Santiago Motorizado: de la música de Okupas a los 20 años de El mató

En esta entrevista, el cantante y líder del prestigioso grupo platense habla del presente de la banda, sus planes como solista y el trabajo de musicalización para la reedición de la serie.


“Lo que más disfruto en la vida es cantar. No tanto tocar el instrumento porque no soy tan bueno. Sí me gusta tocar con una banda pero el canto es lo que más feliz me hace”, dice Santiago Motorizado y tiene sentido: es una de las voces más reconocibles y reconocidas de rock argentino en estos momentos.

En tiempos de pandemia y confinación, y mientras siguió grabando su esperado disco solista, Santiago terminó la música de Okupas (se estrenó el 20 de julio en Netflix con la repercusión conocida), consistente en una serie de regrabaciones de temas de Él mató un policía motorizado, la banda que lidera, más uno inédito (“La otra ciudad”), agrupados en el EP Unas vacaciones raras. Por su parte, la banda sonora original que compuso para la serie se editará a principios de octubre, y el 29 y 30 del mismo mes la presentará en el Teatro Coliseo (entradas acá)

Sin embargo, los almanaques piden atención: se acercan los 20 años de existencia de Él Mató, el grupo que renovó la escena indie desde el 2004 hacia el presente. Una banda que está más viva que nunca. “La última vez que tocamos antes de la pandemia fue en España: hicimos 15 recitales en 18 días. Fue muy intenso y se agotaron casi todas las fechas. Cada año que vamos pienso que es el año en el que se van a olvidar de nosotros y cada año va mejor. Eso me pone muy feliz”, cuenta el músico. ¿Se puede seguir creando en medio de épocas donde el horror parece inundarlo todo? Santiago Motorizado demuestra que sí.

- A Él Mató le va bien en España y en México. Lugares donde, si bien la música urbana es muy escuchada, son dos territorios donde el rock de guitarras todavía tiene un público devoto.   

- Es verdad eso. Está muy presente. También Inglaterra es un lugar así. En España pasó algo particular con una banda que se llama Carolina Durante con quien grabamos una canción. Tienen un espíritu muy punk rock y la están rompiendo siendo muy jóvenes con público de su edad. Y me llama la atención porque lo logran en un momento donde impera la música urbana. Eso a mí me encanta. No es una competencia con otros géneros, me gusta que exista la variedad. Porque cuando impera un solo género el mundo se achata. Y eso me lleva a pensar que en algún momento el pop rock se va a terminar.

- Ahora pareciera que la innovación viene del lado del pop y la música urbana entró en una meseta natural, digamos.

- El pop siempre estuvo. Es como la música que se mantiene. Incluso la música urbana es una especie de pop. El rock ya perdió su lugar central. Incluso como representante de lo nuevo. Ahora lo canchero es ser un trapero. Por otra parte, es un tipo de música que existe hace 30 años. Lo que siento que falta es un medio que pueda explicar mejor estos fenómenos desde adentro sin tener que usar referencia a otros estilos. Porque ya tienen un peso propio como movimiento culturas y artístico.

- No falta mucho para que Él Mató cumpla 20 años como banda. ¿Qué te surge al pensar en ese número?

- No pienso mucho en esos planos. Pero sí, la banda ya es parte de la historia. En algún punto es una historia paralela, y en algún sentido no. Por ejemplo, la trilogía de eps fue muy potente dentro de esta historia paralela de la música argentina. El último disco, La síntesis O´Konor, quizás se metió en otros lugares, llegó a más gente. Si es que importa eso. Siento que cuando apareció Él Mató pasó algo diferente.

- ¿Cuáles fueron las señales que te mostraron que algo distinto estaba sucediendo?

Nosotros estábamos acostumbrados al circuito under de La Plata con bandas anteriores. Y desde el comienzo sentimos que Él Mató generaba algo diferente. Estábamos contentos y seguros con lo que hacíamos por más que lo hacíamos al tun tún, con pocos recursos, instrumentos prestados y sin dinero.

