Con los bichos, no: cómo funciona el tráfico de animales en Buenos Aires

Desde octubre del 2020 a mayo del 2021, se secuestraron 34 especies autóctonas argentinas, 16 especies exóticas (Oceanía y África Central) y se rescataron 800 animales del maltrato. Conocé cómo se combaten estos delitos que atentan contra la biodiversidad.

El rescate de Coco, un mono carayá de 5 años que fue encontrado en diciembre del 2021 en un allanamiento de una casa en la calle La Pampa al 3100, puso al descubierto el tráfico y el maltrato de animales en CABA.

Lejos de ser un caso fuera de lo común, el hallazgo de Coco en un armario sin luz, agua ni ventilación y en pésimas condiciones de salud, es parte de lo que cotidianamente investigan en la Unidad Fiscal Especializada en Materia Ambiental (Ufema).

Carlos Rolero es el fiscal a cargo de la Ufema. “Nunca se había investigado el tráfico de animales y empezamos a acreditar todo lo que nosotros pensábamos: hay tráfico de especies en la Ciudad de Buenos Aires”, asegura. Desde octubre del 2020 a mayo del 2021, se secuestraron 34 especies autóctonas argentinas, 16 especies exóticas (Oceanía y África Central) y se rescataron 800 animales del maltrato.

Pieles de yaguareté, gatos monteses y pecaríes de collar, utensilios hechos con patas de ñandú o de jabalí, colas de zorro colorado, son algunos de los productos y subproductos de fauna silvestres secuestrados por la Ufema. En total, calculan que sacaron del mercado casi 5,5 millones de pesos en ejemplares vivos. 

Rolero explica que, de alguna forma, el tráfico y en especial el maltrato nos enfrenta a la crueldad presente en la sociedad. “Cuando se detectan situaciones de maltrato animal, esto no está aislado de alguna otra situación de maltrato general”, señala.

“Es típico que haya también violencia de género, es una relación muy directa. El maltrato animal es el primer síntoma de un maltrato generalizado que luego se traduce en situaciones violentas y alteraciones mentales, por eso requiere de una intervención multidisciplinaria”, agrega.

Cómo funciona el comercio ilegal de animales, cuáles son las especies más perjudicadas y qué debería suceder para empezar a cambiar la realidad de miles de “seres sintientes” que se ven afectados por la caza furtiva, el comercio despiadado y el maltrato de los humanos. Rolero apunta que existe una creciente concientización de la sociedad, que se involucra y denuncia cada vez más, pero que la ley se quedó muy atrás: “Nadie va preso por estos delitos».

- ¿Qué clase de especies se encuentran en los procedimientos?

Tenemos muchos allanamientos por aves autóctonas o exóticas de este continente y de otros. Las aves es lo más fácil de vender, la gente no asimila que tener aves de distintos lugares puede generar un perjuicio ecológico, al ecosistema y, mucho menos, que puede ser un delito. En general, no tienen internalizado que tener animales puede ser considerado un delito, como el caso del mono o hurones, serpientes… una variedad de animales que mucha gente tiene en sus departamentos o casas. Es un delito.

- ¿Cómo se activan las investigaciones?

Nosotros hacemos allanamientos a partir de denuncias, se ingresa a la propiedad y se constata lo que hay. Y adentro te encontrás con cualquier cosa, por ejemplo, una mujer que guardaba gatos en el freezer y en la heladera. Tortugas, pájaros, conejos, monos, hurones… Todo esto es parte de un comercio que tiene una finalidad económica y un ánimo de lucro, nadie hace esto porque sí o porque le gusten los animales.

- ¿Cómo es el sistema de tráfico en la Ciudad? ¿Cómo es el circuito del comercio ilegal?

Las especies son extraídas de sus hábitats naturales, en distintas provincias según la especie. En general, hablamos de grupos organizados, bandas con distintas conexiones. Todo el circuito es absolutamente ilegal, desde la caza, hasta el transporte, mucho de lo que ingresa a la Ciudad son especies protegidas. El ingreso obviamente es ilegal, incluso para muchas de estas especies el mismo transporte suele ser mortal, es muy complicado porque no tienen ningún recaudo: los meten adentro de camiones escondidos entre mercadería, sin ningún cuidado. Esto ocasiona que muchos mueran en el traslado. Una vez dentro de la Ciudad, lamentablemente encuentran un centro de comercio muy amplio, con gente muy interesada y con recursos económicos para comprar diversas especies. Para ellos no hay registro de que es una actividad ilegal. Ya de por sí, comprar y vender animales está mal. Es una conducta que debería estar prohibida, no debería ser lícito el comercio de animales.

- ¿De ningún tipo?

De ninguno. Al comerciar con animales se fomentan todo este tipo de prácticas. Los criaderos de perros y gatos, y de cualquier especie, están relacionados con el consumo: mientras la gente siga pagando por un perro 80, 90 o 150 mil pesos, va a haber vendedores buscando esa oportunidad. Es más, en la Ciudad los criaderos de cualquier especie no están habilitados, sin embargo es de lo más común escuchar que alguien compró un perro en una veterinaria.

