El mundo del periodismo se paralizó cuando, en mayo de este año, el Presidente le concedió la primera entrevista a un youtuber. Quién es El Cadete y cómo explica el fenómeno de los políticos en las redes sociales. 


“Definitivamente, El Cadete Pedro Rosemblat explica y analiza mejor que nadie la triste realidad argentina. Es maravilloso su poder de síntesis”, tuiteó allá por abril de 2019 el actual Presidente de la Argentina. En ese entonces, el Gobierno de Mauricio Macri estaba llegando a su fin y Alberto Fernández aún no sabía que ganaría las elecciones ocho meses más tarde.

Lo que sí ya veía era la capacidad de intervenir en la política del comunicador, humorista e influencer Pedro Rosemblat (aunque él mismo se define como un “orador especialista en motivación” en su cuenta de Instagram, donde tiene casi 370 mil seguidores). Debe de ser por eso que, el 27 de mayo pasado, las luces se encendieron en la Quinta de Olivos y Pedro se convirtió en el primer youtuber argentino en entrevistar a un presidente (nada más y nada menos que en una charla de una hora y media vía streaming).

Más de 92 mil personas se unieron del otro lado de la pantalla y sus followers en YouTube superaron los cien mil. Con 31 años, una larga trayectoria en la militancia y también en la comunicación (empezó en Twitter como Pibe Trosko, llegó a la televisión como El Cadete de Navarro y hoy conduce el programa radial Patrulla perdida y dos ciclos en YouTube: Esta Semana en SpringfieldSaliendo que es eléctrica), sabe que siempre ocupó un lugar “medio fronterizo” entre los nuevos medios y los más tradicionales.

“Me siento bien con ambos y creo que los dos van a seguir por mucho tiempo. Quizás uno está en ascenso y el otro está en descenso, pero no creo que la televisión esté próxima a desaparecer ni tampoco creo que YouTube ocupe el lugar que ocupó Telefe. Vamos camino a algo nuevo.” 

–Sos comunicador y humorista, pero todo lo que hacés tiene que ver con la política. ¿Te ves ocupando un cargo?

–No, la verdad es que no. No es que no me interesa, pero miro para adelante y no me veo. Tampoco me veía en un escenario y sucedió, digamos. No niego que pueda pasar, porque la política está yendo a buscar representaciones por fuera de la política institucional. “Este pibe tiene muchos seguidores, metámoslo para hacer tal cosa.”

–A eso quería llegar. ¿Las redes sociales cambiaron la forma de hacer política?

–Me parece que todavía no. Quizás estamos camino a eso, o quizás estamos viviendo ese proceso y yo no puedo darme cuenta. Te digo que todavía no porque pienso en las personas que cortan el bacalao en la política argentina y no están intervenidas por la dinámica en las redes: ni Macri, ni Cristina, ni Massa, ni Máximo Kirchner, ni Axel. Tienen redes sociales, obviamente, pero las redes sociales no cambiaron su forma de hacer política. 

–También lo tenemos a Larreta en TikTok.

–Sí, claro, creo que cambió la manera de comunicar la política, pero no cambiaron las dinámicas. Igual, mientras te digo esto me acuerdo de que Ofelia Fernández es legisladora y probablemente sin las redes sociales no hubiera podido llegar a eso, porque no se paseó por los canales de televisión para ser legisladora.

Tuvo un recorrido mucho más silencioso al ojo de los medios tradicionales, pero no sé si hay cinco dirigentes del Frente de Todos que tengan más seguidores que ella. Para no ser tan tajante, no digo que nada cambió, sólo no me como el verso de que, manejando Facebook, uno maneja la política. 

–¿Y por qué creés que Alberto Fernández accedió a una entrevista por tu canal de YouTube? 

–La verdad, es una pregunta que me hago (se ríe). Me pregunto si quiso tener una charla por fuera de la dinámica de la televisión, si vino porque consume lo que hago o si tuvo la intención de dialogar con el público que me sigue. Quizás empieza a haber un sector de la política que entiende que a través de los medios tradicionales no se le llega a la juventud con la misma fuerza con la que se les llega a otras franjas etarias. Ahí sí hay un cambio radical. 

