50 años de "Led Zeppelin IV": La canción sigue siendo la misma

Un disco sin nombres, una portada sin título. O cuando Jimmy Page, Robert Plant, John Bonham y John Paul Jones ejecutaron uno de los grandes planes maestros de la historia del rock.

Las críticas que recibió Led Zeppelin después del lanzamiento de su tercer disco fueron el puntapié inicial para que los cuatro miembros se fueran a vivir a la casa de campo (que también funcionaba como estudio) de Headley Grange, situada en East Hampshire, Inglaterra.

A modo de protesta, Jimmy Page quiso que este nuevo álbum se caracterizara por tener muy poca información y, como respuesta a la mala apreciación de la prensa, que sostenía que el éxito de la banda fue impulsado por la exageración y no por el talento, despojó de toda data al disco para dejar que la música hablara.

Pero si hay algo que caracteriza a la banda inglesa es el aura de misticismo permanente que la envuelve en cada cosa que hace, incluso más allá de sus canciones. En una visita a una tienda de antigüedades, Page y Robert Plant encontraron una pintura al óleo donde se veía un anciano inclinado con palos de madera cargados en la espalda. El guitarrista del traje de dragón amaba el ocultismo y pensó que el hombre se parecía a George Pickingill, considerado por muchos el padre de la brujería.

Además, y continuando con la línea del esoterismo, la imagen también se asemejaba a la carta de tarot del diez de bastos. Plant la compró y la usaron como portada principal del disco, colocándola en una pared de una casa en demolición con edificios modernos por detrás, jugando un poco con las líneas de tiempo (pasado y futuro).

La ilustración del interior fue realizada por Barrington Colby y muestra a un anciano que sostiene una luz para iluminar a aquellos que quieran adquirir conocimiento, también representando a otra carta del tarot, El Ermitaño.

El camino del guerrero

Antiguamente, los símbolos formaban parte de las diferentes culturas como dibujos sagrados y revelaban información de oráculo. Cada uno de los miembros de Led Zeppelin eligió una figura metafísica con la que conectaran para que los representara de manera individual y evitar así poner sus nombres en el disco.

Plant adoptó una pluma dentro de un círculo, como emblema de un escritor. La pluma representaría a Ma’at, diosa egipcia de la verdad, la justicia, la armonía y el equilibrio, y se conecta con los símbolos sagrados de la antigua civilización Mu, enlazando también Lemuria y Atlántida.

El Zoso de Page fue diseñado por él mismo. Algunos creen que lo tomó de Ars Magica Arteficii, el libro del matemático J. Cardan, como una representación de Saturno, planeta que gobierna a su signo solar, Capricornio. Otros lo asocian con Aleister Crowley, un ocultista, místico y alquimista. Lo cierto es que el brujo del rock jamás brindó información al respecto, magnificando el misterio.

John Paul Jones es representado por un círculo sobre tres óvalos entrelazados que parecería haber sido sacado de El libro de los símbolos, de Rudolf Koch, que identifica a la Santa Trinidad. Sin embargo, cuentan que también se utilizaba en la antigüedad para ahuyentar espíritus malignos y tendría estrecha conexión con los rosacruces.

John Bonham seleccionó tres anillos entrelazados, conocidos como anillos borromeos, que también sacó del libro de Koch. Algunos cuentan que este símbolo representaría una versión temprana de la Santísima Trinidad y la relación entre el hombre, la mujer y el niño.

Melodías de antaño


Un áspero rasgueo de guitarra in crescendo abre el lado A del disco con “Black Dog”. El nombre de la canción fue dado en honor a la visita diaria de un labrador negro que se paseaba por la zona de la mansión. Cuentan que el famoso riff fue elaborado por Jones después de escuchar “Smokestack Lightnin’”, de Howlin’ Wolf,mientras que los versos de Plant juegan con unos tintes sexuales para encender el fuego de una historia que nada tiene que ver con un can. El efecto logrado por la guitarra de Page es la combinación de una Gibson Les Paul, un amplificador del micro, compresores de micrófono Universal Audio 1176 y triple tracking.

Sigue “Rock and Roll”, resultado de una sesión jam a partir de una aparente frustración de Bonham cuando trabajaba en “Four Sticks”. Durante esa pausa se puso a jugar con la percusión de “Keep a-Knockin’”, de Little Richard, y el resto acompañó la erupción de la bestia ardiendo. Ian Stewart, tecladista de The Rolling Stones, utilizó la esencia del piano de Jerry Lee Lewis, y Plant aprovechó para responder a los ataques de la prensa que decían que la banda estaba demasiado suave y hacía tiempo que habían dejado de tocar rocanrol (de hecho, el Golden God inicia la primera estrofa con ese mismo texto a todo volumen).

La tríada se completa con “The Battle of Evermore” y un trueque de mandolina y guitarra entre Page y Jones. Era la primera vez que Jimmy sostenía este instrumento y aplicó la técnica de fingerpicking que le habían enseñado cuando era músico de sesión. Sandy Denny, ex miembro de Fairport Convention, se suma a cantar, convirtiéndose en la única vocalista invitada en toda la carrera de la banda, a quien también coronaron con un símbolo en el interior del álbum: tres triángulos invertidos que se unen en el centro. Plant, amante de la historia y la mitología, narra aquí las batallas angloescocesas de los siglos XV y XVI a través de descripciones más simbólicas que tienen atisbos de uno de sus referentes literarios: J. R. R. Tolkien.

