Cine argentino: de sensatez y sentimientos

En tiempos de vorágine audiovisual, la taquilla impone un ritmo en el que las temáticas escogidas deben concordar con una agenda de opciones impuestas. ¿Qué pasa cuando un grupo de realizadores desea ir por otro camino?

Mientras el paradigma del nuevo cine argentino se desmorona ante las conquistas de género y la representación de diversidades nunca antes reflejadas en la pantalla, un grupo de directoras y directores atraviesa este momento con la inquebrantable fuerza de ser fieles a aquello que buscan transmitir cinematográficamente.

Ana Katz, Federico Palazzo y Eduardo Crespo son sólo algunos de los referentes de un movimiento que intenta desequilibrar las bases socavadas del cine argentino, que, víctima de funcionarios y de la economía atada al dólar, transita un momento complicado en todos los sentidos, cuando las plataformas y las series parecieran ser la única salida para concretar proyectos y tener continuidad laboral.

“No estaba en mis planes, no fue algo que preparé de antemano, se dio naturalmente a través de aquella propuesta de Ruido en Colombia, y sí encontré, a partir de ahí, un espacio bastante atractivo para trabajar guiones, con los actores y la puesta, para dirigir y para escribir. En el caso de Terapia alternativa fue mucho tiempo; en el de Supernova, mucho más condensado”, cuenta Ana Katz, actriz, dramaturga, directora, que tras cruzar “el charco” supo hacerse de un nombre rápidamente en el cine y el teatro y ahora dirige a tiempo completo series para grandes plataformas, como Movistar+, Star+ y Amazon Prime Video.

“Estaba muy interesada en poder desarmar ciertos mecanismos narrativos, los más convencionales, que distancian emocionalmente.” (Ana Katz)

Tuve la libertad de trabajar con gente que disfruto escuchar y admiro, por eso mis experiencias fueron atractivas y muy felices. Pero puedo estar cinco años o más con cada guion y lo disfruto así, es un aprendizaje enorme”, analiza la realizadora, que con El perro no calla, filmada a lo largo de los años, llegó a las salas con la seguridad, además, de quien tiene entre manos un relato apasionante, desafiante y profético.

“Estaba muy interesada en poder desarmar ciertos mecanismos narrativos, los más convencionales. Quería poder tener una conexión más emocional antes que de construcción de razonamientos. La posibilidad de contar una historia de vida, o de etapas, a través de sentimientos que la recorrieron en esos momentos. Sensaciones es lo que buscaba”, explica Katz.

Un mundo encrespado

En eso de rodar a lo largo de los años también se identifica Eduardo Crespo, quien en los últimos tiempos, gracias a un trabajo lúcido y delicado, supo transmitir en sus relatos documentales y de ficción una sensibilidad única, que ahora se refleja en su reciente largo, Las delicias, que estrenó en la 34ª edición del International Documentary Film Festival Amsterdam (IDFA).

“Venía filmando desde hacía mucho tiempo, surgió antes de Nosotros nunca moriremos. Tenía ganas de filmar algo, estaba en una búsqueda personal, con ganas de hacer algo en solitario, y esta escuela, que queda cerca de Crespo, Entre Ríos, de donde soy oriundo, siempre me había llamado la atención. Es una película que habla de la compañía, de cómo aparecen las herramientas para que los chicos crezcan, sin mucho adulto que diga lo que hay que hacer, aunque hay profesores, preceptores y una enfermera que un poco los guía”, explica Crespo.

“Tenía ganas de filmar algo, estaba en una búsqueda personal, con ganas de hacer algo en solitario, y esta escuela siempre me había llamado la atención.” (Eduardo Crespo)

Sobre la visibilidad de su obra, el realizador entrerriano dice: “Venimos trabajando desde hace varios años, tal vez encontrando una mirada propia. Uno hace las películas que quiere, sin pensar en el mercado, en qué sirve o en las plataformas, confiando en lo que tiene para contar y en que eso va a interesar”.

En las películas de Crespo los tiempos se conjugan de una manera única con la plástica de las escenas, logrando que el naturalismo atraviese sus relatos. En Nosotros nunca moriremos, además, consiguió plasmar el proceso de duelo de una madre y su hijo, con una mirada particular que potenciaba el relato. “Después de haber presentado Nosotros nunca moriremos en el Festival de San Sebastián quedé seleccionado para participar de la residencia con otro proyecto nuevo, que se llama La gruta del viento, una ficción que se rodaría en 2023 en Italia”, continúa Crespo.

Yo, cineasta

Proveniente de la televisión y el teatro, pero con ganas de continuar su carrera en el cine, en donde probó suerte con El cine de Maite y 4 metros, Federico Palazzo disfruta del éxito de crítica y público por la transposición del relato de Gabriela Mansilla sobre su hija Luana, la primera niña que consiguió, tras un largo recorrido, un DNI acorde a su autopercepción. La historia se hizo conocida luego de que Mariana Carbajal publicara el relato en Página/12, y a partir de ahí todo devino en lo que hoy concluyó en película.

“Entendí que el ego no era algo que tenía que estar adelante. La cámara tenía que ser invisible para que las actuaciones y la hisoria estuvieran al frente, para que pudiera albergar la mayor cantidad de miradas.” (Federico Palazzo)

“Si hay algo que yo deseaba era que, a partir de que se llenaran las salas, este tema fuera algo que se debatiera en familia, y es lo que está pasando. Hay una sensación ambivalente de poder trabajar en lo que nos conmueve y además sentirnos útiles”, comienza Palazzo.

“Entendí que el ego no era algo que tenía que estar adelante. La cámara tenía que ser invisible para que las actuaciones y la historia estuvieran al frente, para que pudiera albergar la mayor cantidad de miradas, produciendo, tratando de lograr un hecho fundamental, que es el de la inclusión de las minorías, el distinto, algo que la condición humana se encargó de tachar”, suma.

Yo nena, yo princesa es una película valiente, que además tiene a la primera actriz niña trans del mundo encarnando a otra niña trans. “Encontramos a Isabella, una niña trans con talento e identidad, que en una enorme medida recorrió la experiencia de Luana, que es un emblema de la comunidad travesti trans. Ella misma me dijo en un encuentro: ‘Yo quiero ser actora para que la niñez sea feliz’.

Cuando me dijo eso me transmitió un universo de cosas, que tienen que ver con la empatía, con un lugar que tenemos que proteger”, dice sobre la protagonista, quien junto al inmenso trabajo de Juan Palomino, Paola Barrientos y Fabián Vena, entre otros, puso el cuerpo y su sensibilidad en pos de una historia necesaria.

Siempre las minorías y los derechos humanos me atraen, me interesa como temática la otra punta del ovillo. Ya tengo una película evaluándose en la Argentina y España sobre la vejez, que es la otra punta del ovillo, para ver qué pasa con esa etapa de la vida, en donde cuando se te cae el almanaque encima te descartan. Es una temática que me conmueve y seguramente la trabajaré en El Audífono, donde un grupo de septuagenarios trabajan para conseguir un audífono para su compañero que se quedó sordo”, concluye el realizador sobre los próximos pasos que dará en el cine.

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