Mancha de Rolando: 30 años en la vida nunca vienen nada mal

… treinta años en el rock, tampoco. La banda oriunda de Avellaneda festeja su trigésimo aniversario con un show a todo trapo en el teatro Broadway. Las críticas, los cambios en la industria musical y la censura política, en la voz de sus cuatro protagonistas.

“Va a ser un festejo muy lindo, los números redondos son lindos para festejar”, dice Manu Quieto para anunciar el show del 20 de noviembre en el teatro Broadway. Mancha de Rolando cumple treinta años de rock, y aunque es consciente del paso del tiempo, aún conserva ese espíritu de rebeldía que lo llevó a formar su propia banda en las calles de Avellaneda.

Corría 1990 cuando tocó su primer acorde en la sala de ensayo de un amigo. “Tenía 16 años y éramos un trío en ese momento: dos guitarras y una batería. No sabíamos hacer música, pero el hecho de estar en un lugar acustizado, con instrumentos reales, haciendo un poquito de ruido, ya nos impactó.”

Varias cosas cambiaron desde ese entonces. Hoy, acompañado de su formación actual (Mati Sobrado en los coros y el teclado, Facu Piñero en la batería y Manu Acosta en la guitarra), se prepara para volver al ruedo después de largos meses sin subirse a un escenario. “Vos me preguntás sobre el primer ensayo y yo recuerdo hasta el color de los instrumentos, pero lo que pasó desde ese momento hasta ahora, no lo sé… La vida. Esto es un renacer del grupo.”

¿Es difícil mantenerse en la industria del rock con el boom de la música urbana de ahora?

Manu Quieto: –No, porque el rock sorteó varias modas. Y no lo digo como si fueran enemigos, los estilos coexisten. Cuando se puso de moda el blues, con Memphis y los Redondos, estuvo buenísimo. Después, vino el rock chabón, el reggae, hubo un paso por el rock stone, el rock uruguayo, se coló la cumbia villera en la época de Menem, apareció la cumbia cheta de Los Totora y Agapornis. Ahora se cuelan estos urbanos a los que no se les entiende mucho. Tal vez por querer trascender en otros países hablan en neutro. O les sale hablar así, no sé.

–Hoy muchas bandas de rock empiezan a colaborar con artistas nuevos: Ciro con Wos, Fito Páez con Catriel. ¿Cómo se llevan con esa música?

M. Q.: –Todo está bien, vos pensá en la famosa anécdota en la que Piazzolla criticó a Charly García y a Spinetta. Charly se enojó, y en la puerta de un banco le dijo: “¿Vos sos Piazzolla? Agarrame las bolas” (se ríen). Se equivocó. Pasa mucho generacionalmente eso de criticar a artistas nuevos. Cuando nosotros recién arrancábamos, había un par de bandas que nos miraban raro. Pensaban: “Ustedes nos vienen a sacar el laburo”.

Sentados alrededor de una mesa repleta de bocados salados, quesos en todas sus variedades, vinos y espumantes de primera gama (cada vez que llega la moza aseguran “no merecer tanto”), los cuatro integrantes de la Mancha reflexionan sobre los tiempos de ahora mientras toman mate.

“Hoy los pibes están desligados de lo que es el género musical. Van mutando los estilos y no hay prejuicios. Antes, si hacías rock y empezabas a mezclar, te miraban como diciendo: ‘¿Y estos qué hacen?’.” Manu Acosta termina la frase y sus tres compañeros asienten. Minutos después, hacen un repaso por los grandes hits de la banda y aseguran que el “antes y el después” llegó después del disco Viaje.

–“Arde la ciudad”, “Donde vamos”, “Calavera”... Qué manera de componer canciones.

M. Q.: –Sí, yo tuve una época, entre 2001 y 2006, en la que debo de haber grabado cien temas. Todavía, de vez en cuando, saco alguno de ahí. Después, durante el gobierno de Macri, tuvimos una época en la que no tocábamos tanto. Estábamos prohibidos, entonces nos juntábamos a hacer catarsis, a llorar y a tocar cualquier cosa. Lo hacíamos como si fuera un juego, pero aprovechábamos para grabar.