La siguiente composición sería la última canción del lado A, pero merece un párrafo (o una nota) aparte, por lo que pasamos directamente al lado B, con “Misty Mountain Hop”: aunque el título es otra referencia a Tolkien y las montañas de El hobbit, la canción remite al acto celebrado en Hyde Park a fines de los 60 por la legalización de la marihuana y la persecución a los hippies por parte de las autoridades locales.

El siguiente tema, “Four Sticks”, fue bautizado a partir de que Bonzo tocara con dos baquetas en cada mano, lo cual produce ligeros mordentes y aporta un sonido que imita a varios percusionistas tocando a la vez. El folk se abre paso con la siguiente canción: “Going to California”, y Jones pasa al frente con la mandolina. Pareciera ser que Plant se inspiró en la cantautora Joni Mitchell aplicando varios títulos de la blonda.

El lado B cierra con “When the Levee Breaks”, una canción escrita y grabada por Kansas Joe McCoy y Memphis Minnie en 1929. La letra describe la inundación provocada por el desbordamiento del río Misisipi en 1927 en la que murieron alrededor de 500 personas y cómo se reclutaron a miles de afroamericanos que trabajaron sin descanso y en muy malas condiciones para construir el dique.

Todo menos la voz de Plant fue grabado en un tempo un poco más alto antes de ser ralentizado, dándole a la guitarra y al bajo un sonido más denso. En el documental It Might Get Loud (2009), Page relata cómo pusieron el nuevo kit de batería adquirido por Bonzo en el hall de entrada de la mansión y amplificaron el sonido a todo el ambiente con micrófonos colgados en altura para captar la onda perfecta. La canción es una muestra del magnífico dominio de producción del guitarrista y de cómo la casa terminó siendo un instrumento más.

Escalera de oro

El cierre magistral de la primera parte del disco es un himno de poco más de ocho minutos; una epifanía con transiciones exactas, una leyenda escoltada por un enigma que se vuelve carne al oírla: “Stairway to Heaven”. El halo espiritual que la rodea es tan particular que curiosamente es la única letra que la banda decidió incluir en el vinilo original.

Jones toca una parte del bajo con un Hohner enchufado a una consola y suma antiguas flautas de madera que ayudan a crear un ambiente de alegoría mágica. En la grabación, Page sale a la batalla con una Telecaster Dragon del 59 que le regaló Jeff Beck, una Harmony Sovereign H1260 acústica y la Fender Electric XII de doce cuerdas, pero es en el vivo que el guitarrista empuña uno de los instrumentos más preciados: la Gibson EDS-1275 doble mástil (con doce cuerdas arriba y seis abajo).

“Cuando era músico de sesión, una de las reglas fundamentales era que no debías acelerar la melodía, y yo estaba ansioso por hacerlo. No sólo desde el punto de vista musical, sino también desde el letrista, por lo que todo ganaría impulso a medida que avanzara y dejaría de ser una pieza monótona”, dijo Page en una entrevista para la BBC.

“Quería armar algo que comenzara con una guitarra bastante frágil y expuesta, y en lo que respecta a la instrumentación, hay grabadoras en la primera parte que le dan un toque medieval, ese fue John Paul Jones. La idea de “Stairway…” era tener una pieza musical que fuera desplegándose en más capas, en más estados de ánimo. La sutileza de la intensidad y la superposición de la composición se van acelerando a medida que avanza”, agregó.

Hace algunos años le preguntaron a Plant cuál era su relación con esta canción y, con la templanza que lo caracteriza, contestó: “No lo sé, es como un pariente mío en alguna parte. Él está junto al mar en algún lugar, se puso las manos detrás de la cabeza y está recostado en la arena y dice: ¡Ámame!”. Cuentan que lo que lo inspiró a escribir la letra fue Magic Arts in Celtic Britain, el libro de Lewis Spence, y, una vez más, El señor de los anillos, de Tolkien.

Sea cual fuere su relación con la canción, en el film The Song Remains the Same, donde se ve una imponente presentación de la banda en el Madison Square Garden en 1973 y, previo a los primeros acordes de guitarra que dan comienzo al tema junto con el sonido de la multitud como base, el Golden God se acerca al micrófono y la presenta diciendo “creo que esta es una canción de esperanza”. Y ahí me quedo.

La partitura de “Stairway to Heaven” es la más vendida en la historia del rock, con más de 1,2 millón de ejemplares, y la canción es considerada una de las más importantes de la historia de la música de todos los tiempos.

La leyenda incesante

La enorme popularidad de Led Zeppelin IV batió todos los récords y fue aún más impresionante considerando que dejaron tanto el nombre de la banda como el título fuera de la portada. Casi como una rebelión ante cualquier mandamiento de marketing tradicional, para demostrar que la gente respondía exclusivamente a la música creada.

Un hard rock puro de los 70 que se funde entre armonías del blues estadounidense y el folk inglés. Letras e imágenes encriptadas que aluden a reminiscencias de historias ancestrales de hechicería y simbología celta. Un disco liderado por los cuatro caballeros medievales de la música que invita al reino de los mortales a un viaje idílico y eterno de sonoridad épica con sólo presionar play.

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