Axel Fiks: el amante del amor que se inspira en Sandro y reivindica el romanticismo

De la nueva generación de músicos se desprende este inquieto, explorador y curioso joven que actualmente se encuentra presentando su último single, “Goma”, en donde se pone en la piel del Gitano y trae de vuelta la atmósfera de los 70.


“Cuando el cielo quiere salvar a un hombre le envía amor”, escribió el maestro oriental Lao-Tse, allá por el siglo VI a. C. Parece ser que a Axel Fiks lo inundó de él o, por lo menos, de la capacidad de componer canciones románticas en un tiempo en el que, lamentablemente, parecieran estar extinguiéndose. Con tan sólo 23 años, Fiks es un artista que se mueve entre todos los estilos, sin encasillarse en ninguno, creando el propio.

Las melodías acústicas, lo soulero, el pop y hasta el beatmaking (uno de sus temas más escuchados es el Bizarrap Music Session ft. Paco Amoroso) forman parte su frondoso abanico musical, que atrapa e invita a seguir escuchándolo. En 2020 iba a tocar en el Lollapalooza, pero sus planes se vieron frustrados por la pandemia.

Usó ese tiempo para escribir y componer, y el 3 de septiembre estrenó su primer disco de estudio, Amante moderno. “A través de la música saco cosas que quizás no me atrevo a contar, me dan vergüenza o siento que, si las digo, me van a criticar. Entonces tomo todo lo que me pasa y lo hago canción”, confiesa el joven cantautor. 

–Tus dos últimos videoclips son una misma historia contada en dos partes en donde recreás, de alguna manera, a Sandro. ¿De dónde surge esa idea? 

–En el primero (“Vengan a casa hoy”) me secuestra una mujer grande que representa a una de las nenas de Sandro, porque necesita llenar el vacío que dejó su ídolo. En el segundo (“Goma”) ya soy su toy boy, me tunea como el Gitano y directamente me creo él. La idea fue de los Renderpanic, que son un dúo de directores muy capos. El concepto de Sandro me había venido un poco antes, en una gira que realicé por Mendoza, San Juan, Córdoba, Rosario y Santa Fe, con un formato acústico.

Era muy chistoso lo que sucedía con el público: cantaban y agitaban un montón, la mayoría eran voces femeninas, porque mis letras son muy melosas, y pensé: “¿Quién, de mi generación, está escribiendo música de amor hoy en día en la Argentina?”. No hay nadie, y se me vino Sandro a la cabeza. Con esto no estoy diciendo que sea su sucesor ni mucho menos, es sólo un disparador.

–¿Qué es lo que más te cautiva de él?

–Lo que generaba en la gente, esa adoración que le tenían y que él recibía siempre desde un lado humilde. No era un chabón ególatra adicto al aval de todos: era un ida y vuelta de amor. El tipo cantaba todo afectado, sollozaba entre verso y verso, la re sentía. Nunca más volvió a suceder un fenómeno así. Desapareció el gran cantor de amor, y me gustaría andar por esos caminos.

–¿Salirte un poco de la escena musical que predomina hoy en día y reivindicar la canción de amor tiene que ver con lo que querés contar?

–Sí, creo que naturalmente es lo que me nace. Si estoy triste, solo o si hay algo que no me atrevo a decir, me siento a escribir. Tal vez suene un poco infantil, pero en 2018, cuando saqué un mixtape, algo así como mi primer disco experimental, hubo un tema que se llamó “Mili”.

Yo había salido con una chica y me había gustado mucho, le hablé de que estaba por sacar un disco, nos íbamos a ver y me colgó para siempre. La pasé re mal. Tenía un beat que había hecho, tomado de un simple de piano de Bill Evans, que era re sentido, y armé el tema. Lo puse primero con la esperanza de que, no bien pusiera play, se diera cuenta de que era para ella.

–¿Y lo escuchó?

–Sí, como cuatro meses después, pero lo escuchó (risas). Me contactó diciéndome que acababa de poner la canción y que no podía creer que hubiera sentido todo eso, que no se había dado cuenta y me pidió perdón. Quedó todo bien.

–Componés, escribís, producís, cantás… ¿De dónde sale todo ese bagaje?

–Me gusta mucho escribir. A producir empecé de chiquito, escuchando hip-hop. Siempre me gustó la idea del sample, esta cosa de hacer un collage, de escuchar diez discos de los 60 por día y encontrar un pedacito, llevármelo y pegarlo en mi canción. También mi vieja me apoyó y me ayudó mucho; cada vez que yo la dudaba un poco, me insistía para que estudiara música, practicara con la guitarra, que tuviera cierta disciplina.

–Sos superecléctico y muy personal a la hora de hacer música, ¿cuáles son tus referentes? 

Mi favorito es Prince, en cuanto a todo: música, estética, el hecho de que mantenía su vida privada, privada. Me encanta la actitud que tenía para crear y ponerse en frente de todos, creyendo a full en lo que hacía, sin importar lo que pudieran decir. El chabón usaba tacos, se maquillaba, se ponía animal print, jugaba con la ambigüedad sexual, era un distinto. Después me gusta mucho el soul viejo, Erykah Badu y D’Angelo.

–¿Qué es lo que más disfrutás de este arte?

–Lo mejor es que alguien se sienta identificado con alguno de mis temas. Eso me sirve para entender que no estoy solo en este sentimiento, que por momentos me parece exagerado, dramático y un poco goma. Si alguien me escucha y puede llorar, cantar o bailar con una canción mía, tan mal no está lo que me pasa. Disfruto de que lo que hago le llegue a la gente.

–Próximamente se vienen tus recitales, ¿ya tenés fechas?

–Estoy cerrando una pequeña gira que va a incluir Córdoba, Mendoza y Santa Fe, y también quiero hacer un lindo show acá en Capital para la presentación del disco; eso va a ser más para fin de año. Primero quiero que gire unos meses, para después traerlo acá y tocar en vivo, con una banda.

–Leí en algunas notas que te atrae el tema de la espiritualidad. ¿Qué puntos te atrapan más? ¿Lo usás para componer, para tu vida cotidiana?

–Siempre me interesó mucho esta cosa de trascender, los otros planos, la humanidad. Un tema que me apasiona es el ego. Hay un tipo ruso que me encanta, que lo aborda muy bien, se llama George Gurdjieff. Se pasó toda la vida viajando, de pueblo en pueblo, predicando, entre comillas, su conocimiento y la evolución espiritual. Tiene una lista de 82 consejos, que son pequeños aforismos que sirven para pegarlos en la pared, levantarte todos los días y recordarlos.

Algunos son: “Desarrolla tu generosidad sin testigos” o “Cesa de autodefinirte”. Ese me encanta, porque cuando te etiquetás no te permitís crecer. Todas estas cosas me re formaron cuando era adolescente. Me gusta mucho aplicarlas en la vida cotidiana para nutrir el alma: te hacen ser mejor persona y artista.

Texto: Sarah Giral

Fotos: Guido Adler

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