Juan Palomino: en tránsito por el sendero del artista

El protagonista de Maradona: Sueño bendito y Yo nena, yo princesa, vive un presente pleno, en el que el cine y la televisión lo convocan para roles exigentes y potentes.

Con las convicciones y banderas personales como guía, no es casual que Juan Palomino viva hoy un presente con contundentes roles en ficciones que dialogan directamente con esos ideales que expresa siempre que se le pone un micrófono delante.

Y este encuentro con El Planeta Urbano no fue la excepción, porque mientras disfruta de la exposición que tiene a nivel mundial con Maradona: Sueño bendito, que Amazon Prime Video lanzó en simultaneo en 240 países, también vive un buen presente cinematográfico con Yo nena, yo princesa, de Federico Palazzo, que lleva a las salas, de una manera muy simple pero contundente, la historia de Luana, la primera niña trans del mundo en obtener su documento de identidad acorde a su autopercepción de género.

Sobre el contraste entre estos roles, el esfuerzo físico que le implicó encarnar a Diego Armando Maradona en la serie y su férrea convicción de no claudicar ante embates que podrían correrlo de espacios laborales ya ganados, el talentoso intérprete dialogó con nosotros.

“¿Cómo voy a juzgar a un sujeto que es producto de una forma de construcción de la realidad en donde estuvimos involucrados mis primos, mis padres, mis abuelos, y donde el cine y la televisión han sido implacables para seguir manejando los hilos de quién tiene la manija, el patriarcado y el sexismo?”

–En Yo nena, yo princesa, tu personaje tiene una posición tomada frente a la autopercepción de su hija que contrasta mucho con lo que sabemos que significa para vos el acompañamiento de las luchas y conquistas de minorías, por esto, ¿fue difícil ponerse en el rol del padre de Luana?

–Creo que ese padre responde a una métrica que está íntimamente ligada a su formación, a la construcción del varón que responde a varias generaciones, y cuando hablo que responde a una métrica hablo de que fue educado de una forma, en la casa, en el colegio, si era católico, con la religión, y desde el cine, porque el cine se encargó de proyectar modelos masculinos muy anclados en el machismo, en el sexismo, acá y afuera.

Mi personaje en Yo nena, yo princesa está influenciado por todo eso. Yo tengo 60 años y de chico quería ser James Bond, ese era mi modelo, “con licencia para matar”, y las mujeres ocupaban otros espacios y acompañaban al “galán”.

Ese padre no escapa a eso, no comprende el tiempo que le toca vivir, cómo está planteada la agenda ahora. Por lo menos se da la oportunidad de firmar esa autorización, que no lo entienda es otra cosa, como no lo comprenden el personaje de María Onetto, los pastores y sacerdotes, directores de colegios, biologicistas de la ciencia… Y este hombre no escapa a eso.

Yo estoy muy alejado de esa realidad, pero trato de comprender, porque no juzgo a los personajes, como lo comprendo a Diego Armando Maradona, producto de una circunstancia histórica, política, social, económica y cultural.

–¿Es clave para un intérprete no juzgar a los personajes para encarnarlos?

–Eso es fundamental, porque si juzgás a los personajes ya estás tomando partido. Cuando encaro un personaje pienso qué me resuena a mí, qué haría en esa circunstancia. Es como una primera clase de teatro, qué harías vos en esta situación que te planteo: tu hijo dice que se siente mujer, “a la miércoles”, bueno.

Uno como ciudadano, como hombre, como mujer, en esta sociedad, más si está involucrado en el mundo del arte, lo artístico, es mucho más comprensivo, se rodea más de un universo no binario, pero cuando te toca en el aquí y ahora, ahí aparece más el conservadurismo. Creo que ese progresismo que se pregona se plantea de dudas cuando le toca a uno. La clave es ver qué punto de contacto tenés con ese personaje que te tocó interpretar.

“Me pareció que era importante que las nuevas generaciones, que sólo lo conocen a Diego por los memes y el ‘eeeehhhh’, pudieran contextualizar al hombre.”

–Las propuestas a las que te sumás cumplen con cierta función más allá del entretenimiento, dialogan con temas que te interesan. ¿Es algo que buscás?

–Yo creo que los personajes me buscan a mí, y si yo quiero encarar un proyecto no creo que iría por esos lados. De hecho, yo dirigí un documental, Causas, que habla sobre qué significa ser afroperuano en Buenos Aires, para hablar de discriminación.

En el caso de La noche más fría, el Martín Fierro, de Gerardo Vallejos, o Yo nena, yo princesa, de Federico Palazzo, son propuestas que me permiten coincidir con mi mirada del mundo, política, cómo me planto frente a determinadas circunstancias.

Uno tiene la responsabilidad de emitir una opinión, lo siento así, muchas personas no la tienen, y si uno sí, por qué negarla. En el caso de La noche más fría, que habla de la gente en situación de calle, es terrible, porque además hay cada vez más.