- ¿Cómo son las redes de comercialización?

El volumen más grande no es la venta callejera, como lo era años atrás. Hoy los principales canales, de acuerdo a las investigaciones que hicimos, están en las redes sociales. La venta callejera, como la feria de Pompeya, es de un volumen menor. De todas maneras, seguimos haciendo procedimientos en la vía pública, pero no está el grueso del negocio ahí.

- ¿Qué fue lo más raro que encontraron?

Pieles de yaguareté, que es una especie en extinción. Una piel de esas puede costar 190 mil pesos, pero depende del comprador. Hablamos de gente, en general, de un muy buen nivel adquisitivo que compra estas pieles como una excentricidad. Es muy difícil valuar en el mercado negro cuánto sale una pieza de esas características.

- ¿Se está avanzando en la concientización de este tipo de problemáticas?

Se avanzó bastante, pero la ley que tenemos, la 14.346, es de 1954. Desde entonces, creo que los criterios han cambiado, pero la ley no. Es una gran limitación. No obstante, la valoración de los animales como seres sintientes hoy por hoy tiene bastante consenso. Es un gran avance desde el punto jurídico. Tenemos que apuntar a ampliar esta base de derechos. Nosotros partimos de la base de que son seres sintientes, sujetos de derecho. Los animales merecen protección por sí mismos, no por la relación que tienen con el hombre o por la utilidad que tengan. Antes, la protección estaba ligada a la utilidad para el hombre y ese es el espíritu de la ley de 1954. Hoy, estamos planteando algo distinto. Cuando protegés a un animal, como lo que sucedió con la orangutana Sandra que fue trasladada a un santuario o lo que pasa con Coco, el mono rescatado de una casa en Belgrano, se hace porque son sujetos de derecho y no porque es útil o le brinda satisfacción a un ser humano. Pero bueno, cuesta producir el cambio. No es sencillo.

- Ahí se abre otro tema importante: el maltrato. Antes, tal vez estaba más naturalizado el maltrato y hoy eso parece estar cambiando.

Las personas que ejercen el maltrato no son conscientes, hay un pensamiento muy arraigado que dice: “Si el animal es mío, puedo hacer lo que quiera”. Eso incluye desde el maltrato hasta terminar con su vida. Del otro lado, por suerte hay mucha gente que ya piensa distinto y empieza a valorar las cosas de manera diferente, lo cual nos abre las puertas para intervenir. Nosotros llegamos a partir de las denuncias de personas que ven a un perro en un balcón todo el día, al rayo del sol, sin agua y sin comida o, como en el caso de Coca, una perra que rescatamos recientemente, que estaba encadenada en una terraza, sin comida y lastimada. La gente se involucra y denuncia… sin embargo, cuando llegamos para intervenir, las cosas que tenemos que aguantar. Las escenas que hemos padecido uando llevamos gente detenida por maltrato animal.

- ¿Como cuáles?

Trabajamos mucho con la subestimación. No toda la gente cree que realizar un procedimiento penal o policial por ir a rescatar a un perro, a un gato o a un mono, sea válido. Nos dicen que vayamos a laburar en serio, que salgamos a buscar a los ladrones, entre otras cosas. Todavía tenemos que trabajar mucho al respecto. Al mismo tiempo, tenemos cada vez más voluntarios que nos ayudan con los animales rescatados. En el caso del mono Coco, que requiere una atención especial, es discapacitado porque tiene atrofia muscular, le arrancaron los dientes. No lo podemos dejar en cualquier lado, hay que buscarle un lugar para que se ocupen de él y lo atiendan. Es probable que Coco se vaya a Córdoba, a un refugio acondicionado. Tenemos que ocuparnos de eso, si los sacamos de una situación de maltrato, nos tenemos que ocupar de que no pase por esa situación nunca más.

- ¿Reciben muchas denuncias?

Sí. Todos los días recibimos denuncias, de distinto tenor. La gente interviene y se preocupa cada vez más de las situación de los animales. En todo lo que tiene que ver con el cuidado y el derecho animal, hay grupos activistas con mucha llegada en las redes sociales, entonces enseguida hacen denuncias sobre situaciones de maltrato.

- ¿Qué sucede con las sanciones?

Tanto en maltrato como en tráfico de animales, las penas son muy bajas. La ley establece un año de prisión, lo cual ya establece que nadie va a ir preso porque es excarcelable. Salvo que se acredite la caza furtiva, todo lo demás tiene pena de multa, que arranca en los 70 mil pesos. Es una gran discusión que debe darse a nivel del Congreso Nacional. Nosotros trabajamos en función de una ley, pero evidentemente establece un marco normativo insuficiente para el momento en que estamos. Recientemente en España se votó una serie de reformas y los animales pasaron de ser considerados cosas a seres sintientes. Nosotros deberíamos ir para ese lado.

Fuente: Diario Z.

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