Junto a su madre, el histórico baterista de Nirvana y actual líder de Foo Fighters, Dave Grohl, emprende un recorrido por la importancia de la relación materna que tienen grandes artistas del mundo de la música. Dan Reynolds, Pharrell Williams y Miranda Lambert, entre otros, relatan sus vidas.


“Te amo, ma. Pero, bueno, vos no me digas ‘te amo’ porque la gente se piensa que soy un gánster”, le dice Duki a Sandra, su madre, en el segundo episodio de Fideos con Duko, el show de entrevistas que la superestrella del trap local tiene en YouTube. “Él siempre me dice que me ama. Es un dulce”, responde, embelesada, Sandra. Y la escena comprime una dosis justa de intimidad y curiosidad: la situación es doméstica, pero también extraordinaria. Entretanto, sobre ese nudo de sensibilidades se expande un proyecto más grande y más ambicioso: From Cradle to Stage, una serie documental que revuelve emociones e historias a propósito de la relación entre los artistas y sus madres.

Por caso, el rock nunca se preocupó por ocultar su devoción natural por las figuras maternas. Más bien, todo lo contrario: se enfundó en mil odas cariñosas, oscuras, complejas, devocionales, agradecidas, tristes y geniales. En nuestro país, basta recordar a Sandro con “Pobre mi madre querida”, a Gustavo Cerati con “Zona de promesas” o al mismísimo Pappo con “Mi vieja” y su inoxidable: “Nadie se atreva a tocar a mi vieja/ porque mi vieja es lo más grande que hay”. Y en el plano mundial se destacan Elvis Presley con “Mama Liked the Roses”, Queen con “Mother Love” o John Lennon con “Mother”. Y tantos otros, tantos más.

En ese sentido, la serie documental From Cradle to Stage, producida por MTV y disponible en la plataforma Paramount+, pone en el centro de la escena la relación de Dave Grohl, histórico baterista de Nirvana y líder de Foo Fighters, con Virginia Hanlon Grohl, su madre. Y aprovecha el envión –y a sus anfitriones, claramente– para conseguir algunos invitados de peso, como Dan Reynolds, de Imagine Dragons; Pharrell Williams; Miranda Lambert; Brandi Carlile; Tom Morello, de Rage Against the Machine; Geddy Lee, de Rush, y, obviamente, a sus respectivas mamás.

Basado en el libro homónimo publicado en 2017 (traducido por este lado del planeta como Desde la cuna al escenario), en el que Virginia Hanlon Grohl entrevista a las madres de medio mundo (de Dr. Dre a Michael Stipe, de Amy Winehouse a Adam Levine), se yerguen aquí, en esta versión televisiva, distintas vicisitudes de la vida de los artistas. Y en ese embrujo, algunos secretos de su formación, del paso del tiempo y del salto –marciano, indómito, raro, rarísimo– de los sueños al éxito.

“Chicos, no dejen que nadie les diga que no pueden hacer algo con la música. Amamos a nuestros padres. Queremos que nuestros padres entiendan que la música nos puede llevar lejos”, sacude Pharrell frente a un auditorio de jóvenes, en un pasaje del segundo episodio de la serie. Hay angustias, hay reproches. Hay engaños, hay venias. Hay madres posesivas, madres creyentes, madres que confían. Hay hijos que son un desastre, que son prolijos, que son talentosos y a los que, hoy, con el diario del lunes, el tiempo les dio la razón. A ambos, por supuesto: de eso se trata todo esto.

“Creo que la relación entre un músico y su madre es muy importante porque es la base de su comprensión del amor, que seguramente es la musa más grande de todo artista. Tener la oportunidad de viajar por los Estados Unidos y contar la historia de estas increíbles mujeres detrás del telón no sólo arrojó algo de luz sobre la música que inspiraron, sino que también me hizo apreciar el amor de mi propia madre, mi mejor amiga. No hace falta decir que todos estamos en deuda con las mujeres que nos han dado la vida. Porque sin ellas, no habría música”, confiesa Grohl.

Con un notable material de archivo (todos los videos cronológicos de, por ejemplo, la familia mormona de Dan Reynolds en Las Vegas son una exquisitez absoluta; quizás, lo más alto de la serie), momentos crudos (la angustia de Mary Weinrib, mamá de Geddy Lee, a propósito del Holocausto; la tensión racial de los vecindarios del Midwest en el episodio dedicado a Tom Morello) y una perspectiva interesante (si hay mamás, hay guardias bajas), From Cradle to Stage mantiene un fino hilo invisible que una todas las historias con la espiritualidad. Y muestra cómo Dios, de alguna manera, también forma parte de la centralidad familiar estadounidense. Y cómo las madres son, de alguna otra manera, una especie de dios.

A lo largo de cada episodio, los artistas comparten cómo sus madres los inspiraron en el cumplimiento de sus metas. Y el punto de vista de las madres convierte a From Cradle to Stage en un must verdaderamente entrañable. Con honestidad, ternura, cringe y mucho mucho humor, la serie se desplaza cómoda armando el rompecabezas con cada una de esas vidas destinadas a no parar de crecer.

Usando fotos (sí, hay mucho de escuela secundaria, imágenes insólitas y retratos del cole), registros de la infancia (cumpleaños, juntadas con amigos y convites familiares) e historias antiguas contadas por sus protagonistas (y sus cercanos: parentelas, socios, vecinos y hasta un encuentro de Dave Grohl con un director del colegio), la serie comprime una idea lateral de la configuración mental y amorosa de los artistas.

Con este trabajo, Dave Grohl termina de convertirse en un documentalista de fuste, mostrando un catálogo cálido que también posee a What Drives Us (película/historia de amor sobre músicos que viajan a través de su país para tocar acá, allá y en todos lados) y Sound City (documental sobre los estudios de grabación Sound City Studios, en los que Nirvana grabó en 1991). Y, evidentemente, hay algo en Dave Grohl que hace que los espectadores se queden cómodos con él: es lo suficientemente rockstar como para adorarlo (claro, se trata de uno de los hombres más importantes de la revolución grunge detrás de Kurt Cobain) y, encima, no fanfarronea ni un poquito.

Asimismo, devela su costado más agradable y siempre anda con los pies en la tierra. Mientras tanto, como entrevistador, se muestra interesado en la vida de las personas y en escarbar en sus principales influencias musicales. De hecho, se sonroja cuando lo ponen en el lugar de ídolo y hasta se permite “fanear”, como en esa conversación que tiene con Pharrell Williams donde le ruega saber cuáles eran los nombres de las bandas iniciáticas del líder de The Neptunes y N.E.R.D., dando como moneda de cambio las suyas.

A la sazón, otro de los puntos altos de la serie es la relación fluida, cercana y cándida entre Dave y Virginia, quienes durante todos los episodios, en distintos intersticios hogareños y viajeros, van revelando algunas confesiones de una adolescencia llena de ruido, drogas, discos insólitos y bandas que no funcionaron del todo. Vuelan risas, llueven emociones.

Así las cosas, From Cradle to Stage entrega una oportunidad única para conocer más (y mejor y distinto) a algunos de los más grandes músicos de los últimos años. Y en la intimidad, la fascinación por hurgar en secretos jamás contados. Y en la contraseña “mamá”, la más noble de las venturas. Y, lógicamente, con las madres en medio, casi no hay nada que los artistas puedan chamuyar, exagerar o fantasmear: todos quedan desnudos ante la mirada de quienes los llevaron en sus vientres, el primero de los hogares.