–En pandemia esto se acentuó. Además, en la Ciudad de Buenos Aires todo se arregla con cuestiones estéticas, no coyunturalmente.

–Es una ciudad para el 20 por ciento de la población, como mucho. El neoliberalismo plantea eso y nunca va a llegar el famoso derrame, es una falacia. Hay que tener una mirada que pueda percibir lo que les sucede a determinados colectivos, a ciudadanos que quedaron fuera del sistema por políticas económicas, a los desaparecidos y familiares de desaparecidos que fueron secuestrados por medidas económicas o por manifestarse políticamente.

¿Cómo no estar del lado del colectivo LGBTQI+, o del lado de los excluidos, de los “nadies”? Es más fácil hacerse el sonso, el boludo, que defender convicciones, y está bien también ese camino, pero yo me pongo de este lado.

–Imagino el desafío de hacer la serie de Maradona. ¿Creés que a él le hubiese gustado, hubiese estado conforme?

Maradona, que nunca apareció en los sets, seguramente la disfrutaría, porque es poner en carne sentimientos, sangre, una parte de la historia de uno. Debe de ser muy difícil verse reflejado en actores, pero me quedo también con lo difícil de poder expresar algo y al mismo tiempo entrar en la zona del disfrute.

La serie permite disfrutar, emocionarse, entender esa figura en el contexto en que se movió; va a pedir esa atención para acercarnos a la comprensión del sujeto. Y lo hicimos con mucho amor y rigurosidad, y cada uno puso lo que había que poner para entender a ese referente de la cultura argentina.

“Tanto en Yo nena, yo princesa como en Maradona: Sueño bendito tuve que aumentar de peso, tuve que cambiar el cuerpo, tuve que bancarme la mirada de los otros, que la ley de talles no se cumpla y que las personas tengan un modelo que rechaza el exceso de kilos.”

–¿Fue una liberación que la serie saliera al aire? ¿Molesta la caza de brujas que están haciendo revisando cada dato o hecho histórico que se muestra en el relato?

–Pero estamos hablando del peronismo, de un hecho histórico, ya cuestionan en algunos medios si realmente el padre de Diego era peronista. A la gilada, ni cabida; no me prendo en esa. Estoy orgulloso de ser parte de la serie, y cuando la leí me pareció que era importante que todo estuviera contextualizado, principalmente para que las nuevas generaciones, que sólo lo conocen a Diego por los memes y el “eeeehhhh”, pudieran contextualizar al hombre.

Así como también los golpes militares, la represión, la Noche de los Bastones Largos, algo que mi generación, que es la misma que la de Maradona, atravesó. Esto no lo digo para justificarlo en algunas acciones, sino para comprender al hombre en su circunstancia.

Lo mismo con Guillermo en Yo nena, yo princesa, ¿cómo voy a juzgar a un sujeto que es producto de una forma de construcción de la realidad en donde estuvimos involucrados mis primos, mis padres, mis abuelos, y donde el cine y la televisión han sido implacables para seguir manejando los hilos de quién tiene la manija, el patriarcado y el sexismo?

La mujer en su casa, La familia Ingalls, la mujer cuidando a los hijos y el hombre proveedor, un mundo recontrabinario, como corresponde en el imperio americano. Volviendo a la pregunta, para mí fue una aventura hermosa, porque no sólo entrás a investigar qué puntos de contacto tenés con los personajes.

Tanto en Yo nena…como en Maradona tuve que aumentar de peso, tuve que cambiar el cuerpo, tuve que bancarme la mirada de los otros, que la ley de talles no se cumpla y que las personas tengan un modelo que rechaza el exceso de kilos.

–¿Y cómo repercutió en vos esa presión?

–Hay mucha precariedad en algunas miradas, poco cuidadosas y poco respetuosas. Mi experiencia, más allá de la actuación, tuvo que ver con lo social, con cómo me dijeron “largá los postres”, “te comiste un tiranosaurio rex”, “mirá qué gordo que estás, eras tan lindo antes”. Mirá las cosas que me dijeron por no conservar una figura, porque estaba trabajando.

Cuando aparecieron las fotos se blanqueó, pero mirá si yo estaba enfermo; fijate cómo estigmatizan al gordito y a la gordita, o al colectivo marrón. No encontrás muchos ciudadanos actrices o actores que pertenezcan a determinada etnia protagonizando una novela siendo la heroína y el galán o la galana y el héroe. A mí me tocó, pero no hay muchos, y celebro cuando pasa.

CREDITOS:

Fotos: Alejandro Calderone Caviglia @accphoto / Producción: Gimena Bugallo @gimebugallo / Estilismo: Camila Mariani @camilagmariani / Filmmaker: Chanas Scigliotti @chanascigliotti / Agradecimientos: @boliviaonline @galohandmade @cuencamestiza @jackieesuarez

Gentileza: Amazon Prime Video

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