¿De qué se trata la tendencia que pone en jaque a la moda “incómoda” y combina a la perfección piezas deportivas con otras más sofisticadas?


La pandemia nos acompaña desde hace más de un año. Cuando creíamos que la cuarentena iba a durar apenas un mes o, incluso peor, una semana, nada en nuestra forma de vivir cambió. Al principio, nuestros hábitos eran los mismos, la única diferencia era que nos encontrábamos en un «stand by» al que a cada día se le agregaba otro. 

Paradójicamente, no se estableció un descanso eterno. El ser humano necesita estar en continuo movimiento. Sin voluntad de que aquel estado de encierro se transformara en nuestro modo de vida a futuro, comenzamos a realizar nuestra rutina diaria dentro de nuestros hogares: trabajo, cursos, yoga, deporte, citas, terapia, reuniones con amigos. Comenzamos a existir del torso para arriba.

La prioridad estaba en el bienestar. En momentos críticos, el ser humano busca sobrevivir. Estar en casa nos obligó a frenar, generó en todos un deseo por encontrar la comodidad incluso en actividades en las que nunca antes creíamos que lo íbamos a lograr. Entonces, la rutina y el descanso se fusionaron. Desapareció la necesidad de llegar a casa y sacarnos aquel jean apretado o aquellos zapatos incómodos. ¿Por qué usar prendas que nos molestaban? 

Sin embargo, para muchas personas, especialmente para aquellas que disfrutamos de armar un outfit y nos pasamos un día entero pensando en cómo combinar nuestra camisa preferida con las botas que tanto nos gustan, tampoco era viable pasar todo el día con la ropa con la que habíamos dormido.

Así, adoptamos la nueva normalidad y los leggings. El aislamiento se hizo cada vez más flexible, abrieron bares y restaurantes, y mientras, en el mundo de la moda se habilitaron mil y una maneras de vestir. No olvidamos cuando Mark Parker, CEO de Nike, comentó: “los leggings son el nuevo denim”. Tenía razón.

Muchos creen que el famoso “athleisure” nació con la pandemia, sin embargo, es un estilo que surgió a comienzos de 2014 de la mano de las celebrities que residían en Los Ángeles y de diseñadores como Alexander Wang y Stella McCartney, que llevaron la ropa deportiva a las pasarelas (también vimos la colección sport de Beyoncé para Topshop, la dirección creativa de Puma a cargo de Rihanna y el trabajo de Alicia Keys con Reebok). 

Pero durante mucho tiempo, para nosotros, los “no celebrities”, no parecía lícito usar unos leggings en conjunto con un blazer y una cartera de diseñador. Combinar la indumentaria deportiva con la ropa de lujo era el derecho de unos pocos. 

Las palabras que componen el término son: athletic (atlético) y leisure (ocio), y la nueva normalidad habilitó el derecho a vestirlo. Hoy, todos somos parte de la misma realidad. Desde que pusimos el foco en nuestro bienestar y la necesidad de sentirnos bien incluso realizando actividades que no requerían ropa cómoda, comenzamos a vestirnos para nosotros. 

Se puso en jaque la idea de “la moda incómoda”, no porque haya dejado de existir, sino porque ya no había ninguna necesidad de cumplir con las reglas que desde antaño invadían las tapas de las revistas. “El cambio comienza desde adentro”, dicen, y así lo fue. Entonces, ¿existimos del torso para arriba? Claramente no, pero qué importante es enriquecer esa parte del cuerpo, especialmente la cabeza y los hábitos que nos priorizan a nosotros mismos. 

Las reglas las hace cada uno y gana el más arriesgado. En la Argentina, infinita cantidad de marcas tuvieron que reinventarse y usaron el athleisure de comodín. Nada podía salir mal si lanzaban un jogging con un poco de diseño, unas sneakers para poder combinar con un trench y una “hobo bag”. Más allá de que las marcas comenzaron a elegir prendas que se adaptaban cada vez mejor al público que se inclinaba por un estilo athleisure, surgieron otras cuyo concepto de base priorizó la comodidad. 

Marcas nuevas, lideradas por personas que tuvieron como norte el deseo de volver a encontrarse con una normalidad que no perdiera de foco la vuelta de tuerca que propuso la pandemia.

Hace ya casi un año, NYRB (Not Your Regular Basics) se posicionó como una marca de básicos no tan básicos y abrió el juego a la moda sin reglas. ¿Cómo? Apostando al público. NYRB apuesta a básicos atemporales porque hoy la moda no tiene límites. Musculosas en invierno y básicos para ir a los eventos más formales, ya no nos dicen con qué reglas jugar, las reglas las hace uno y NYRB entendió a la perfección que la moda ya no existe sino que es una forma de vivir. 

Y vos… ¿te animás a vivir el athleisure?