Pero veíamos que las canciones generaban algo especial, la gente se copaba. Después salimos de La Plata y eso ya era raro. Tocábamos en un lugar llamado Remember, en Capital Federal, y no puedo comprender por qué se llenaba. Lo vivíamos de manera relajada pero a la vez sorprendiéndonos. Pero era porque creíamos en el poder de las canciones.

- Después hubo a partir de los discos una evolución en el sonido por las condiciones en las que fueron grabados. Y pienso también en el vínculo que gestaron con el productor Eduardo Bergallo.    

- Lo primero con Bergallo fue La Dinastía Scorpio. Teníamos un poco de miedo de salir de nuestro lugar de confort que era la grabación casera, con amigos, muy relajado y en tiempo indefinido. Con el low fi en el corazón donde no tenés que preocuparte por detalles sonoros porque así estaba bien. Después llegamos a los estudios ION y el currículum de Bargallo, Soda Stéreo y demás, un poco nos intimidaba.

Él quiso captar el sonido del vivo de Él Mató. La Dinastía Scorpio cierra una etapa que habíamos empezado con la trilogía. Con La síntesis O´Konor hay un quiebre y la forma de producción ya va por otro lado: un disco arreglado más tipo laboratorio. Ahora estamos cómodos en esa dinámica.

- En las letras también hubo una amplificación de materiales y riesgos que fuiste tomando. Sobre todo de expansión.

No sé de dónde viene, quizás son momentos. También es cierto que la trilogía tenía un concepto poético y estético claro y eso hizo que las letras vayan en esa dirección. Y lo que vino después permitió cierta libertad y apertura en nuevas direcciones. Me gustan las últimas letras porque se van a ciertos extremos de pop muy atractivos. Me gusta vivir todas las instancias creativas.

- ¿De dónde sale una letra como la de “El tesoro”?

- Esa canción la terminé de escribir en el estudio. Está mal llegar al estudio sin las letras terminadas. Pero a veces pasa: en la urgencia se te ocurren cosas que están bien. Creo que adentro tiene momentos de ruptura con lo lineal: “el tesoro se está hundiendo” y “es la depresión sin épica”. Y eso por ahí me atrae de esa canción.

- Pero también remiten a un universo visual de la banda. En ese sentido, ¿cómo pasar de ser un fan del cine a trabajar en el armado de soundtracks para cine y televisión?

- Cuando sos muy fan de algo quizás es más fácil pasar a ese universo. Me sentía en mi salsa. Empiezan a aparecer cosas que jamás imaginé que iba a sentir. Ponerle música a una escena es activar una parte desconocida de tu cerebro. Era un sueño. Era como que me entrené para esto sin saberlo.  

- ¿Tu entrada a Okupas cómo se produce?

Bruno Stagnaro me dijo que quería usar algunas canciones de Él Mató en la serie. Yo encantado dije que sí. Un sueño ser parte de un pedacito de Okupas. Y me comentó que tenía que cubrir otras partes de la serie con música original. Yo le dije que me animaba a componer para esos momentos que se corrían del registro de Él Mató. Quería probar y mandarle a ver qué le parecía. Compuse cumbia, tango, mucho folklore, de todo. Finalmente le gustó. Lo mío es un complemento con lo que ya está y tiene su potencia. Es un trabajo en equipo. 

- ¿Cómo se resignfican tus raíces punks con este presente?

Está siempre porque es parte de mi educación y lo voy a mantener para siempre. Incluso a veces choca con el profesionalismo. Igual no sé cuál es la verdad de todo. Es un conflicto mínimo después de todo. Que tiene que ver con la importancia que uno le da a las cosas. Cuando empieza a vivir de la música uno tiene un espacio lúdico y creativo donde surge la idea de romper con cosas, correrse de la zona de confort, explorar otros géneros.

Y si no tenés ese tiempo es difícil acercarse ahí. Me crié aprendiendo a hacer canciones con los Ramones. Pero después empecé a ver a toda la música desde ahí: cómo cualquier artista busca la belleza dentro de sus límites y herramientas. También me pasa que después de hacer música para cine y televisión veo una escena y le empiezo a dar bola a cosas que antes se me pasaban.

Fotos: Guido Adler

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