Lejos de ser un teenager, el actor que sorprendió a la crítica con personajes inolvidables es uno de los mejores de su generación y lo confirma en su última interpretación en El reino. Además, cómo se prepara para Argentina,1985, el nuevo film de Santiago Mitre y Ricardo Darín, y un interrogante: ¿qué tipo de película haría si lo llamara Scorsese?


No voy a preguntarle por Casi ángeles. Ni cómo tapó varias bocas detractoras cuando la rompió hace ya seis años encarnando a Alejandro Puccio en El clan. Sólo quiero saber cómo logra que sus personajes siempre tengan esa cuota de verdad tan difícil de conseguir. Ya sea el ingenuo Nelson de Un gallo para Esculapio; el delirante emperador Gynt; aquel perturbado Alan, cegador de caballos, en Equus, o el Miguelito de El ángel

Algunos dicen que Peter Lanzani, con tan sólo 31 años, es el mejor actor de su generación. Por algo será. Mientras hace una pausa en el rodaje de Argentina, 1985, la nueva película de Santiago Mitre, donde comparte cartel con Ricardo Darín (quien encarna a Julio Strassera) y se pone en la piel de Luis Moreno Ocampo, célebre fiscal del Juicio a las Juntas, disfruta del éxito de El reino, la megaserie de Netflix donde se destaca dentro de un elenco repleto de nombres fuertes, como Diego Peretti, Mercedes Morán, Chino Darín, Joaquín Furriel y Nancy Dupláa. Allí es Tadeo, un hombre bueno que camina entre la mugre de la corrupción, la megalomanía y el poder de la familia Vázquez Pena.

A Pedro le creemos todo.

“En el laburo actoral hay que estudiar, sumergirse en el mundo, hacer una investigación, pero también librarse con confianza a lo que el director te vaya guiando.”

“Este proyecto, para mí, es impresionante por el elenco, lo que cuenta la historia, la factura técnica que tiene y los mundos en los que nos metimos. Siempre es genial meterse en universos diferentes para actuar. Estoy joya, no me puedo quejar”, dice entusiasmado mientras se entrega a esta charla sobre la actuación, la fe, Scorsese y el robo a una disquería.

Hablando de mundos diferentes, pensaba en tu personaje Tadeo, que de por sí ya es un distinto porque forma parte de la familia protagónica y a la vez no pertenece a ese núcleo tan jodido. ¿Cómo hiciste para transmitir eso?

–La verdad es que su familia real es la fe. Tadeo es un hombre piadoso, es un tipo creyente cuyo objetivo principal en la vida es ayudar al otro, darle una mano al que menos tiene. Él confía en lo que hace porque realmente es un hombre de Dios. Después, a lo largo de la serie, vamos descubriendo algunos secretos sobre él. Y también va abriendo distintas puertas que lo llevan a cuestionarse varias cosas en las que está envuelto. 

–Sembrás la desesperación entre los espectadores que aún no la vieron, eso no es de un hombre bueno.

–Ahora hay que agarrarse porque en El reino se viene todo muy pesado, ¡te digo! (se ríe). Hablando en serio, uno de los desafíos más grandes era hablar sobre la fe hoy en día y hacerlo a través de una pantalla, pero el gran acierto de Marcelo Piñeyro y de Claudia Piñeiro es que los guiones son muy claros, vas entendiendo los porqués de cada uno.

En el laburo actoral hay que estudiar, sumergirse en el mundo, hacer una investigación, pero también librarse con confianza a lo que el director, que en este caso también es autor, te vaya guiando. Hay que tener el instrumento afinado para poder tocar las teclas que realmente se necesitan. ¡Somos los maestros del engaño!

–¿Vos decís que hay que ser un poco Loki, el dios del engaño, para actuar?

–(Se ríe) Exactamente, porque uno ya sabe todo lo que va a pasar, pero el espectador no, y eso es lo lindo del oficio. En definitiva, jugás, no queda otra.

“Creo que ni siquiera cobraría por hacer una película de Scorsese, lo admiro muchísimo. Por compartir una película con él y DiCaprio haría cualquier cosa… menos de un narco latinoamericano.”

–Se ve que disfrutás de ese juego hasta en el look del personaje, una especie de Charles Manson del bien, mucha túnica, mucho pelo. Sos muy cinéfilo, se sabe, y sospecho que seguramente habrá alguna inspiración oculta por ahí. Contame.

–Tiene algo de Manson, ¡es verdad! Justo en este caso, obviamente, Manson no es, aunque hay algo del physique du rôle que me quedaría bien, eh. Debería llamarlo a Tarantino para ver si quiere hacer algo nuevo sobre Charles. ¿Sabés una cosa? Cuando leí los guiones, mi mente fue para el lado de una novela: pensé enseguida en Dostoyevski, en Los hermanos Karamazov, porque Tadeo me hizo acorar mucho a Alyosha. En el libro es un chico puro que siempre está en la búsqueda de una verdad, conectado con la fe. Sobrevuela por encima de toda la oscuridad, y aunque se vea afectado por ella, es un hombre bueno.