–Contame cómo fue que le propusiste estar en el programa. Vos lo conocés desde hace mucho tiempo. 

–Sí, Alberto es una persona muy accesible, y lo era mucho más antes de ser presidente. Un domingo a la mañana me llamó… 

–Te llamó Alberto. 

Me llamó Alberto, porque estaba mirando YouTube. Empezamos a conversar de cómo los pibes consumen YouTube o Twitch y yo le conté cuál era mi público. Lo bueno que tienen esas plataformas es que uno puede tener una radiografía muy precisa de quién es la gente que lo mira. Yo sé qué porcentaje de mi público tiene menos de 18 años, qué porcentaje vive en Capital, a qué hora se conectan, cuáles son sus intereses, todos esos datos están al alcance de la mano.

Con Alberto hablamos de esto y me preguntó si había alguna manera… Yo no sé si cuando me llamó ya estaba pensando en la nota o si fue algo que sucedió después de la charla. Creo que está bueno que la política tenga espacios para expresarse por fuera de la dinámica de la televisión. 

–Que no sea todo una carnicería. 

–Totalmente. Los medios tradicionales se arrogan la potestad de ser intermediarios entre la política y la ciudadanía, y durante mucho tiempo lo fueron, pero hoy ya no es tan así. La política no tiene que ir a la televisión para llegar a la ciudadanía. Bolsonaro está peleado con todos los canales de televisión, hizo campaña en redes y ganó, por eso lo odian los medios. Y acá puede pasar algo similar.

Cristina no va a la tele y nadie puede pensar que está lejos de su electorado, porque escribe un tuit y todos hablan de eso. Esto quizás contradice la pregunta que me hiciste hace cinco minutos sobre si las redes cambiaron la forma de hacer política, pero no. Creo que cambiaron algunas formas de comunicarlas, no de la construcción política en sí.

 –Los periodistas de medios tradicionales lo criticaron mucho a Alberto después de estar en tu programa. ¿Te sorprendió o lo esperabas?

–Me lo esperaba, porque ellos son muy predecibles y no controlan su enojo. Si yo fuera Majul o Feinmann y miro en dónde estoy parado yo y en dónde está el pibe al que estoy criticando, no le dedicaría ni un minuto. El grado de influencia que tengo en comparación a ellos es muy poco. Sin embargo, a ellos les molesta que se les escape parte de la discusión política, que pase por otros canales a donde no llegan.

En el caso de Feinmann, además, parte de una profunda ignorancia, porque él en su chicana dijo: “¿Ustedes se imaginan a Biden con un youtuber? ¿Se imaginan a Macron con un youtuber?”. Y, la verdad, sí, ambas cosas pasaron. Es algo que está pasando, porque los espacios que ellos ocupan no alcanzan a toda la sociedad, y eso les molesta. Hoy los pibes de 18 años no se toman en serio a Majul.

–¿Qué pasa con los periodistas de siempre y las nuevas formas de comunicar? 

Hay como un ímpetu de la nueva generación de comunicadores, de pensar que los vamos a jubilar a todos. Ojalá pase, pero prefiero pensar que vamos a tener que esforzarnos más. Justo en el caso de ellos dos, creo que se acostumbraron a una dinámica televisiva en la cual están muy entronizados. En las redes putean a todos, y a Majul nunca le pasó eso, terminar su programa y que alguien le diga: “Sos un tarado”. No logran adecuarse a esa nueva dinámica en la cual su voz puede ser cuestionada. 

–Ahora que lo entrevistaste a Alberto, ¿te gustaría entrevistar a Cristina? 

–Para mí sería un sueño, pero creo que Cristina no necesita de nadie para llegarle a la gente. Si le quiere llegar a la juventud, le llega, y si quiere dar un mensaje para todo el país, lo da. Entonces, si eso sucede, es casi porque me hace un favor. 

–¿Qué le preguntarías?

–Cristina dijo hace poco que vamos a volver a ser felices. Le preguntaría cuándo y cómo. 

Fotos: Karim Fortunato.