–¿Estaban prohibidos?

M. Q.: –Sí, estábamos prohibidos. Algunos directores de medios de comunicación después nos dijeron. Lo que pasa es que nosotros optamos por no acusar el golpe, entonces los tipos creían que no nos dolía. Pero ese es el arte de la guerra, así como también a veces llorás cuando no te duele, para que crean que sí te duele.

–¿Y les dolía?

M. Q.: –Y… Se te curte el cuero. En la generación anterior a la nuestra hubo muchos desaparecidos, hace un par de años vimos a un montón de presos políticos, entonces, que te pasen o no por la radio es un detalle. Pasó, nos sirvió compositivamente y también empezamos a viajar por el exterior. Nos fuimos a Chile, Paraguay, Uruguay, México...

–Hablás de desaparecidos y pienso en tu tío, Roberto Quieto (N. de la R.: dirigente de Montoneros). Sé que te tenía en brazos cuando se lo llevaron detenido.

M. Q.: –Sí, eso fue en diciembre del 75, yo tenía un año y dos meses. Mi mamá me contó que después de ese día, yo me despertaba soñando con ráfagas de ametralladoras a la noche. En mi casa hubo hechos de persecución política, allanamientos, algo que era normal para muchas familias en esa época.En realidad, yo tengo dos tíos desaparecidos: Roberto y Carlos Quieto, que son hermanos de mi papá. De hecho, ese día mi papá no estaba, por eso no se lo llevaron.

De una manera u otra, la música de Mancha de Rolando siempre estuvo atravesada por la política. “Arde la ciudad”, uno de sus grandes éxitos, esconde la alegría amarga del Mundial 78. “Fue el humilde aporte que hicimos a la música popular relacionada con el tema rock y dictadura. En la música, si te dejás llevar, hablás de vos. Obviamente, de una manera poética para que le interese al otro”, dice Manu.

Sin ir más lejos, La revolución de la alegría, el último material discográfico de la banda, también juega con la ironía de un viejo eslogan de campaña. “Es la revolución de la alegría, como esa cosa que se usó en la dictadura, o en el gobierno anterior, esa cosa de apelar a la alegría vacía. Particularmente, el tema “Te hace feliz” se nos ocurrió en un momento en el que había mucha miseria alrededor y gente hablando de la alegría. Nosotros decíamos: ‘Pero, ¿de qué hablan?’”, explica Mati Sobrado.

“Y no me digas, nena, que eso te hace feliz./ Te hace feliz si no te hace nada.”

–Se la jugaron con el nombre.

Mati Sobrado: –A nosotros nos gusta jugar fuerte, nunca renegamos de lo que somos, de lo que pensamos, y si tenemos que decir algo, lo decimos. El título nos representa desde ese lugar.

La tarde transcurre entre guitarras Fender, más comida (ahora llega el momento de lo dulce), fotos y anécdotas (como el recuerdo de un show en la Tribuna Antiimperialista de La Habana, Cuba, o la vez que un viejo integrante de la banda vomitó en el escenario). Manu Quieto no para de moverse, juega con las cortinas de una oficina con vista 360º al centro porteño, agarra una medialuna rellena con jamón y queso y le propone al fotógrafo: “¿Y si sacamos una con esto en el bolsillo?”.

En el medio, promociona el show en el teatro Broadway, invita a todos los que están en la sala y cuenta que la idea es grabarlo para hacer un documental por los treinta años de la banda. Aunque detesta la idea de que el material sea subido a YouTube y no salga en formato físico. “A mí eso me mata, porque hay gente que sigue pidiendo el CD o el DVD.”

–Después de treinta años, ¿cómo definirían a su público?

M. Q.: –El público fue mutando. Ahora lo que veo es que son escuchadores, prestan atención y cantan. Eso te genera otra presión, no sentís lo mismo cuando están saltando o mirando para otro lado.

Facu Piñero: –¿Sabés qué creo? Vos pensá que la banda cumple treinta años. El que los iba a ver cuando era pibe ahora se casó y lleva a su hijo.

Fotos: Guido Adler

Agradecimientos:

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