda mi familia estaba en contra. Pero fue increíble, muy hermoso. Ese día estaban las parteras, el médico, el papá de Miranda (N. de la R.: Rodrigo de la Serna), la gata. El médico intervino sólo en un momento en el que el nacimiento se empezó a frenar, porque los latidos del bebé empezaron a bajar. Ahí fue clave el trabajo de Patricia, una de las parteras. Me parece importantísimo que haya mujeres acompañando en ese momento.”

El sonido del celular interrumpe la charla y Érica se apura en apagarlo. Es una de las pocas personas que se toman el tiempo para responder y mirar a los ojos a quien les habla. Sentada en un sillón de cuero, ya sin make up ni zapatos en punta, le brillan los ojos cuando habla de su vínculo con las mujeres; con sus amigas, con sus colegas, pero sobre todo con su hija, que a los cinco años descubrió que su pasión era la misma: actuar. 

–Dicen que los actores tienen que ser personas neutras para que la gente pueda proyectar varios personajes en ustedes. ¿Cómo se sostiene ser una persona neutra cuando se tienen ideales tan claros?

–Cuando salí del clóset feminista, supe que eso era algo que iba a perder. Pero como en nuestro país están matando a una mujer por día, me pareció importante poder hablar de todo el arco de violencias que sufrimos. A mí me cuestan mucho las entrevistas, me cuesta hablar de mi trabajo, entonces pensé que estaba bueno aprovechar la llegada que tengo para aportar a la lucha de tantas mujeres

"Después de tantos años entendí que a mucha gente le gusta lo que hago, entonces actúo porque me gusta, y después, que me vean los demás."

–Sé que no te gusta dar entrevistas, por eso quiero saber cómo estás después de estas semanas de exposición. Los medios no pararon de hablar de Casados con hijos

–Estoy empezando a encontrarle… iba a decir “el gusto”, pero te voy a decir “la vuelta”, para no ser tan malvada con la gente que me trata mal. Es muy obvio que está mal lo que dicen, escriben mal, dicen mal, pero yo creo que somos más los que estamos de este lado. Más allá de que me angustia un montón, son ataques de odio tremendos. No solamente de la prensa basura, de esos programas a los que nunca les di ninguna entrevista. Qué sé yo, están con bronca conmigo, yo no quiero seguir aportando a eso

–Cada vez que hablás del tema, estalla todo otra vez. 

–Me parece que seguir explicando lo que pasa desde el feminismo, en el amplio sentido de la palabra: feminista, antiespecista, anticolonialista, lo que hace es agregar capas de sentido a todo lo que pasó. Pero cuando vuelvo a explicar cosas, otra vez vuelve a estallar todo. Es importante decirlo, porque habla de una violencia económica, habla de una violencia laboral, que pasamos muchas mujeres. Qué sé yo, es horrible estar ahí, pero está bueno agregar sentido a las cosas que pasaron. Lo que me da risa es la gente que te pega y te empieza a decir “soltá, soltá”. La misma gente que te hizo daño y que te sigue haciendo daño te dice “soltá, soltá”. 

–Soltame vos. 

–(Se ríe) Claro, soltame vos. Mis patronas, que son Liliana Felipe y Jesusa Rodríguez, me dijeron: “Mirá, no digas que de esto no vas a hablar. Si sos feminista, esto lo tenés que decir”. Siempre me dicen: “Mirá, Érica, quiero que seas la peor de todas (se ríe). Si vas a ser un grano en el orto, sé el peor, el que más les duela”. No deben de tener nada para decir. Con todas las cosas que están pasando y hablan de esto. Yo creo que, en el fondo, en el fondo, en el fondo, me deben querer

–Muchas mujeres se deben de sentir identificadas con vos. 

–Me escriben un montón de mujeres diciendo que les pasa lo mismo. Entonces, está bueno mostrarlo y que se sientan acompañadas. Me cuentan: “Che, a mí también me pasó esto; discuto una cosa y me echan, digo algo y me borran”. Esto no pasa solamente en Casados con hijos, pasa en todos los lugares. Entonces, está bueno saber que estamos juntas. Y esto no significa que sea superpoderosa. Yo no soy superpoderosa, me cago de miedo, me hace mierda, me duele el cuerpo, me enferma, no la paso bien, pero no puedo dejar de hacerlo

Créditos:

Fotos: Nora Lezano @noralezano
Dirección de producción: Gimena Bugallo @gimebugallo
Estilismo: Camila Mariani @camilagmariani
Makeup: Daiana Belén @daichumakeup
Pelo: Gabriela Baldassini @gabrielabaldassini
Agradecimientos: Un Lobo Blanco @unloboblanco, Rei Cine @reicine, Fazán @fazanjoyeria, Toribia Choque @toribiachoque, Schott @schottonline

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