Acá, el guion está muy bien escrito, y cuando un guion está bien escrito es una biblia. Venía de papeles en los que tuve que hacer personajes históricos, gente que existió realmente, y la verdad es que meterte en un rol que es creación absoluta de su autor está muy bueno. Uno puede aportar otros matices sin atarse a la imagen de alguien que todos conocen.

–Con respecto a los personajes históricos, ¿puede ser que ya te esté viendo con unos rulos muy Moreno Ocampo? Y ahí la pregunta es, ¿cómo encarnás a alguien que fue símbolo de una época en la que ni siquiera habías nacido?

–Puede ser, ¡me descubriste! Estamos ahí, en pleno rodaje. Vivo con mucha responsabilidad acercarme a ese papel y me dejo llevar por el director, soy muy poco de mandarme por donde a mí me parece, prefiero entregarlo todo en los debates que surgen durante los ensayos. Me gusta mucho el período de investigación hasta encontrar el personaje, entenderlo, conocerlo, justificarlo, comprender por dónde pasa emocionalmente.

Conocer el mundo en el que se desenvuelve es esencial. Me interesa tener las herramientas para llegar al set y estar a la altura de algo así. Ya sea en un personaje histórico, como Moreno Ocampo, o con alguien ficcional, como Tadeo en El reino, al que compongo desde cero. Esa búsqueda junto al director es lo que les da la vida a los roles.

Lanzani, genio y figura.

–En esa cocina del personaje noto que la voz ocupa un lugar importante. Ya sea el acento de Nelson en Un gallo para Esculapio, la tartamudez de Tadeo en El reino o ese medio tono de Alejandro Puccio en El clan. ¿Puede ser?

–Sííí, puede ser. Por ejemplo, Tadeo tiene un leve tartamudeo, y esa es una condición que le pusimos al personaje con base en su historia, que vamos descubriendo con el correr de los episodios. Lo propuse y a Piñeyro le gustó. No sé si lo hice de la mejor manera o de la peor, pero lo bueno de este tipo de oportunidades es arriesgarse.

En la vida mucho pasa por lo físico, por la voz, por las emociones, y eso hay que incorporarlo porque, si no, se termina notando. Si estás frente a cámara, te están tomando en un plano corto y tus emociones van por dentro, se ven. Por eso soy tan nerd a la hora de componer mis personajes.

–Estamos hablando de personajes muy íntegros. No quiero hacer acusaciones, pero creo que alguna vez confesaste tus ganas de robar una disquería para llevarte vinilos impunemente. Me gustaría saber cuáles serían porque tengo planeado el mismo asalto.

–¡Uff, qué difícil! Tantos… Pero últimamente estoy escuchando mucho a Piazzolla, me llevaría algo suyo. Igual tendría que mirar, porque viste que con los vinilos también hay algo especial que es el arte de tapa, y quizás aunque no sea de la banda que más te gusta, si la tapa es hermosa te conecta con algún lado. Vengo teniendo un gusto musical bastante amplio a pesar de no ser un entendido. Escucho cosas muy diferentes; depende del mood que tenga en el día trato de ir nutriéndome.

Organizate, te pido. Hacé lista, empezá ahora.

–Vamos anotando: tango, Daft Punk, Parcels. Nacional escucho Bandalos Chinos, Emma Horvilleur, Los Espíritus. También me gusta la electrónica, la música clásica, Gorillaz. Voy cambiando rotundamente siempre.

“Me interesa tener las herramientas para llegar al set y estar a la altura de algo así. Ya sea en un personaje histórico como Moreno Ocampo o con alguien ficcional como Tadeo en El reino, al que compongo desde cero.”

–Conste que te vimos con los Bandalos en ese clip lisérgico pop de “Dije tu nombre”.

–Los Bandalos son muy amigos míos. Los admiro muchísimo como artistas y hay algo de la música que es un cable a tierra inexplicable. Quizás conectás con un idioma que no conocés y aun así hay algo que traspasa a tu espíritu. En eso se parece a la actuación y es lindo pensar qué música podría escuchar cada uno de los personajes.

–Como los protagonistas de esta serie serían unos Buenos muchachos, necesito que para terminar hablemos de tu ídolo, el gran Martin Scorsese. Si mañana llama y te dice: “Pedro, pensé en vos, ¿qué película hacemos?”, ¿qué contestás?, porque charlamos mucho de Dios pero primero viene Scorsese.

–¡Totalmente de acuerdo! Sin saber qué me viene a plantear, a Scorsese ya le digo que sí, creo que ni siquiera cobraría por hacer una película suya, lo admiro muchísimo. Por compartir una película con DiCaprio y Scorsese hago cualquier cosa… menos de un narco latinoamericano, porque si no nos estereotipan mucho. Después, agarro lo que venga. ¡Uno de sus gánsteres italianos, un Taxi Driver! Sería increíble. Scorsese es maravilloso, maravilloso, maravilloso. Así, tres veces.

Fotos: Sebastián Arpesella